jueves, 13 de agosto de 2015

En la piel de Grey - Capítulo 28.2 - ( Fans de Grey )

Si sólo la hubieras usado, si sólo la hubieras dicho en voz alta. Si sólo hubieras entendido todo bien desde el principio, que no se trataba de una obligación ni una imposición, sino del juego del placer.

- Podríamos habernos ahorrado todo este sufrimiento.

- Pues parece que tú estás bien –me desafía.

- Las apariencias engañan, Anastasia –los últimos días han sido un infierno para mí también. –Me dijiste que nunca te irías, pero en cuanto las cosas se pusieron feas, cogiste la puerta y te fuiste.

Con los ojos como platos vuelve todo el torso hacia mí, las señales corporales apuntando a una capitulación.

- ¿Cuándo te dije yo que nunca me iría?

Aquella noche, aquel sueño. Te quiero, no me iré nunca. Aquella noche que en voz alta dio rienda suelta a sus sentimientos por mí, ignorante de que la escuchaba. Aquel sueño que tuvo y que nunca me atreví a contarle por si la magia se quebraba. Entonces creí que era frágil, ahora lo sé.

- En sueños. Creo que fue la cosa más reconfortante que había oído en mucho tiempo –tal vez en toda mi vida- Anastasia. Y me sentí relajado.

No sólo relajado. Me sentí seguro, confortado, acompañado. Sentí que toda la soledad de una vida de apartar a todo el mundo de mi camino había desaparecido para siempre. Sentí que alguien volcaba su existencia en mí, que yo merecía la pena. Que yo no era alguien para abandonar en un salón, comiendo guisantes congelados. Que no era un niño al que fallar, muriendo.

- Dijiste que me querías –insisto, sin poder creer que las cosas hayan cambiado en las últimas semanas-. ¿Es que eso pertenece ya al pasado?

- No, Christian. No.

- Bien –y el aire vuelve a fluir en mis pulmones.  Un camarero fugaz deja la comida en nuestros platos, y se marcha.

- Come.

Pero ella mira el plato, las manos aún sobre el regazo, ligeramente encorvada hacia delante.

- Que Dios me ayude Anastasia. Si no comes, tendré que tumbarte en mis rodillas aquí mismo, en el restaurante, y no tendrá nada que ver con mi propia gratificación sexual. ¡Así que come!

- Vale, vale, Grey. Comeré. Y calma los picores de tu mano suelta, por favor.

Con alivio veo que coge sus cubiertos, y empieza a comer el solomillo. En pequeños trozos, pero con hambre. Y disfruto del silencio, de la calma de su compañía, de verla, al fin, alimentarse.

- ¿Sabes quién canta? –me pregunta de repente, su mente vagando.

- No…

No había reparado en la música hasta este momento, pero la hay. Una suave voz femenina canta algo acerca del amor, y de colocar estrellas en el universo.

If I talk real slowly, if I try real hard
To make my point dear, that you have my heart
Here I go, I’ll tell you what you already know
Here I go, I’ll tell you what you already know

If you love me with all of your heart
If you love me
I’ll make you a star in my universe
You’ll never have to go to work
You’ll spend every day
Shining your light my way.


- No, pero sea quien sea es buena.

- A mí también me gusta –responde. – ¿Qué?

- Come –insisto, a pesar de que más de medio solomillo ha volado ya.

- No puedo más Christian. ¿Considera el señor que ya he comido bastante?

En realidad no, pero se nos está haciendo tarde. Y ha comido más y mejor de lo que seguro ha hecho el resto de la semana.

- De verdad, estoy llena –insiste, dando un sorbo a su copa de vino.  Mi Blackberry zumba en el bolsillo. Es Taylor, seguro, ya está aquí.

- Hemos de irnos ya mismo. Taylor ha venido a recogernos y tú tienes que levantarte mañana temprano para ir a trabajar.

- Tú también tendrás que hacerlo.

- Pero yo funciono bien habiendo dormido mucho menos que tú.

Y la perspectiva de tener que hacer algo, dormido o despierto, después de haber pasado la noche con ella, hace que la idea del insomnio suene apetecible.

- ¿Vamos a volver con Charlie Tango? –me pregunta.

- No, voy a tomarme una copa. Taylor ha venido a recogernos y nos llevará en coche de vuelta a Seattle. Además –descubro mi última carta-, así te tendré en el coche para mí solo durante unas horas. ¿Qué podríamos hacer además de hablar

Hago un gesto con la mano al camarero para que nos traiga la cuenta, y llamo a Taylor para darle la dirección en la que estamos.

- Taylor, recógenos en Le Picotón, en la Tercera Avenida Sudoeste.

Anastasia pliega con elegancia su servilleta y la coloca al lado del solomillo a medio comer.

- Eres muy brusco con Taylor; de hecho, eres muy brusco con la mayoría de la gente.

Primero el pañuelo, ahora defendiéndole frente a mí… ¿Qué clase de vínculo ha forjado Anastasia con Taylor? No debería sorprenderme su capacidad para encandilar a la gente, visto lo que ha hecho conmigo. Pero no voy a pasar por este aro.

- Sencillamente voy al grano, Anastasia. No es una cuestión de maneras.

- Esta noche no has ido al grano. Nada ha cambiado, Christian. Tiene razón. No lo he hecho todavía, pero lo voy a hacer.

- Anastasia, tengo que hacerte una proposición.

- ¿Una proposición? Esto empezó con una proposición.

El camarero viene con la cuenta, y le alargo la tarjeta de crédito. Una vez más su intrusión le ha dado un toque de incertidumbre a nuestra conversación. Ahora está expectante. Lo sé.

- Vamos, Taylor está fuera.

Me levanto de mi silla, y me acerco a la suya para retirársela, caballeroso, cuando se levante. Dios, me encanta cuidar a esta mujer. La tomo de la mano para salir.

- No quiero perderte, Anastasia.

Beso sus nudillos tiernamente, sintiendo el olor a jabón en su piel, el brillo del esmalte de sus uñas. El camarero nos abre la puerta y se despide cuando salimos a la calle. El Audi nos está esperando ya, y abro la puerta para que pase. Después me dirijo hacia la puerta del conductor y le hago un gesto a Jason par que salga. Las últimas instrucciones.

- Buenas noches, señor Grey.

- Buenas noches Taylor. Llévanos de vuelta a casa. Y te agradecería que encontraras la manera de no escuchar nuestra conversación. Confío en ti.
- Por supuesto, señor Grey – no es la primera vez que le pido algo así, y Taylor es la personificación de la discreción. – Pierda cuidado. ¿Puccini está bien?

- Puccini es perfecto. Atrás también, por favor.

- De acuerdo, señor Grey.


Rodeo de nuevo el coche para meterme en el asiento trasero, junto a Anastasia. Taylor entra en el Audi también y acciona el contacto. Nos vamos.








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