lunes, 3 de abril de 2017

Anastasia - Capítulo 17 - Comida familiar

Siento que unos labios se posan sobre los mios. Estaba sumida en un profundo sueño, y mi despertar ha sido dulce. Sonrío al tiempo que veo como Christian sale de la habitación., que está en penumbra para no perturbarme. Miro alrededor de ella, hasta detenerme sobre una butaca en la que está un vestido, un abrigo de primavera y unos zapatos a juego.Lo ha debido dejar él; es lo que he de ponerme para conocer a su familia, esta noche.

Me desperezo y comienzo a recordar: cena familiar.  Hoy es el día en que nos reuniremos todos, Kate incluida, y de este modo conoceremos a la familia.  Yo ya conozco a Grace y a Elliot, así que me falta Mia, que acaba de regresar de París y a su padre.  En la lejanía, y por extraño que parezca, no se oye el piano lánguido de Christian, sino escucho la voz de Sinatra, en una melodía de hace unos años, pero se  presta a bailar.  Entro en el baño para ducharme y lavarme el pelo.  Aparte de la música ambiental, no se escucha ningún ruido en toda la casa.


Me pongo la ropa que ha puesto Christian y compruebo que me está como un guante ¿ cómo sabe mi talla y lo que me sienta bien?  Y es cierto: me queda perfecto.  Me agrada el vestido, es precioso, un buen corte y se nota que está comprado en una buena casa de modas.  Y recuerdo mi atuendo de no hace tanto tiempo el día que nos conocimos.  ¿ Cómo he podido cambiar en tan poco tiempo?  Ha sido él quién me ha cambiado, quién me cambia día a día.  Además, no cuento con el poder adquisitivo que tiene él, como para poderme gastar el dinero en estos trapitos; pero tampoco me gusta que él lo haga   No en mí.


Cuando bajo hasta el salón, se me queda mirando con deleite, sin disimulos, y se acerca pausadamente sonriendo, con esa sonrisa que lo dice todo, sin palabras.  Me tiende las manos e irónico me pregunta si tengo todo lo suficiente.  Sé a qué se refiere.  Entre el atuendo que me dejó no estaban mis braguitas, y ese es el juego que desea tener.  Quiere que se las pida, pro no voy a darle ese gusto. Vamos a ver quién cede antes.

Mi respuesta es afirmativa, y no insiste.  Sólo me diece "baila conmigo " Y yo me dejo enlazar por la cintura y comenzamos a seguir el ritmo de Sinatra.  Nos miramos el uno al otro.  Su mirada es irresistible y yo sucumbo a ella una vez más.  Al término de la canción me ayuda a ponerme el abrigo y salimos en dirección a la casa de Los Grey.







Voy nerviosa sin poder evitarlo.  A pesar de conocer a su madre, no hemos tenido más que dos o tres palabras, y lo de hoy será distinto.  Menos mal que estaré Kate y ella sabe dominar las situaciones mejor que yo.

Y por fin conozco al resto de la familia.  Son unas personas encantadoras y Mia me resulta muy simpática.  Tomamos una copa antes de sentarnos a la mesa, y es ahí cuando el señor Grey, comienza a indagar en mi vida.  Pero estoy algo más relajada que al principio, posiblemente ayudada por la copa de vino qque he bebido.  A su pregunta sobre mi familia le respondo abiertamente Estoy orgullosa de mi corta familia; les quiero muchísimo y se debe notar, por el entusiasmo con que hablo de ellos.

Pero al mismo tiempo, Christian está haciendo de las suyas: levanta mi falda por debajo de la mesa, y a resguardo del mantel. Está decidido a meterme mano. ¡ Aquí, en su casa, delante de su familia! Este hombre es imposible!.  Me gusta que lo haga, pero cuando estamos solos, en la intimidad. Sonríe diabólicamente y yo tartamudeo con las palabras ante la situación que me está haciendo vivir.  De un manotazo retiro su mano, algo que le sorprende y borra su sonrisa.


A una pregunta de Grace, respondo que al día siguiente tengo proyectado un viaje hasta Georgia, para ver a mi madre, que no ha podido venir a mi graduación por una lesión de su marido.  Siento en mi los ojos de Christian como dos puñales,  aunque no le miro.

Estamos terminando el almuerzo, y en la sobremesa, Christian me sorprende anunciando a sus padres que me va a enseñar los jardines.  Yo no digo nada, porque presiento que me va a caer una buena, ya que el tono de sus palabras y la expresión de su cara, así lo anuncian.

