lunes, 25 de julio de 2016

Las oscuras sombras de Christian - Sombra 9 - Afrontarlo juntos

Ana, nerviosa se apresura a meter en una bolsa de viaje, algo de ropa. Mientras ella lo hace, yo contacto con Sawyer y le doy órdenes para que sea el guardaespaldas de Anastasia;  no debe dejarla ni un instante sin protección.  Ryan y Taylor, están prestos para lo mismo. Todo el dispositivo está en marcha, pero seguimos sin localizar a Leila.  Ordeno a Ana, que se meta en el coche: yo conduciré.

Mientras ella sube al piso de arriba,  a su habitación, yo, acudo al despacho de vigilancia y, junto con los guardaespaldas, visionamos las,  entradas al edificio, al aparcamiento y hacemos un barrido por mi apartamento, que exceptuando los dormitorios, está todo bajo el control de las cámaras.  Lo hemos ampliado a las dependencias de la vivienda de Taylor y Gail, por si acaso.

Aquí estamos, estará a salvo.  Franco ha llegado y subo a buscar a Anastasia; la encuentro sentada en el suelo con cara de preocupación.


- ¿ Te ocurre algo  ? - la pregunto al ver su gesto
- Si me preocupa Christian. Fíjate en esto - y me señala el vestidor de su habitación totalmente ocupado por la ropa que he encargado para ella.
- Anastasia, ésto no es nada. Lo encargué para ti antes de nuestra separación.  Nunca pensé en devolverlo; tenía la esperanza de que regresaras
- Pero esto... es excesivo.  Yo no necesito tanta ropa.
- Si la necesitas.  Tendrás que acompañarme algún día a las reuniones a las que suelo acudir, no por diversión, pero sí por trabajo.  En muchas hay que acudir acompañado por tu pareja, y tú lo eres. ¿ O prefieres que vaya con... Elena, por ejemplo ?
- Ni la menciones, por favor.  Ni la menciones. Está bien.  Tendrás que decirme cómo debo ir esta noche.-

. He mencionado a Elena con toda intención, para que de una vez deseche  esa constante preocupación por los gastos que hago para ella. ¡ Es absurdo !, pero he de aceptarlo.  Es una mujer totalmente desinteresada, y eso en el fondo me agrada, porque estoy seguro de sus sentimientos hacia mi.

. -Creo que con este traje irás perfecta-.  Le indico uno plateado con escote palabra de honor, que deja al descubierto sus hombros y parte de su espalda.  Tiene una piel preciosa; merece la pena contemplarla..
Si has terminado con tu inspección de ropa, Franco ha llegado.

Bajamos las escaleras cogidos de la mano.  Hasta el mismo Franco, sonríe satisfecho al comprobar el rostro y el cabello de Ana. A ella le resulta simpático, y al instante se establece una corriente de simpatía mutua. Les acompaño hasta mi cuarto de baño y les dejo solos.  Ellos se entenderán con lo que ha de hacerse.  Mientras tanto, mi preocupación no se calma y retorno al cuarto de vigilancia. De nuevo se han corregido las cámaras, ampliando el perímetro.  Más tranquilo, vuelvo al salón, y pongo la música ambiental y procedo a leer los periódicos del día.  Necesito centrarme en algo que no sea el problema que tenemos.  Me pierdo en el tiempo; no sé si ha transcurrido una hora o más.  El caso es que cuando salen Ana y Franco, me quedo boquiabierto con el corte y peinado que ha realizado.  Está sencillamente preciosa.  Con este nuevo estilo de peinado, hace que resalte más las dulces facciones de ella y sus hermosos y grandes ojos azules.  Hasta el mismo Franco  alaba el cambio, y eso que está acostumbrado a tratar a mujeres hermosas.  Tras un breve comentario y la degustación de un café, el peluquero se marcha.



