lunes, 10 de abril de 2017

Anastasia - Capítulo 1 -Sólo desolación

Segunda parte:
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Al entrar en el apartamento, todo me pareció más lúgubre, más vacío, más triste: desolador. Pero el vacio, la desolación y la tristeza, emanaban de mi interior.  Era yo la que me sentía vacía y muerta.
Me repetía una y otra vez, que obré irracionalmente porque lo que más deseaba era estar a su lado y sin embargo había sido yo misma quién se había marchado.  Estaba claro que Christian, no me amaba, sólo deseaba un juguete y yo, ¡ tonta de mí! había seguido su juego, porque nunca antes nadie había despertado en mi los sentimientos que ahora me causaban tan gran dolor y desesperación.  ¿ Cómo estaría él ?

 

Seguro que ni se había inmutado.  Me pedía que no le amase ¿ qué otra cosa podrían significar esas palabras? Me sentía herida de muerte y sin embargo él, la próxima semana seguro que tendrá otra chica que ocupe mi lugar y seguro que sin tantas complicaciones como yo le he causado.

Cuando sentí el primer latigazo, me quedé abierta en canal. ¿ Cómo había sido tan tonta de pedírselo, a sabiendas que sería terrible?  ¿ Acaso creía que él lo rechazaría sabiendo lo terrible que sería ese castigo? No, Anastasia, lo buscaba.  Lo deseaba con todas sus fuerzas.  Y a mi cabeza, golpeándome, llegaron nuevamente, junto al restañar del cinturón, los jadeos de Christian.  Lo estaba disfrutando, lo deseaba desde hacía tiempo; pero yo me dejé llevar tratando de  comprenderle y de esa manera derribar la barrera que nos separa.

Bien pues ya la he roto, definitivamente. Hoy, domingo, debíamos estar juntos, como lo habíamos planeado, pero en realidad tuvimos , desde su principio, una semana tumultuosa.  Y es que nosotros juntos, somos un coladero de problemas. Deseaba conocerle mejor, llegar hasta el fondo de la cuestión que le ha convertido en un ser tan solitario y triste, pero quizá fuí demasiado lejos.  Quiero dormirme. Dormir de un tirón hasta que el lunes acuda a mi trabajo. ¡ Menudo debut voy a tener!

Tantas esperanzas e ilusiones por haberlo conseguido, y ahora lo cambiaría todo por poderle ver, al menos, cinco minutos. Y explicarle que ha sido mi error, que nunca debí sacar aquella conversación  Ni decirle que es para mi una tortura no poderle tocar; no debí decirle nada de eso, ni tampoco obligarle al castigo que ha motivado nuestra separación.



Pero no duermo.  No paro de llorar.  No quiero hablar con nadie.  Quiero estar sola, hundida y con una tristeza que me abruma como un gran piedra que cayera sobre mi.  No puede ser, no puede ser que no vuelva a verle.  A sentir sus ojos sobre mi, ni sus manos acariciandome, ni su boca sobre la mia. ¡ Oh Dios mio, no puede ser !  Como tampoco creo que haya sido yo misma quién lo provocara.

Y por fin el llanto, el dolor y el disgusto me vencen y por unas pocas horas, consigo dormir entre pesadillas y despertares.  Sigo mirando al techo, cuando el despertador repiquetea sin cesar.  He de levantarme para acudir a mi primer día de trabajo.  ¡ No puedo ! ¿ Y si llamara para decir que estoy enferma?  Porque en verdad lo estoy.  No puedo enfrentarme a un trabajo  con caras nuevas, un lugar nuevo y con éste estado de ánimo.  Todo lo haré mal y me despedirán de inmediato.  Todos mis sueños se han truncado; eres una calamidad Anastasia.   de nuevo el llanto, el dolor, la desolación me invaden, sin que ésta vez, el agua caliente de la ducha, que resbala por mi cuerpo, alivie, al menos en parte, la tensión en que vivo desde el sábado por la mañána. Christian ¿ cómo estás ?

Y tomo el autobús. Tampoco tengo mi coche que vendió Taylor. ¿ Cómo pude pedirle el dinero? ¿ Qué pasó por mi cabeza después de todo, después de ese momento de angustia en que todo acabó? Seguiré pensando en él.  Siempre pensaré en él, toda la eternidad.  Porque ha sido tierno y dulce conmigo, por eso es que no entiendo ese castigo. A todas luces parecía que me amaba, pero ese castigo tan cruel, tan duro, sin contemplaciones fue inhumano.

Me bajo en la parada más cercana a SIP. Hubiera deseado comentar con él, mientras cenáramos mi primer día como trabajadora a sueldo. Pero lejos de todo ello, estoy sola; ni siquiera Kate está conmigo.  Mejor, porque me volvería loca con sus discusiones. Que me dejen tranquila rumiando mi tristeza, lamiendo mis heridas.

Llega la hora del almuerzo.  Casi todos han salido a comer a una cafetería cercana a la editorial.  Yo no he ido, a pesar de que han insistido. No tengo hambre, no me entra nada en el estómago, solo tengo ganas de llorar, y de que suene la hora de volver a casa, a la soledad y de dormir, dormir y dormir.  No quiero pensar en nada ni tampoco en él, y sin embargo lo hago constantemente.  Será mi castigo, mi tortura.

Al llegar a casa pongo la televisión, no la veo, tampoco la escucho.  Me da igual el canal que esté, no me interesa. Sólo quiero oir ruido para no sentirme tan sola, para despejarme y no pensar en él.  Llaman a la puerta ¡ Christian !.  Bajo las escaleras corriendo; mi corazón parece que va a desbocarse, que sus latidos me ahogan.  Al abrir...  ha sido una falsa alarma.  Es un recadero portando una caja, que a pesar de su tamaño, apenas pesa.  Firmo la nota de entrega y vuelvo a subir al apartamento.

Abro el envío,  y ante mi unas maravillosas rosas blancas. Al instante sé de quién son, quién las manda, pero a pesar de saberlo, busco la tarjeta que lo confirme, y efectivamente, Christian me desea suerte en mi primer día de trabajo y que todo haya ido bien.  ¡ Se ha acordado ! ¿ Qué hago, las tiro ?  Los ojos se me llenan de lágrimas y las abrazo lo mismo que abrazaría a Christian si le tuviera delante.  Lloro a mares mientras busco un jarrón; las pondré en agua. Se ha acordado de mí, no le soy tan indiferente, pero... No quiero pensar, no quiero pensar...¿ Debo llamarle y agradecérselo ? No,sería mi perdición si él contestara. Debo olvidarme de él, olvidar que le he conocido, y seguir adelante con la vida. 



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