Y efectivamente, me toma de la mano y dando zancadas recorremos un trecho de jardín. Me es imposible llevar su ritmo y se lo hago saber, entre otras cosas porque ignoro lo que le ha enfadado.  Sin esperarlo, se agacha, me coge por los muslos y me carga sobre su hombro. Grito ante lo inesperado del momento y él me da un azote ordenándome que me calle.

 

¿ Dónde vamos?- le pregunto, pero no responde, lo que me reafirma en que la cosa está tensa, muy tensa.  Llegamos hasta un pabellón en el que guardan cosas, muchas cosas, sobre barcos.  Allí me baja y abriendo la puerta, subimos unos escalones.  Estamos en una estancia con paredes de madera de la que cuelgan remos, copas deportivas ganadas por los chicos, fotografías de competiciones, y hasta un salvavidas.  Y allí descarga su furia contra mí.  No sé qué hacer, cómo aplacarle. Estamos en casa de sus padres y posiblemente alguien nos escuche, ya que casi,  grita. Y se me ocurre que he de calmarle, de decirle que mi huida hasta Savannah es para pensar en todo lo que ha sucedido,en todo lo que estoy sintiendo, en fin, pensar en todo lo nuestro.  Me acerco hasta él y le beso, pero me rechaza y de un empujón me tira encima de un sofá que también hay en un lateral de esa habitación.

Sus ojos echan chispas cuando me pregunta que cuándo iba a decírselo, y que me va a castigar. Me levanta la falda dejándome desnuda de medio cuerpo hacia abajo, él se baja la cremallera del pantalón y me penetra sin consideración alguna.

- Voy a castigarte por no habermelo dicho el primero. Eres mia y he de saber todo lo tuyo ¿ me entiendes? - No me atrevo a contestar.  Estoy pendiente de que alguien se acerque por allí y nos sorprenda.  Pero él sigue hablando como si estuviéramos solos en el Universo


- Voy a penetrarte, duro, y sólo yo tendré placer.  Esto no es para tí, sino para mí, y no dejaré que te corras ¿ me oyes?

Digo que sí con la cabeza, porque no me salen las palabras ante esa furibunda reacción. Y me toma de una forma dura,muy dura, que me hace estremecer.  Pero sabe muy bien lo que hace, y efectivamente, no me deja sentir placer. Es rápido, más que nunca.  Cuando ha terminado, se incorpora y me tiende las bragas que llevaba en su americana.  Me ayuda a levantarme y acomodo mi cabello y el vestido.  Una voz llamándonos interrumpe la escena y yo doy gracias al cielo por ello, aunque toda yo esté temblando por la excitación provocada y no sofocada.


Vamos silenciosos de regreso a casa. Él mirando al frente , yo por la ventanilla, y cada uno de nosotros sumidos en nuestros propios pensamientos.. Pasados unos minutos, su voz más calmada, me pregunta

- ¿ De verdad te vas mañana ?
- Si de verdad.  Necesito ver a mi madre, y necesito distanciarme de ti.  Eres demasiado intenso.  Me has dado mucho en lo que pensar y necesito hacerlo. Necesito pensar en tu carácter en tus reacciones, en tu forma de comportarte conmigo. No es que no quiera estar contigo, pero necesito pensar, Christian.  Lo necesito, en serio.
- Está bien, pero al menos, quédate esta noche en mi casa.  ¿ Cuándo regresarás?
- El viernes- Son muchos días ¿ te quedarás ?

Y soy incapaz de negarselo, porque yo también deseo estar con él aunque a veces tenga reacciones que no comprenda, pero me fascina y en el fondo sé que verdaderamente me desea al igual que yo le deseo.


domingo, 2 de abril de 2017

Anastasia - Capítulo 16 - Mi mundo oscuro

Cuando me levanto, Kate está tomándo un té. Me ofrece , pero lo rechazo; tengo prisa, voy a reunirme con Christian.  Se da cuenta de que hay un objeto que extraña y me pregunta lo que es. Se queda parada cuando respondo que son las llaves de mi coche, regalo de Christian por mi graduación, aunque yo sé que no es por ese motivo.  Tuerce el gesto y me advierte que no corra tanto y que vaya con cuidado.  Le extraña que Grey no se hubiera quedado y le excuso diciendo que tenía cosas que hacer.