Sé que ella está deseando acariciarme, y eso es algo difícilmente soportable para mi.  Pero al mismo tiempo necesito sentir su ternura, necesito sentir el tacto de su mano por mi cuerpo. Se me ha ocurrido algo.  He rebuscado por el baño de la habitación de Anastasia, a ver si encontraba algo. Exactamente alguna barra de labios olvidada, y aunque no me gusta mucho la idea, no se me ocurre nada mejor. Anastasia, apenas si pinta sus labios y Gail no está en estos momentos; claro que podía pedírselo a Tayor, pero ha salido a revisar el garaje. Después de buscar por miles de cajoncitos, y puertas del baño, en el último rincón de uno de ellos, encuentro lo que busco.  Es de un color rojo chillón, pero como no encuentro algo más apropiado, doy por válido éste.

- Ven conmigo - la digo, y ella extrañada me tiende su mano
- No te preocupes, no vamos a estropear el peinado, es algo que deseo que hagamos.

Ya en mi habitación, me quito la camisa y me siento en el centro de la cama con las piernas estiradas.

- Ven, Anastasia, sube y siéntate encima de mi - Creo que ella piensa en otra cosa, en que le voy a hacer el amor, de otra manera.  Sonrio con este pensamiento.  Está muy lejos de imaginar lo que tengo en mente.  Ella se quita la falda para tener más libertad, y hace lo que la digo.  De un bolsillo de mi pantalón saco la barra de labios, la destapo y se la muestro.  Ella piensa que será parte del maquillaje que se pondrá esta noche, y yo me rio.

- Cógelo

Cada vez más perpleja lo hace y yo pongo mi mano sobre la de ella, y comienzo a trazar una raya desde mi garganta, el hombro, bajando por mi cuerpo hasta el estómago, y le doy indicaciones de que  ella   continúe hasta el otro extremo.  Noto que su mirada se centra en mis cicatrices, pero no dice nada y termina lo que yo empecé.  Con una sonrisa triste, me mira y da por concluido el trabajo que le he encargado.  Muevo negativamente la cabeza, haciéndola saber que ha de seguir. Me doy la vuelta y al observar las señales de mi espalda, ya no puede contener el llanto, y quedamente sigue trazando la linea.  A penas puede balbucear unas palabras y dice en voz alta, algo que es más que una pregunta; es una reflexión

- ¿ Quién te ha hecho esto? ¿ Qué ser puede hacer algo así a un niño ? ¿ Tu madre ?
- No ella no, No se preocupó por mi, pero no me maltrató.  Fue su proxeneta.. Me pegaba con un cinturón y apagaba sus cigarrillos en mi. Ahora comprenderás el porqué nadie puede tocarme.  No puedo soportarlo;  sólo pensar en   aquello se me hace insufrible.



- Significa que ¿podré tocarte a partir de la raya roja?
- Eso es.  Buena chica.  Pero por favor, no te apartes de ella.

Con mano trémula, sin a penas rozarme, pasa sus dedos por mi cuerpo sin acercarse al trazado. Yo me tenso, no puedo evitarlo, y ella lo nota. Llora desconsoladamente llena de angustia, y yo la abrazo y trato de restar importancia a todo mi pasado.  Pero ella sabe que no es así; me besa tomando mi cara entre sus manos y su angustia se traducen en caricias y palabras hermosas de amor, que para mi son un bálsamo para los recuerdos que he compartido con ella.  Y yo respondo a sus besos y tomo su boca con fuerza; deseo sentirla y es ese momento tan íntimo, en el que he destapado una de mis sombras, siento que la deseo fervientemente, que la necesito, y que me importa un pimiento si la despeino y descompongo la obra de Franco. La tomo de la cintura y la deposito sobre la cama al tiempo que la quito la camiseta.  Necesito sentir su piel sobre la mia y la poseo y nos poseemos mutuamente, como si nos fuera en ello la vida.  Algo nos ha unido aún más.  Ella va destapando sutilmente, " el tarro de las esencias" y va conociendo poco a poco mi alma perturbada y perturbadora.  Por primera vez siento sus suaves dedos, deslizándose sobre mi cuerpo.  Entorno los ojos.  Deseo sentirlos, pero al tiempo no me confío, aunque también pienso que quizá no me torturara tanto, si traspasara la barrera invisible que acabamos de trazar. Tenemos un coito desgarrador, dulce,pletórico de amor y de caricias... extraordinario, no por el sexo, sino por lo que de entrega tiene mutuamente.  Ahora, ya descansando, siento su cabeza sobre mi pecho, dentro de la zona que no debía traspasar, y acaricio su rostro y su cabello, y algo extraño, que me asombra a mi mismo: la tensión ha desaparecido y me agrada tenerla sobre mi, sin una camiseta que me proteja de su tacto, sino piel con piel de su rostro sobre mi pecho, tratando de acariciar cada una de mis cicatrices, pero no lo hace.  Sabe perfectamente que no puede traspasar la frontera roja, y ella lo respeta, porque ahora sabe el motivo de ese comportamiento.



