domingo, 26 de marzo de 2017

Anastasia - Capítulo 9 - Eres mía

A penas me doy cuenta de lo que va a ocurrir, de lo que está ocurriendo ya. Nunca imaginé que fuera todo un ritual antes de llegar a "eso". Pero Christian es dulce y tierno.  No tiene prisa y primero me colma de besitos suaves y suaves caricias sin rozar aún mi cuerpo. Siento que poco a poco me voy rindiendo a su embrujo embriagador y me dejo hacer sin oponer resistencia.  Probablemente lo deseaba de este modo cuando le conocí, al sentir por primera vez algo distinto que venía de mi interior.

No hablamos, no decimos nada.  La luz es opaca, tamizada, pero aún así, veo  reflejado en su rostro una expresión tierna y suave.  No está crispado como lo estaba hace unos momentos, aL confesar mi secreto.  Ahora parece complacido con el ritual que lleva a cabo.  Me ha quitado mis bailarinas y ha besado mis pies.  Ahora está desabrochando mis pantalones y comienza a deslizarlos por mis piernas, y nuevamente estoy en ropa interior, algo que él ya conoce de mi.



Me besa en los muslos suavemente y mira mi rostro.  Yo entorno los ojos porque estoy sintiendo algo desconocido  que nunca antes había sentido.  Es algo que no puedo describir, pero que es muy agradable, caliente, que hace que la sangre circule en mis venas más aprisa que de costumbre.  Inclino la cabeza hacia atrás cuando veo que se levanta y se pone a mi altura besándome en los labios y en el cuello.

Sus manos avanzan hacia mi cuerpo. Comienza a desabrochar los botones de mi blusa y me la quita.  Por un momento se detiene contemplando mi busto y sonríe, pero sigue sin decir nada.  Yo quiero que me acaricie, que me bese que me diga algo, pero no habla.  Me abraza y me aprieta contra su pecho y sigue besándome.  Pasa sus brazos por la espalda y desabrocha mi sujetador, dejándome en parte desnuda.

Siento rubor, vergüenza cuando él me mira fijamente recorriendo mi cuerpo.  Es la primera vez que un hombre me ve desnuda y levanto los brazos para taparme, pero él los detiene en el camino y es entonces cuando pronuncia unas palabras:

- Eres preciosa, Anastasia


Siento arder mis mejillas cuando sus manos se posan en mi pecho como tomando medida .  El contacto de sus manos sobre mi, hace que me estremezca y al mismo tiempo  que avance mi cuerpo hacia sus manos.  Me tumba suavemente sobre la cama y sigue extasiado contemplándome.  No entiendo tanta adoración.  Creo que no es la primera vez que ve un cuerpo desnudo de mujer, ni yo tengo un cuerpo tan extraordinario para esa contemplación.

Se pone frente a mi, y procede a desnudarse él también.  Le tengo completamente desnudo y no puedo evitar el mirarle: también es la primera vez que yo contemplo un cuerpo de hombre desnudo en su totalidad, y francamente está como esculpido.  Sus fuertes músculos delinean a la perfección la belleza del cuerpo humano.  Nos miramos ambos a los ojos fijamente, y seguimos mudos, explorándonos mutuamente.

  Y llega la hora suprema. Una hora que nunca busqué hasta que le conocí a él, y no me siento inquieta ni preocupada porque sé que será cuidadoso conmigo, a pesar de que me ha explicado la forma en que practica el sexo.  Pero ha sido tan dulce en el preámbulo que no creo que,  al menos, sea brusco en esta ocasión.

Y me dispongo a pasar el mal trago que me queda, pero que al mismo tiempo, deseo sentirle sobre mi y experimentar por vez primera el éxtasis del placer sexual, y si además es con el hombre que me gusta, pienso que será aún mayor disfrute.  Me ha quitado las braguitas, y ya estoy totalmente a su merced. Sube por mi cuerpo lentamente, despacio, avanzando con besos tiernos por cada parte de mi piel, hasta llegar a mi boca.  Entonces su beso es  tan extraordinario como el primero que me dio.


Tengo los ojos cerrados, no puedo evitarlo.  Creo que me siento excitada y no me importa nada de lo que pueda ocurrir de ahora en adelante.  Sólo deseo pertenecerle en la forma que sea, en la forma que él quiera tomarme. De mi garganta salen suspiros extraños que nunca antes había exhalado.  Él levanta mis brazos y entrelaza sus dedos con los míos y le siento muy cerca, muy cerca, tan cerca que con un sólo movimiento cumple el ritual de la posesión.

