- Yo soy el jefe –remarca, una vez más-, Ana me había hablado de un ex novio, no de un novio actual.

Aprieto con firmeza su mano, muy fuerte. Tan fuerte como puedo sin hacer que quede en ridículo.

- En fin, podríamos decir que ya no soy en ex. Supongo que habrías terminado por enterarte. – Me giro hacia Anastasia, que está boquiabierta aún pegada a mí.- ¿Nos vamos, nena? Tenemos algo de prisa.

- Por favor –interrumpe Jack antes de que Anastasia tenga tiempo de contestar, o de reaccionar al leve empujón que mis caderas están ejerciendo sobre ella para ir hacia la salida-, quedaos a tomar una copa con nosotros.

Jack señala a todo el grupo con los ojos.

- Tenemos planes. Tal vez en otra ocasión –respondo, y es todo lo que voy a decir. – ¿Vamos?

Tomo la cerveza que lleva Anastasia todavía en la mano, medio llena, y la dejo sobre la barra. Después la cojo a ella, y con paso decidido me dirijo hacia la salida, sin darle la oportunidad de detenerse para una despedida.

- Gracias, hasta el lunes –dice, sin pararse.

Taylor, que no ha debido perder una coma de lo que sucedía dentro del bar, tiene el coche en marcha y esperándonos en la misma puerta del Fifty’s. Le abro la puerta trasera a Anastasia para que entre, y con su frescura habitual, me espeta:

- Christian, ¿por qué me ha parecido que esto era un concurso de a ver quién es capaz de mear más lejos, entre Jack y tú?

- Porque lo era, Anastasia –respondo, divertido. Yo no habría sido tan vulgar, pero tal vez tampoco lo habría explicado igual de bien.

Cierro la puerta tras ella y aún alcanzo a escuchar cómo saluda a Taylor. Entro por mi lado, y su olor ya invade el coche. Mmm… su olor… tengo tantas ganas de ella que podría tomarla aquí mismo. Tomo su mano y la beso.

- Hola, querida –digo en un susurro.

- Hola –responde.

- Dime, Ana, ¿qué te gustaría hacer esta noche?

Algo en mí me dice que le gustaría lo mismo que me gustaría a mí. Exactamente lo mismo. Con la misma poca ropa. Con la misma poca distancia entre nuestros cuerpos. Noto como su mano fría empieza a calentarse dentro de la mía.

- Ahí dentro acabas de decir que teníamos planes, ¿no? –sarcástica, como siempre.

- Oh, querida, yo sé muy bien lo que me gustaría hacer –digo con una sonrisa tan amplia que temo que deje al descubierto mi bragueta-. La pregunta es, ¿qué es lo que te gustaría hacer a ti?

Anastasia me regala la mejor de sus sonrisas a modo de respuesta. Está claro. Queremos lo mismo, los dos. Anoche quedó claro, uno de los dos iba a tener que suplicar.

- Ya veo, ya… Pues entonces no se hable más: a suplicar. ¿Quieres suplicar en mi casa o prefieres hacerlo en la tuya?

- Creo que es usted de lo más presuntuoso, señor Grey. Así que, para variar, y tal vez para bajarle un poco los humos, opino que podríamos ir a suplicar a mi apartamento.

Mientras lo dice, Anastasia se muerde el labio, y me desarma. Sabe que podría pedirme cualquier cosa absurda, como por ejemplo ir a su incómodo, pequeño, y compartido apartamento en lugar de ir a mi contortabilísimo piso en el Escala, vacío para nosotros, con una nevera llena de los mejores vinos, con reservas de las mejores comidas, con una cama con sábanas de seda… Pero se muerde el labio y…

- Taylor, vamos al apartamento de la señorita Steele –ordeno a mi chófer.

- Sí señor –responde-, inmediatamente.

Taylor pone en marcha el vehículo y avanza hasta incorporarse a la circulación, cada vez menos densa, en dirección a casa de Anastasia.

- Y bien, Ana, ¿qué tal te ha ido el día?

- Bien, muy bien. ¿Y a ti?

- Estupendo, gracias.

Seatlle parece no acabarse, y la mano de Anastasia me quema entre los dedos. Quiero cogerla, llevarla hasta mi centro, y dejar que ahí lo recorra, que me libere de la ropa que empieza a apretarme en la entrepierna.

- Estás guapísima.

- Tú también –responde, con una caída de ojos enloquecedora.

- Y, tu jefe, ¿Jack Hyde? ¿Es bueno en su trabajo?

Anastasia encaja la pregunta con menos naturalidad de la que me esperaba.

- ¿Por qué lo preguntas? ¿Tiene algo que ver con el concursito de meadas?

Incrédulo, sin poder aceptar que no se dé cuenta de cómo son las cosas, procedo a aclararle un punto que tal vez le haga mucho más fácil, o mucho más difícil, su futuro en la SIP.

- Oh, vamos, Anastasia, no me digas que no te has dado cuenta. Ese tipo está como loco por meterse dentro de tus bragas –digo soltando su mano, y haciendo un ademán de evidencia con los brazos.

- ¿Y bien? Que quiera lo que quiera, no sé qué tiene eso que ver con nosotros. Además, ¿por qué estamos hablando de eso? – para un segundo para tomar aire, pero sigue -. Ya sabes que Jack no me interesa en absoluto, no es más que mi jefe.

El aire dentro del coche de repente se puede cortar, y Anastasia mira muy nerviosa a Taylor que, pese a llevar los ojos fijos en la carretera, hoy no lleva cascos que le aíslen de nuestra conversación.

- Pues esa es justamente la cuestión, Anastasia, que Jack Hyde quiere lo que es mío. Así que necesito saber si hace bien su trabajo.

Anastasia no tiene ni la menor idea de cómo van las cosas. No sabe que SIP será mío muy pronto, y su futuro, el de Jack Hyde, y el de la propia Anastasia estarán en mis manos en menos que canta un gallo. Más le vale ser bueno en lo que hace. Necesitará otro lugar en el que aterrizar, y poco me importa si lo hace de pie, o de culo.

- Sí, yo creo que sí –dice, encogiéndose de hombros.

- Más le vale dejarte en paz, o acabará de patitas en la calle.

- Christian, no sé de qué hablas. Jack Hyde no ha hecho nada malo…