La tarde pasa rápido y nosotros tenemos un evento en casa de mis padres.  Creo que ha llegado el momento de comenzar a engalanarnos para dicha ocasión. Me he duchado, y puesto el pantalón y la camisa del esmoquin. Decido probar uno de mis juegos y me dirijo hacia la habitación de Anastasia.  Ella también está a medio vestir, sólo con su ropa interior.  Me deleito contemplándola está preciosa con un corpiño, con el liguero y los tacones.  Sólo le falta el vestido, pero antes de ponérselo le enseño el artilugio que porto .  Deseo que lleve las bolas chinas. Sonrío al enseñárselas porque conozco el resultado.  Ella duda por un espacio  corto de tiempo.  Me mira  y me formula una pregunta

- ¿ Esta noche?.¿ En casa de tus padres ? ¿ En la fiesta ?
- Siempre te las podrás quitar
-Bueno...- me dice sonriendo

Estoy complacido al contemplar sus nalgas y lo confiada que se me presenta.  Yo pienso en lo que será esa noche a nuestro regreso, aunque para eso faltan muchas horas.  Probablemente no aguante tanto, pero por si acaso...Una vez colocadas en su lugar.  Ella se ruboriza un poco; no se si es por pudor, o porque están empezando a hacer su magia, y eso que aún a penas ha caminado.  Del bolsillo de mi pantalón extraigo una caja de Cartier que porta un par de pendientes de diamantes, sencillos, pero exquisitamente engarzados, que compré para ella.  Estaba previsto que los luciera el día que nos separamos, así que he decidido que ésta es una buena ocasión para sellar nuestra vuelta.  Ella me mira agradecida; no opone resistencia ni rechazo, y yo me tranquilizo.

- Los compre para que los lucieras la semana pasada, pero...  Bueno ya sabes lo que ocurrió.  Así que hoy es un día perfecto para que los lleves.  Es mi segunda oportunidad  Decido que es mejor que terminemos de vestirnos y salgo de su habitación.

  Estoy de espaldas dando las últimas órdenes a los chicos protectores, me giro al ver por un instante, que sus miradas se dirigen en dirección a las escaleras, y al darme la vuelta, comprendo la razón de ello; Anastasia baja, radiante, hermosa, por ellas, ya vestida para acudir a la fiesta de mis padres. Todos desaparecen para dejarnos  solos.  He descorchado una botella de Bollinger.  Deseo que brindemos, a solas, ella y yo. Hoy hemos dado un gran paso; ha conocido algo que muy pocas personas saben.  Hemos hecho el amor y vamos de fiesta, aunque para mi no es una novedad: año tras año, asisto a ellas.  pero este año es distinto: : voy acompañado de una hermosa mujer, y que además es mia. Alzo mi copa al tiempo que ella hace lo mismo y bebemos un sorbo:  Le indico que es una fiesta en la que hemos de ocultar nuestro rostro bajo unos antifaces, que todos llevarán.

 La noto contenta, y por fin, hay rubor en sus mejillas. No sé si por la emoción de ser presentada " oficialmente " como mi novia, o porque las bolas están haciendo efecto en ella. No me doy por enterado para no crearle violencia.  En el fondo me divierte este juego perverso, y lo disfruto, porque sé que no va a resistir toda la noche con ellas dentro, y me pedirá un alivio, algo a lo que responderé encantado ¡ ya lo creo !.