Salgo de casa deseando  estar con él.  Hoy irá la doctora Green y eso me tiene intranquila.  Siempre es molesta y violenta la revisión ginecológica.  Yo nunca había tenido necesidad de ello hasta ahora, y me pone doblemente tensa. Me avergüenzo tener que solicitar anticonceptivos, porque todo el mundo conoce el motivo de ello, y francamente, no me gusta.  Mi vida privada es solamente mía y a nadie le importa.  Pero es una condición impuesta por él. Dice no gustarle los preservativos, y tampoco desea dejarme embrazada, así que la ecuación es esa.  Será la primera vez que los tome; tendré cuidado extremo y no olvidarme de tomar, porque los riesgos son múltiples con alguien como Christian.

Me ha dado las contraseñas para entrar en el garaje y en el ascensor. Su casa parece un fortín.  Es lógico, tiene cosas muy valiosas que serían una golosina demasiado deseada para alguien con la intención de entrar en su casa a robar..Taylor siempre le acompaña, y es un hombre fiel a Christian. Se compenetran perfectamente, con solo una mirada sabe lo que desea su jefe.

Cuando entro en el apartamento, está sentado en el sofá leyendo los periódicos del día, financieros, naturalmente.  Pero también está el local y en él viene una fotografia de los dos, esa que nos hicieron en la graduación.  Leo el encabezamiento y a falta de más noticia sólo dicen que " está acompañado por una amiga ".  Me da la risa y él se extraña, también ríe y no le da la mas mínima importancia, hasta diría que le ha agradado.  Charlamos de cosas banales, cuando Taylor anuncia a la doctora Green. Taylor también sabe ahora para lo que viene esta doctora. ¿ Podremos tener algún día privacidad? Seguro que a él no le hizo firmar un contrato de confidencialidad, y a buen seguro que sabe muchas, muchas cosas , creo que más de lo que yo pudiera conseguir saber.  Sabe que tiene un cuarto del dolor y lo que hace en él.  Creo que con sólo pensarlo me he puesto como las paredes de la dichosa habitación.  Creo que no podré volver a mirarle a la cara.


Tras la revisión ginecológica, las advertencias y la receta, la doctora sale del apartamento.  Ahora viene el interrogatorio de Christian.  Creo que hoy voy a tener los nervios alterados durante todo el día.  Desde que me he levantado, lo inició Kate, y ahora por último Grey, y seguro que será un interrogatorio en toda regla, porque siempre quiere saber hasta el último detalle por insignificante que fuera.  Le explico todo y le gasto una broma.  Su semblante cambia, y hasta diría que se ha puesto pálido al pensar que iba en serio y que lo de las relaciones sexuales aplazadas  era lo recetado.  Me besa y recorre mi cara con la mirada, con esa mirada plomiza que hace que arda mi sangre.  Tiene su boca pegada a mi oreja y me murmura muy bajo, como si alguien lo escuchara y no deseara que así fuera, que iremos ir al cuarto rojo.

Mi expectación comienza a hacer estragos en mi cuerpo, y con sólo mencionarlo siento que unos calambrazos lo  recorren  ¿ miedo, excitación, ansiedad, curiosidad?.  No sé lo que es, pero si estoy segura que deseo ir  y averiguar en qué consistirán nuestros juegos, nuestra relación si es que llega a buen fin.  Le hago notar que aún no he firmado nada.  Él me sonríe  " no importa",me dice. .  Me toma de la mano y nos dirigimos a la escalera que nos llevará a la planta de arriba, ante la puerta de sus secretos, ante la que se abrirá un mundo oscuro para mí.

A pesar de ya conocerla, no puedo evitar pasear la mirada por ella. Me sobrecoge aún, y sin embargo se me hace agradable su conjunto : su olor a cítricos, sus muebles exquisitos, su organizada distribución de los elementos y la curiosidad de no conocer el fin de cada uno de ellos. No deseo saberlo, me aterrorizan, prefiero ignorarlos de una vez.


Comienza dándome órdenes: fuera zapatos, fuera vestido, baja la cabeza. date la vuelta para trenzar el cabello y ponte de rodillas frente a la puerta de entrada.  Obedezco silenciosa, puesto que no me está permitido pronunciar palabra alguna. Cuando estoy de rodillas, me hace posar las manos en mis muslos de una manera determinada ¿ Por qué ?  Pienso que algún significado debe tener, pero lo ignoro y no estoy por la labor de preguntarlo,; no me está permitido.