He dado un pequeño grito cuando en dolor de mi vientre hace que lo profiera, pero después siento algo extraño, a medida que su cuerpo toma un ritmo, primero despacio y después más intenso. A medida que transcurre el tiempo, su ritmo se va incrementando y también suspira marcando en su rostro un gesto extraño de placer.


  Se mueve rápido y yo lo admito y lo deseo.  No sé el tiempo que ha pasado, pero se me hace corto cuando en un momento determinado arqueo mi cuerpo hacia el de él y ambos nos juntamos más y juntos exclamamos algo y de repente paramos.

Él se queda sobre mi y yo  he quedado sin fuerzas, desmadejada, totalmente relajada.  Tengo los ojos entornados y siento su aliento sobre mi cara, y nuestra respiración se une, al principio ligera y poco a poco se va calmando. El sigue besándome y levanta su rostro para contemplarme. Nos miramos nuevamente sin pronunciar palabra.

Siento que he tocado el cielo con las manos.  He tenido mi primer orgasmo con el hombre más perfecto del mundo, más considerado, dulce y tierno que pueda existir.  Acaricia mi rostro y vuelve a besarme.  Yo le devuelvo el beso, pero nuestras manos siguen enlazadas.

Han pasado unos instantes y  se incorpora lentamente.  Debo de tener algún gesto extraño porque me pregunta preocupado:

- ¿ Estás bien ? ¿ Lo esperabas así ?


Yo sonrío sin saber qué decir, porque ignoro si todo el mundo siente lo que yo en estos momentos, pero tampoco me importa.  Sólo cuenta cómo yo me siento y ha sido ¡ genial !.  Él insiste ante mi silencio, y entonces me decido a dar mi opinión:

- Si estoy bien.  No puedo decir cómo lo esperaba puesto que desconocía qué se sentía, pero sí lo he disfrutado, me ha gustado y deseo repetir.

Me echo  a reir ante la expresión de asombro de su cara.  Creo que no se esperaba una respuesta semejante, pero la sensación, lo que he experimentado cuando me estaba poseyendo,  no podría describirla,  y desearía volver a sentirla.


Ha pasado, no sé, el tiempo, y Christian va a cumplir nuevamente con mis deseos " deseo repetir ", le he dicho y él totalmente complacido vuelve a acariciarme,   a seducirme, a provocarme   nuevamente y,  otra vez experimento lo mismo y acelera su ritmo,  un  ritmo que deseo mantenga hasta el final.  Ahora conozco lo que se siente, y deseo acompañarle en ese ballet que es hacer el amor, y le acompaño, y le sigo, le sigo una vez mas,  y ambos otra vez suspiramos, gemimos,nos besamos, nos poseemos hasta llegar a la culminación de un climax que juntos disfrutamos una vez más-

Tumbados uno sobre el otro nos vamos recuperando.  El acaricia mi espalda desnuda y yo sus cabellos. Me incorporo y le beso, él responde y tomando mi cara entre sus manos, me dice muy serio:


- Eres mía, solamente mía y mañana lo recordarás cada vez que te sientes Recordarás que he estado dentro de tí.

Me besa y yo lentamente, y sonriendo me duermo entre sus brazos.

Ignoro el tiempo que he dormido.  Él permanece a mi lado y me mira con una mirada  dulce, con las facciones relajadas, sin crispación.  La arruga de su entrecejo no existe y muestra su hermoso rostro, yo diría, que feliz.

Quiero que el tiempo se detenga aquí, ahora. Que estemos mirándonos, sin palabras. Quiero penetrar en su cabeza y conocer lo que piensa, y el porqué de esta preferencia por mi. Por esta chica torpe y vulgar.  Saber que le he inspirado para ser otro Christian tan distinto al que hace a penas un rato me pedía que firmara un contrato y la no divulgación de nuestra intimidad.  Ignora que lo quiero guardar para mi sola, que nada ni nadie me robe esta intimidad. Y de golpe descubro que me he enamorado de él, que me enamoré en el mismo instante en que me ayudó a levantarme del suelo.  Y que no entiendo la poca cordura que he tenido para entregarme a él, a sabiendas de que no me quiere, es decir que me quiere para algo que dudo pueda realizar.  Pero ahora no me importa nada. Vivo este instante, vivo mi primera vez con alguien al l que he comenzado a querer. Con alguien que me ha enseñado a   amar y a sentir el placer por primera vez. Y tiene razón :  seré suya siempre.


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