Con nuestros antifaces ya puestos, avanzamos por el paseo central de la casa de mis padres. Todo son luces que engalanan no sólo la entrada, sino el jardín, puesto que es allí donde se celebra.  Hay mucha gente, parece ser que este año el programa es más divertido, o puede que la diversión y curiosidad se centre en nosotros.  La voz de que el hijo mediano de los Grey, va acompañado de una mujer, ha corrido como reguero de pólvora.  Creo que todos piensan que mi inclinación sexual no va pareja a las mujeres, sino todo lo contrario.  Me importa un pito lo que piensen y me rio al pensar ¡ si vosotros esupíérais!.  Mis padres a la entrada reciben a todos los invitados, y se quedan sin habla al vernos, sobretodo a Anastasia, que está impresionantemente bonita.  Mi padre no puede ocultar su cara de satisfacción; es como si le quitaran un gran peso de encima.  Se acerca a Ana y deposita un par de besos en sus mejillas, algo inusual en él.  Mi madre la abraza con cariño, y yo siento un profundo orgullo de habérsela presentado.  ¡ Por primera vez, Grey ! repite mi yo interior. Al segundo aparece mi hermana, tan exagerada como siempre, y también abraza a mi pareja. Los tres han dado el visto bueno.  Falta Elliot, que está de vacaciones con Kate.  Quién iba a decir que de aquella extraña noche de Portland acabaríamos los dos emparejados, aunque francamente, Kate no termina de caerme bien.

Nos adentramos por el jardín hasta llegar a nuestra mesa que está presidida por mis padres, y a ella nos sentamos junto a mi hermana y abuelos, que encantados están entablando conversación amable y distendida con Anastasia.  En un aparte, y que sólo puede escuchar ella, la digo

- También te has ganado a mis abuelos.  Nos has embrujado a todos.  Ahora no tendrás dudas.- Ella sonrie y me mira con una mirada algo suplicante.  Se lo que la ocurre, pero deseo que el juego continúe.; quizás esté siendo algo perverso, pero después me lo agradecerá.  Y comienza el desfile de camareros y la sucesión de platos deliciosos que componen el menú de esta noche, rutinaria de siempre, pero especial, muy especial para mí.


Termina la cena.  Ana revisa el programa de actos y l.as donaciones efectuadas. Abre mucho los ojos cuando lee mi donación y la de Elena.  Decide cerrar el programa y lo deja sobre la mesa.  Se mueve inquieta en su silla, y no se si es por la incomodidad de lo que lleva o el hecho de conocer que tengo una propiedad en Aspen y que Elena ha donado un tratamiento completo de belleza en la central de Esclava.  Trato de tranquilizarla y paseo suavemente mi dedo pulgar por su espalda desnuda.  Me deleito en el juego, pero ella, quizás animada por la variedad de vinos servidos, ha perdido parte de su timidez, y por debajo de la mesa, tras ahuecar el mantel en su falda, inicia un recital de caricias por mi muslo.  No me altero, exteriormente claro, soy muy hábil en disimular mis emociones.  La dejo que continúe, a pesar de que se vuelve más atrevida y llega hasta conseguir lo que buscaba.  Mi entrepierna se resiente, y ella sonríe levemente, pero ha de atender una pregunta de mi abuelo, y eso hace que interrumpa su caricia erótica.

Se suceden las subastas y ella apuesta por mi donación, es decir dona el importe íntegro de la venta de su coche, algo que me enfurece momentáneamente, porque lo interpreto como un desafío, aunque sé que no ha sido tal, sino un donativo para la obra benéfica que fundaron mis padres para niños con problemas como los que yo tuve.La debo un fin de semana en mi casa de Aspen.  A su término me dice que tiene una necesidad imperiosa de deshacerse del artilugio que la he colocado.  Nos levantamos ambos pensando en lo que se aproxima, pero mi hermana se ofrece a acompañarla y yo no tengo más remedio que ceder.  A continuación las subastas por las chicas más bonitas.  Aunque no están hechas con esa intención, A Anastasia le incomoda tenerse que exhibir, siquiera por un momento ante tanta gente que no le quitarán la vista de encima.