Y tras una demostración del dolor con una fusta, comienza el ritual sexual más erótico y excitante que pudiera imaginar.. Me ata con muñequeras de cuero y cadenas a un enrejado en el techo con los brazos en alto.  Él está  mirándome con gesto complacido y sensual.  No le miro, pero tengo la impresión de ser un juguete largo tiempo deseado y por fin logrado.  Da vueltas a mi alrededor, y  se agacha,  me quita las braguitas, que es la única prenda que llevo puesta.  Pero ¿ qué hace ? ¡ Las lleva hasta su nariz, es inaudito ! Yo no acabo de creer lo que he visto; después las guarda en un bolsillo de su pantalón.


 Lleva unos vaqueros rotos que le sientan como si fueran su segunda piel. Con sólo mirarle ya estoy impaciente. Debe ser parte del atrezzo de esta representación erótica, porque todo está pensado y medido.

Pasea sus manos por mi cuerpo, invadiéndolo suavemente, pero sin dejar ningún poro por recorrer. acto seguido coge la fusta y la pasea por él, siguiendo el mismo recorrido de sus manos, pero descargando fustazos, no muy fuertes, en las partes erógenas de mi cuerpo y siguiendo una pauta por él marcada. Es como si fuera un ballet, sin fallos, paso a paso.  Me levanta y hace que enrosque mis piernas en su cintura, y me penetra de forma brusca y dura.  No puedo más y estallo.

Me desata y me coge en brazos. Este es el final de la representación, pero estoy muy equivocada: quiere más, bastante más. Y yo sólo deseo dormir y descansar de la intensidad del momento.  Me tumba en la cama, y la sensación de frío por el cuero  que la cubre, refresca en parte el calor que emana de mi excitación. Y sigue con la coreografía.  Ata mis manos y mis pies a la cabecera de la cama.  Hecho ésto vuelve el recorrido esta vez con algo parecido a un látigo de tiras,   de un finísimo y suave  ante.  No producen dolor, pero la excitación es inmensa.  Recorre nuevamente mi cuerpo y nuevamente me azota en las partes más sensibles de mi. Me agito, trato de desatarme, pero entonces el me gira poniéndome a gatas y vuelve a penetrarme. No tengo fuerzas para mantener esa posición, y me pone nuevamente boca arriba.   Él sobre mi haciéndome suya, otra vez, pero esta vez, alcanzamos el climax ambos a la vez.






Se tumba a mi lado y me abraza, besando mi cara desfallecida, extenuada por tanta excitación sexual.  Necesito dormir, pero me cubre con una bata y en brazos me lleva a mi dormitorio, y allí, al fin, puedo conciliar el sueño y descansar de tanto sexo. He conocido una parte del mundo oscuro que me espera en lo suceisvo, y he de admitir cuando dijo, que más que dolor era de placer.  Esta tarde lo ha podido comprobar por mi misma.








Ya he intervenido en el cuarto rojo.  He experimentado hasta donde puedo llegar sexualmente, aunque creo que Christian me hará subir más peldaños. Lo he disfrutado, y yo misma me asombro de ello.  Nunca imaginé que tal magnitud de placer existiera ni que yo sería capaz de experimentarlo de la mano de este hombre increíble,  inquietante y misterioso, que sin embargo es dulce y tierno conmigo.



sábado, 1 de abril de 2017

Anastasia - Capítulo 15 - El rojo como color

La casa está hecha un desastre. Hay cajas por todos lados, tenemos casi todo embalado para realizar la mudanza. Miro alrededor y pienso que debiera poner a recoger lo poco que queda, pero estoy cansada, así que me siento .  Entorno los ojos y rememoro lo ocurrido a lo largo de la mañana.  Y cual si tuviera transmisión de pensamiento, el timbrazo de la puerta  me vuelve a la realidad.  Kate no puede ser, aún es pronto, llegará esta noche.  Sólo hay una persona quién pueda ser: Christian.  Y efectivamente, con una sonrisa le tengo frente a mi. Me besa y le hago pasar. Mira todo el desastre de casa que tenemos, y sonríe quién sabe por qué.



