miércoles, 19 de octubre de 2016

La liberación de Christian - Liberación 27 - Día de mieles y hieles

Ana me ha pedido ir al cuarto rojo. Me resisito en un princiopio; ya no es mi deleite, pero ella quiere, y yo tardo poco en estar de acuerdo..  Sujeto sus brazos a la cama con unas esposas de cuero.  Así no correré el riesgo de que dejen huella en su piel como ocurrió con las otras. Jugueteo con ella, con su cuerpo precioso que se me entrega sin reservas y del cual soy su dueño.  Acaricio si descanso su parte más sensible, y ella se revuelve suplicante para que cese en la dulce tortura.   No lo deseo aún. Quiero que aprenda a controlar sus impulsos, aunque reconozco que no es fácil, incluso hasta para mi, por ejemplo ahora, que la noto tan excitada, tan entregada y tan necesitada de mi.


Trata de desasirse de las coreas que la sujetan y yo le pido calma, pero una vez más, ella arquea su cuerpo despegándolo de la cama, sujeta a ella tan sólo por sus pies. Cierra los ojos y jadea a un mismo tiempo que grita mi nombre, y entonces su cuerpo se convulsiona una y otra vez alcanzando el orgasmo

La riño suavemente, y mientras ella se recupera, giro su cuerpo boca abajo y de un brazo la hago sentar sobre mi regazo quedando de espaldas a mi.  Ella levanta sus brazos y juguetea con mis cabellos, dándome tirones, mientras yo tomo posesión de su cuerpo una vez más.

- Vamos Ana, hazlo por mi.  Quiero verte, quiero absorber todo tu placer que es mio. no te relajes; te necesito, quiero más. Sube y muévete, Ana.

Y ella obedece a mi órden, y acelera su ritmo animada por mi voz que la pide rapidez, mientras nuevamente la estimulo una y otra vez.  Ella gime y yo repito su nombre, porque soy incapaz de pronunciar ninguna otra palabra y necesito decirselo, porque mi cuerpo me pide el gritar del placer absoluto que estoy sintiendo.



- Vamos Ana.  Eres mía sólo mia y te quiero con desesperación
- ¡ Christian ! ¿ Christian ! - A penas puede pronunciar mi nombre , porque de nuevo ambos nos perdemos el uno en el otro.

La deposito suavemente sobre la cama, y yo a su lado, la contemplo, la admiro, la amo y la acaricio, su frente sudorosa con el cabello pegado a su frente. Y beso sus labios entre abiertos absorbiendo el aire para acompasar su respiración, y contemplo cu cuerpo desnudo relajado tratando de recuperarse.  Cuerpo que suavemente recorro con mis manos.  Sonrio satisfecho, y cuando noto que ya está sobre la Tierra, le pregunto si este sexo puede entrar en su particular lista de polvos extraordiarios.  Ella, no contesta, sólo sonrie levemente Y trás mucho insistirla un par de veces, al fin abre los ojos y me dice quedamente acariciando mi rostro

- Creo que éste podría encabezarlo perfectamente..  Confesión por confesión, quiero que me digas otra cosa
- A ver ¿ qué se te ha ocurrido ahora? - La digo mientras prosigo con la exploración de su cuerpo
- Quiero que me confirmes que Leila te importa
.-¿ Qué pregunta es esa ? ¿ Aquí, ahora ? ¡ Por amor de Dios Ana ª!. Acabamos de hace el amor, y según tú ha sido alucinante ¿ A qué viene eso ahora?

Ella me mira fijamente y en ese momento leo su pensamiento, y en él veo reflejado su duda " si Leila te interesa, también yo te intereso"  No puedo creer que a pesar de todo lo que hemos hablado siga pensando que pueda algún dia dejar de amarla. Y en ese momento comprendo que he de decirle algo


- Cierto, me interesa.  Me preocupo por ella.  Pero no tiene ni punto de comparación con lo que siento por ti.  Eres el centro de mi universo. El se mueve porque tu haces que se mueva. Tu eres mi mujer, mi amante, mi compañera, mi vida, mi más, mi todo... Ella fue una distracción mientras duró, pero fue corto y sucedió hace mucho tiempo. Está borrada de mi vida.  Y ahora vamos a descansar.  El día ha sido intenso y la noche aún más, aunque ¡ madre mia ! quisiea tener muchas como esta.  Duerme cielo, descansa y deja descansar también la cabeza, al menos durante una temporada, si es  que eso es posible. Te quero Ana, y no existe nada ni nadie que pueda cambiar eso.

Hemos pasado unos días de tranquilidad.  Parece que todo está asentado entre nosotros, y ella ni siquiera ha vuelto a preguntarme por Leila. No hemos vuelto al cuarto rojo, pero si hemos tenido nuestras noches de pasión en nuestro dormitorio.  Es difícil no tenerlas durmiendo con Anastasia.  El placer y el deseo nos desborda a ambos.  Procuramos acostarnos pronto, porque sabemos que nos dormiremos tarde, pero no nos importa. No existen las pesadillas; han desaparecido de mi vida y a cambio tengo las noches más placenteras que pueda desear. Cuando no soy yo quién busca a Ana, es ella la que me incita.  El caso es que nuestra lista va siendo interminable.


Ya estamos  cada uno de nosotros en nuestros trabajos, y no me resisto a mandarle un correo haciendo referencia a nuestro último encuentro sexual de hace pocas horas.  Por lo visto me voy superando; algo que me hace reir sin poder evitarlo, algo que  extraña sobremanera a Andrea que está cerca de mi, y aunque no puede leer lo que está en la pantalla, si  me mira  curiosa , cuando antes nunca lo había hecho.
Ross me avisa de que en quince minutos llegarán los taiwaneses para tratar sobre los astilleros que deseo comprar.  Es un asunto importante porque evitara duplicidades y crearemos unos astilleros  de los más importantes del país.  Ambos comentamos las incidencias ante un cafe, haciendo tiempo hasta que leguen.  De recepción nos avisan que están subiendo en el ascensor

- Bien Ross.  Tengamos suerte a ver si lo conseguimos - la digo excéptico
- ¿ Tú Christian ? Por su puesto que lo conseguirás.  Sería la primera vez que así no fuera.

Llevamos más de una hora consultando papeles, planos, estadísticas, gráficos,... cuando Andrea me avisa que tengo una llamada urgente

- Por favor, tome nota de ella y dígale que más tarde hablaré con la pesona que llame.Ahora estamos reunidos
- Señor Grey, se tata de su esposa, y se le nota muy alterada.

La sangre se paraliza en mis venas.  Pido disculpas a los taiwuaeses y me alejo para hablar con ella

- Anastasia ¿ Estás bien ? ¿ Qué te ocurre?


- Christian, es mi padre.  Ha tenido un accidente y salgo ahora mismo para Portland.  Sawyer me llevará
-¿ A Protland, por qué alli ?
- No lo sé.  Me ha avisado el padre de José.  Está en el hospital
- Traquilízate cielo. Yo me reuniré contigo en cuanto termine con los taiwuaeses. No tardaré mucho. Ve tranquila. Allí nos veremos. Verás que no será importante
- Ten cuidado Christian, por favor.
- Ve tranquila. Me reuniré contigo en cuanto pueda.


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