Está nerviosa, lo sé.  Su timidez la supera, y yo estoy disfrutando porque sé cual va a ser el resultado.   Por nada del mundo permitiría que bailase con alguien que no fuera yo.  Bueno, hay otra persona que me lo ha solicitado, y he accedido porque quiero que se conozcan; es muy importante para mi.  Se trata de Flynn.  Creo que voy avanzando en su terapia, y estoy dispuesto a llevarla a cabo, aunque en realidad no ha sido su tratamiento el que me ha hecho ver las cosas de otro modo, sino Ana:  ella ha sido la artífice del cambio.

Y comienza el juego.  Hay máxima expectación, porque nadie sabe quienes están tras el antifaz; sólo nosotros lo sabemos.  A Anastasia cada vez el rostro se le torna más preocupado.  Mia le ha contado mis historias de peleas en mi adolescencia; creo que tiene miedo que si no gano la subasta , la emprenda a golpes con el contrincante.  No te preocupes, alma mía.  Eso no sucederá, nunca.  No te perderé por nada ni por nadie.


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viernes, 22 de julio de 2016

Las oscuras sombras de Christian - Sombra 8 - Esclava

Hemos hecho el amor.  Hemos desayunado y nos hemos duchado juntos.  Una alegría completa para el cuerpo. Es maravilloso despertarse y comprobar que ella está a mi lado.  Experimento un placer que hasta ahora me había vetado a mi mismo.  Se que hubiera sido distinto de tratarse de otra mujer.; es especial porque es ella, porque Ana es especial. A pesar de la noche interrumpida, me siento, digamos que contento, todo lo que ,la situación creada por Leila, puede alegrarme.

Anastasia, se está peinando y me mira a través del espejo.  Tiene un gesto de ¿ admiración? al contemplar mis abdominales sin pizca de grasa, algo que la complace.  Me pregunta lo que hago para mantenerme en forma y se lo recomiendo.  Le recomiendo mi entrenador personal, algo que no se ha planteado , y que tampoco le agrada mucho.  La pregunto lo que desea hacer en el día de hoy.  Ella toma una guedeja de su cabello y la estira mostrándomela.  No sé lo que quiere decir. Arqueo una ceja , y ella responde enseguida a mi callada pregunta
- Quiero un corte

 Recuerdo que aún conservo las llaves del coche que me devolvió cuando rompimos.  Se las entrego junto con un talón de veinticuatro mil dólares del coche de Ana, y que Taylor vendió.  Ella lo rechaza y ¡ pretende pagarme el coche ! Me niego y  furiosa rompe en mil pedazos el talón, pretendiendo así,  pagármelo.,  Doy media vuelta y ordeno que ingresen en su cuenta esa cantidad. Vuelvo a la estancia y la miro fijamente, al tiempo que le advierto de muy malhumor. Todo lo rechaza, absolutamente todo.  Me desespera

- No me presiones Anastasia, no me presiones.  Ese dinero es tuyo por la venta de tu Escarabajo. Y lo otro, es tu regalo de graduación. Ya te lo dije. Y ahora demos por terminada esta conversación, y dime de una puñetera vez lo que quieres hacer.

- Me gustaría arreglarme el cabello.  Quizá cortarme las puntas; están bastante abiertas y desarregladas.  Creo que hace siglos que no piso una peluquería.  Durante todo este tiempo, me lo he cortado a mi misma. No se me da mal, pero hoy es un día especial.  Esta noche iremos a la velada de tus padres, y deseo estar presentable-. Dice auto complacida.
- Tu siempre estás presentable, querida. Por eso no has de preocuparte. Seguro que serás la mujer más bella del evento.  No te preocupes por eso.   Conozco un salón de belleza que te harán  todo cuanto desees-.Y  por fin me decido a comunicarle que es de mi propiedad, junto con otros en distintos lugares de Seattle, pero todos de primerísima calidad.