Me mira fijamente y comenta que el vestido que llevo puesto me favorece mucho, que hoy he estado muy guapa.  Me atrae hacia él y acaricia mi espalda suavemente, lo que me produce un escalofrío en todo el cuerpo.  Ha traído una botella de champán : Bollinger Rosé, de extraordinaria calidad, pero las copas, y los vasos están ya embalados.  Como es tan puntilloso se lo hago saber, y agrego que solamente tengo un par de tazas para el té.

- Bien, pues servirán - es lo que me dice, dejándome sorprendida

A pesar de  estar acostumbrado a las cosas de excelente calidad, tiene la facultad de acomodarse a las circunstancias sin ningún reparo.  Me parece un crimen beber un champan tan caro y buenísimo  en tazas de te, que son de porcelana corriente; mejor sería una copa de fino cristal, pero ya están embaladas.  Escancia el champán en las tazas y levanta la suya para brindar:

- Por tu graduación y otras cosas-


Sé perfectamente a qué se está refiriendo, y da por hecho que lo he aceptado todo, pero no es así.  Hago un gesto bastante característico en mi, a lo que no doy demasiada importancia, pero que Christian interpreta como signo de mala educación: no le gusta y me lo hace saber

- Vuelve a poner de nuevo los ojos en blanco y te daré unos azotes.

No puedo evitar un risita, que trato de disimular, no fuera que se enfadara otra vez. Su gesto es distendido, no enfadado.  me dice que lo ha pasado muy bien, que ha sido un día interesante, y sin hacer alusión a ello, sé que se refiere a la presentación a mi padre por la meticona Kate.  En ese momento, creo que la odié ¿ por qué no deja de entrometerse en mis asuntos?  Creo que me ve como a una niña pequeña que necesita ser protegida, y no se da cuenta que sé protegerme yo misma.  No sé lo que haría si llegara a enterarse de la proposición de Grey.  Los gritos se oirían en todo el Estado. Entre una y otro me manejan a su antojo.

Suena el timbre de la puerta, otra vez ¿ Será Kate?. Christian me frena y se dirige a abrir la puerta.  Creo que sabe quién es la persona que llama, algo que me extraña muchísimo porque no está en su casa  ¿cómo demonios sabe quién va a venir a la mía?  Hace un gesto afitmativo con la cabeza ¿ a quién ? no veo a quién pueda ser desde donde estoy, pero sin duda él lo sabe.  Cierra de nuevo, y terminamos de tomar el champán. Deja su taza y la mía sobre la mesa, y tomándome del brazo nos encaminamos hacia la salida del apartamento

- Ven - sólo eso.  Y allá voy yo como un corderito tras él.  Me quedo en la puerta y él me tiende algo que yo recojo, pero que no tengo ni idea de lo que es

- ¿ Qué es esto ?
- Son unas llaves- me responde sonriente
- Si ya lo veo, pero no entiendo...
-Es un coche. Mi regalo por tu graduación
 ¿ Qué ? ¿ Un coche ? No,ni hablar
- Acéptalo, es por tu seguridad y la mía.  No viviría tranquilo pensando que conduces una tartana de hace un siglo y yo puedo remediarlo fácilmente
- ¿ Pero no te das cuenta que es excesivo? Bombones, una pluma estilográfica, por ejemplo, eso si es regalo por graduación ¿ pero un coche?
-Acéptalo sin más .  Por lo menos míralo a ver si te gusta. Tu coche ha sido vendido, así que no protestes.

Y me conduce a un lugar en el que no había reparado antes; buscaba mi escarabajo y no me fijé en el coche precioso de color rojo que tenía aparcado frente a la puerta de mi casa. Un Audi, nada menos.  Un sueño de coche, y aunque me enamoró, seguía considerándolo excesivo

- Esto es demasiado Christian.  Es precioso, pero...
- No te gusta ¿ es eso ?
- No, claro que no. ¡ Es un Audi, por amor de Dios !

Sin darme cuenta vuelvo a poner los ojos en blanco.  Él se da cuenta  y se enfada; me coge de la mano y a toda prisa hace que volvamos al apartamento.  Una vez dentro, me regaña como si tuviera cinco años y me amenaza con los azotes.  De un tirón, más o menos suave, me tumba sobre sus rodillas, me levanta la falta, bajando mi ropa interior.  Estoy con el culo al aire y él me frota las nalgas.




