domingo, 2 de agosto de 2015

En la piel de Grey - Capítulo 27.6 - (Fans de Grey )

Al llegar a casa me pongo en contacto con el equipo de seguridad que está vigilando a Anastasia. Nada nuevo, nada inesperado. Ha entrado y salido exclusivamente para dirigirse al trabajo, y ha tomado el autobús cada vez. Ana, ¿por qué no te quedaste el coche? Qué testaruda… Kate tampoco puede llevarla porque está en Barbados pasando las vacaciones. Está sola. Las fotos que han captado las cámaras de seguridad revelan una mujer mucho más seria, mucho más segura que la que conocí aquel día sobre la alfombra de mi oficina. Parece elegante, y camina con decisión, aunque la fuerza con la que aprieta la cartera entre las manos delata su inocencia. Tengo que asegurarme de cómo funcionan las cosas por allí. En cuanto las negociaciones se terminen y sólo yo tenga el control de la editorial, la cosa será distinta. Y además, Anastasia no tiene por qué enterarse. Pero así podré protegerla, podré estar cerca de ella construyendo una burbuja que nada podrá atravesar.

Una y otra vez reviso las imágenes para verla. Sale del portal y salta a la calle como si careciera de peso. El pelo suelto ondea al aire de la primavera, su cuerpo en un elegante traje de chaqueta beige, la falda de tubo envolviendo sus piernas firmes y torneadas, subidas en los zapatos de tacón…

“Sólo quiero recuperarla”, me digo a mí mismo, de nuevo. Las mismas palabras que le dije anoche a Elena cuando nos despedimos. La mujer a la que tanto odia Anastasia y que, sin embargo, me respondió: pues hazlo. En el fondo del aparador del recibidor la pequeña caja roja de Cartier me recuerda cuánto la echo de menos. Lo seguro que me sentía de mí, de nosotros, en el momento en el que compré esos largos pendientes para ella. Me acerco hasta allí y cojo la caja, la abro y los miro de nuevo.

Pues hazlo.

¿Debería hacerlo? ¿Debería, de verdad, hacerlo?

Sabiendo que no voy a poder dormir, me dejo caer sobre la silla, tras el escritorio, con el firme propósito de retomar el control de esta situación. No puedo seguir engañándome a mí mismo, tenían razón todos, el doctor Flynn y Elena. No he tratado a Anastasia como una sumisa en ningún momento, no he sido capaz de hacer de ella el prototipo de mujer que buscaba para vivir. Pero con Anastasia he encontrado un prototipo distinto: una mujer que me hace sentir. Una mujer a la que no sólo tengo el instinto de dominar, sino de proteger.

Un carrusel de recuerdos empieza a girar en mi mente, trayendo cerca los momentos felices, como decía la nota que dejó junto al planeador. En una especie de duermevela, a altas horas de la madrugada vislumbro la cara de Anastasia diciéndome que el jueves inaugura su amigo el maldito fotógrafo José su exposición. Y que le gustaría que fuéramos juntos. ¡Mierda! Había olvidado por completo su inauguración. Enciendo el portátil y tecleo: José Rodríguez fotografía inauguración Portland. La cara del pretencioso amigo de Anastasia me desafía desde el fondo de la pantalla, pero consigo lo que quería: toda la información de la exposición. Hora exacta. Fecha. Anastasia había querido que fuera con ella. Lo haré. Si una vez lo quiso, lo querrá también ahora.

Son casi las cuatro de la mañana, pero opto por recostarme en el diván del despacho unas horas. No tardará en amanecer. Además, ni mi mente quiere reposar ni las pesadillas la dejarían. Constantemente me asaltan en sueños amenazas de un futuro que he jodido. De un futuro que, cueste lo que cueste, voy a arreglar. Y empezaré a arreglarlo mañana.

Después de una noche más de insomnio me levanto de madrugada y bajo al gimnasio para descargar tensión, para descargar sueño y cansancio. Para sudar, y limpiarme. He pasado las últimas horas dando vueltas a la situación, y a mi afán por recuperar a Anastasia. El ejercicio siempre calma mi mente, y me ayuda a pensar, a aclarar las ideas. Ya sé lo que voy a hacer. Y cómo hacerlo. Ya sé cuál será la estrategia para tener a Anastasia de vuelta. Una estrategia que, además, me permitirá protegerla.

  • Buenos días, señor Grey. No le esperaba tan pronto en la oficina –me dice Andrea, que espera el ascensor cuando las puertas se abren en mi planta para dejarme salir.
  • ¿Acaso pensabas que iba a dejar que Ros tomara el control eternamente? Sabes, Andrea, puede que Bailey sea buena, pero te recuerdo que Grey es el apellido que aparece antes de Enterprises Holdings Inc –respondo.
  • Por supuesto, señor Grey. ¿Puedo hacer algo por usted?
  • Mándame un briefing con todos los asuntos que tengan que ser liquidados en las próximas horas. Me ocuparé personalmente.
  • No es necesario, señor Grey. La junta se reúne a las doce, porque pensábamos que…
  • ¿Pensábamos qué, Andrea? Estoy aquí, ¿no lo ves? Desconvoca la reunión. Y tráeme el briefing inmediatamente.
  • Sí, señor Grey.

Retomo el camino a mi despacho sintiendo el suelo más firme bajo los pies. Ros aparece pocos minutos después, alertada de mi presencia por Andrea. Rápidamente me pone el día y cerramos los asuntos que habían quedado pendientes. Para cuando terminamos la luz roja de mi Blackberry parpadea. Chequeo los mensajes, esperando, aunque sea, un mínimo agradecimiento de Anastasia por las flores.

* Espero que hayas ido algo más elegante que ayer a trabajar. Te tenía por un tipo con clase. Fue agradable. Besos, Elena.
* ¡Hermanito! ¿Has vuelto? ¿Salimos a navegar?

Mia y Elena. Parece una conspiración de las mujeres de mi entorno, atacar en manada al animal solitario. Pero nada de Anastasia. Nada.

Es hora, entonces, de poner en marcha mi plan. Mañana es la inauguración del amigo de Anastasia y no dejaré que ese buitre pasee sus garras sobre ella, ausentándome de allí. Tengo la excusa perfecta: ella no tiene coche, y Portland está lejos. Yo puedo llevarla. Iremos juntos en mi helicóptero.

Dejó su Mac en mi casa, y me consta que no ha vuelto a utilizar la cuenta de correo que usaba para hablar conmigo. También sé cuál es la que utiliza en SIP, y que no la utiliza para nada más que para sus ridículas funciones profesionales de editora en prácticas, de becaria, de… ¿cómo lo llamaba? Es igual.

De: Christian Grey
Fecha: 8 de junio de 2011, 14:05
Para: Anastasia Steele
Asunto: Jueves
Querida Ana:

Lamento mucho entrometerme en tu correo profesional así. Espero, además, que esté yendo bien. Y que recibieras mis flores. Anoche recordé que la inauguración de tu amigo José es mañana, y me extrañaría que hubieras tenido tiempo de comprarte un coche ya para poder ir hasta allí. Está lejos, así que me gustaría mucho acompañarte, si te apetece a ti, por supuesto.

Espero tu respuesta.
Christian Grey, presidente de Grey Enterprises Holdings, Inc.






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