- Puedes tomar saunas, spa, masajes, limpieza de cutis y ... depilación...  integral.  Ella se gira y se me queda mirando, con esa mirada interrogadora que intuye ha sido el lugar en que las sumisas cumplían algunas de las normas.  Pero no dice nada; sólo me mira.  Y por fin exclama

-  Como el que no quiere la cosa, me estás imponiendo tus normas.  Está bien, llévame a él.  No sabía que te interesaran los salones de belleza
- No especialmente. Es un negocio complementario.  Trabajan los mejores profesionales del gremio, y la clientela es de lo más selecto de Seattle.  Es muy famoso el salón principal, al que te llevaré.

No está lejos de casa, y vamos caminando, tomados de la mano.  Yo paseo la mirada por el entorno, y procuro que ella no se de cuenta.  Ni por un momento he dejado de pensar en Leila; guardo la precaución debida.  No me está gustando en absoluto el cariz que está tomando el asunto.  Por fin llegamos a Esclava.  Durante todo el camino Ana, ha estado parloteando de lo excelente que es el barrio, en donde,  por suerte viven,  y que Kate estará encantada de tener a su alcance tantas y tan buenas boutiques.  Me comenta que es una clienta compulsiva de todas ellas.

Nos paramos frente a la fachada.  Estoy tentado de comentarle que está regentada por Elena, Sé que  ella no está,  porque  ha ido a suplir una falta en otra sucursal. Prefiero callarme.  Después de lo de Leila, no faltaba nada más que le hablara de Elena ¿ Por qué la odia tanto ? No lo comprendo.  La llama pederasta, y no fue así como ocurrió.  Me hizo un favor enorme y me convirtió en el poderoso señor Grey,  que ahora soy.  Confío en que algún día lo comprenda y mi pasado y futuro  no entren en colisión. ¿ Estoy pensando en un futuro con Anastasia ?  Sonrío sin que ella se de cuenta, pero esa idea me complace, Si, muchísimo.  Los despertares junto a ella son espectaculares.



Greta nos recibe, como siempre, con una sonrisa que me dedica muy especialmente. Anastasia la mira con curiosidad; seguro que piensa por qué tanta familiaridad. Yo, sólo le presto la atención que la buena educación requiere. Ella me pregunta en que va a consistir el servicio; piensa que es lo de siempre.  Anastasia me mira sorprendida y luego la mira a ella con cara de pocos amigos. Comienzo a impacientarme, y la corto en el acto indicándole que Ana le dirá lo que desea.  Quiero hacer notar que ella no es una chica más. Ella es diferente a las otras, pero no sé si lo consigo, porque Greta sonrie de medio lado.  Miro de reojo a Anastasia, y ella hace lo mismo con esa mirada interrogadora  como diciendo ¿ por quién me ha tomado esta chica? ¿ Por una ex tuya ?

Al fondo del salón,,  en la zona de Dirección , se abre la puerta y aparece Elena, que como siempre está radiante.  Los años la respetan, y a pesar de que ya ha pisado la mitad de los cuarenta, se mantiene espectacular, muy atractiva. Con su aparición, me quedo sin sangre en las venas, y tapando su visión, me disculpo ante Ana y la digo que vuelvo enseguida.  Ella me mira curiosa y sigue mis pasos para saber dónde voy.  Saludo a Elena y la explico lo que desea Anastasia, y le cuento el problema surgido con Leila;   Preocupada, asiente con la cabeza, dándome su comprensión y me mira  sin dejar de asentir. nos despedimos al cabo de un momento. Me reúno con Ana, pero en su cara leo que algo le ha molestado; me preparo para la batalla que tengo que librar para tratar de convencerla de que siendo mi socia, no tenía más remedio que saludarla.  Ella no me da un respiro e inmediatamente quiere salir a la calle, reprochándome con ironía que no ha sido presentada a aquella atractiva rubia..  Voy tras ella, que a paso ligero y sin decir nada lleva la dirección de su apartamento.  Presiento que nuestro día que había comenzado de forma fabulosa, va a torcerse de un momento a otro.  Me acerco a ella y la detengo por el codo.  Trato de explicarle lo ocurrido, pero ella me corta en seco:





- Sólo quería cortarme el pelo, nada más.  Pero tu,  mister delicadeza. me traes al lugar en donde tus sumisas se componían para agradarte. ¿ Cierto ? Y por si todo esto fuera poco, aparece Mrs. Robinson, y te da un beso en la mejilla, y la dejas que te tome por los brazos, algo que a mi no se me permite.  Y aún te preguntarás por qué he salido como una exhalación.  Sólo quiero cortarme el pelo, en un lugar en que tú no hayas tenido nada que ver, ni tus amiguitas tampoco.