Yo siento algo de miedo, pero también espero el castigo ¿ con qué? con ansiedad, aunque parezca mentira de ello.  Me acaricia en círculos una nalga y levanta la mano descargándola sobre ella. Me ha escocido un poco, pero también algo dentro de mí comienza a tensarse. Y comienza un ritual que sólo él conoce: caricia, y azote.  Así en sucesivas veces.  Pero algo ha cambiado en mi interior.  No pienso que pueda tener sus dedos señalados en mi nalga, ni que me escuece, más que dolerme, sólo que una necesidad imperante es lo que necesito, y que ya conozco.  Me incorpora y estoy perpleja ante esta nueva sensación experimentada.

Suavemente él me acaricia la mejilla y me mira a los ojos.  Con voz solemne, sin dejar de mirarme me anuncia:

- Bienvenida a mi mundo, Anastasia.

 No entiendo muy bien lo que significa ¿ se trata de uno de los castigos?  Sin duda debe ser eso, porque ha sido por un gesto mio que a él no le gusta.  Pero si eso ha significado un castigo, si todos son así, no tengo inconveniente en firmar ahora mismo.  Esos azotes son perfectamente soportables, al menos de momento. Pero la excitación que me ha provocado es mucho más deliciosa que cualquier otra cosa


Estoy muy excitada. Christian me mira detenidamente y sin esperarlo, con una sonrisa de medio lado, me pide que me de la vuelta: desea quitarme el vestido. No llevo sujetador debajo, ya que al tener a espalda descubierta para el vestido, no lo requería.  El me contempla admirado y me atrae hacía el. Tengo el cuerpo pegado al suyo, y pasa por detrás de mi sus manos hasta mis pechos, que acaricia y juguetea.  Yo le siento, al mismo tiempo que me tenso . Termina de desnudarme, sólo estoy con los zapatos. El se retira un poco de mí y me gira de frente.  En la expresión de su cara noto su satisfacción al verme.  No me atrevo a decir nada.  Él se adelanta y me pide que le quite la ropa a excepción de la camiseta.

Tumbado en la cama, comienzo a la difícil tarea de quitarle los pantalones, algo que es la primera vez que hago.  Me cuesta mucho trabajo; el se ríe y ahueca su cuerpo para que me sea más fácil. Y ahí le tengo desnudo para mi. Ambos estamos desnudos, pero ¿ por qué no ha querido que le quite la camiseta? La sensación excitante de sentir piel con piel es asombrosa.  Contemplo su perfecta anatomía embelesada, es un magnífico ejemplar masculino, y sin pensarlo más me inclino hacia adelante y lo acaricio, provocando aún más su excitación y por segunda vez en mi vida jugueteo dentro de mi boca,


.  Siento su excitación en sus gestos, en sus exclamaciones en todo su cuerpo que se estremece con mi juego.  Me manda parar pero sigo: soy yo la que manda ahora. Pero me dice que pare, y abedezco, porque yo también deseo sentir la misma sensación, además deseo liberarme de los azotes recibidos. Me dice que saque algo de un bolsillo de su pantalón. Es un paquetito con papel plateado que me pide abra y se lo pinga.  Y así lo hago.  Rasgo el papel y ante mi se muestra un peservativo, blando, gelatinoso que nunca he tenido en mis manos.  Me indica qué he de hacer y me pide que se lo ponga.  Mis manos son torpes y les cuesta hacerlo, algo que a él parece ser que le excita, por los gestos que hace entreabriendo los labios, y con voz entrecortada me dice

- Vas a matarme


 ¿ A qué viene eso ahora? ¿ Le estoy haciendo daño? Y de repente lo comprendo en lugar de ejecutar correctamente lo que se me ha encomendado, lo que hago es masturbarle.  Me toma de la cintura y me sienta a horcajadas sobre él  Estamos muy juntos.  Nuestras caras se rozan. El me muerde el labio y yo le agarro del pelo fuerte sujetándole a mi.  Comenzamos a movernos uno dentro del otro, lentamente, gozándo uno del otro, poseyéndonos mutuamente.  El me nombra constantemente y entorna los ojos abriendo sus labios. Hay éxtasis en nuestros cuerpos y en la  excitación mutua.. Y siento que soy poderosa que ejerzo el poder sobre él y él sobre mí, que ambos somos dueños del otro y pienso que siempre será así.  Me siento ligada a este hombre e incapaz de cortar este vínculo que nos hechiza a aambos, que nos ata a ambos.  Y no me importa nada de lo que pueda pasar.  Soy de Christian Grey como él es mio, y no habrá nada que cambie esa  sensación de estar juntos., y creo que nunca cambiará