He de atender una llamada. Sigo sujetando a Anastasia fuertemente, porque si no lo hago, es muy posible que salga corriendo.  Sawyer me pone al corriente de las últimas novedades de Leila: ha conseguido una licencia y se ha comprado un arma,  Supongo que me he puesto lívido porque Anastasia, me mira con los ojos muy abiertos y al ver que busco algo entre la gente que está pasando, ella hace lo mismo, sin saber qué es lo que hacemos.  Cuando corto la comunicación, con voz alterada la ordeno marchar a su apartamento a recoger su ropa: " vivirás en el mio ", la digo tajantemente.  Ella enfurruñada, se niega en redondo; el día va mejorando.  Trato de convencerla por las buenas, pero si no lo logro soy capaz de cargármela a hombros.  No sé de lo que Leila es capaz de hacer .  No sé cómo no me he dado cuenta de la terquedad de Anastasia  Plantada en mitad de la calle, la gente que pasa nos esquiva y nos mira curiosa. Seguramente piensan que es una pelea de enamorados, porque ignoran lo extremo de la situación. Estamos perdiendo un tiempo precioso; estoy nervioso por llegar pronto al apartamento, recoger lo que sea e irnos al mio, donde la seguridad es mayor.  Ella taconea ligeramente, y cruzada de brazos, me reta a no moverse.  Está bien, Anastasia , tú lo has querido.  Sin esperar más me agacho y la cojo desprevenida cargándola  sobre mi hombro, y rápidamente nos alejamos de allí.

Ella me golpea furiosa en la espalda pretendiendo que la baje de esa situación tan incómoda y llamativa, pero ésta vez no voy a ceder.

- Está bien, está bien. Bájame, iremos donde quieras. Me has puesto en el más espantoso de los ridículos.  Después del papelón que me has hecho hacer en tu salón de belleza, ahora ésto. Eres insufrible, Christian Grey.-.   Su cabeza no para un segundo de pensar.  Creo que será mejor informarla de algo.

  Explico a Anastasia que Franco, el mejor profesional de Esclava, irá a mi apartamento para hacer lo que desee. Llamo a Esclava y doy la orden a Greta de lo que quiero. Me va siguiendo dócilmente, pero de pronto se detiene y preocupada me pregunta

- ¿ Qué ocurre ? - La respondo que le arreglará el cabello, uno de los mejores peluqueros  de Estados Unidos-.  Mirándome  me dice:
- No me estás diciendo la verdad.  Esta mañana cuando te dije lo de ella frente a SIP, no le diste importancia, y ahora me llevas a toda prisa a vivir a tu apartamento ¿ qué ha cambiado?




- Leila tiene un arma. Posiblemente vaya tras de mi, pero también tu estás en peligro.  No voy a arriesgarme. Siguen buscándola pero va por delante de nosotros. Y aquí, y ahora, tengo la sensación de que nos observa desde cualquier lugar.  Así que no rechistes y haz lo que te digo.

Por fin, consigo que entre en razón. Tiene miedo.  Noto que está nerviosa y desencajada; está comprendiendo la importancia del suceso.  Yo estoy aterrorizado, no por lo que pudiera ocurrirme a mi, sino  por la cercanía de Ana . ¿ Y si fuera ella la causa de su crisis ?  No quiero ni pensar que Ana sufriera algún percance por mi culpa.  Entramos en el coche, y partimos rápidamente hacia el apartamento de Anastasia.  Una vez allí empaquetamos lo que cree necesitar y rápidamente salimos rumbo a Escala.  El tema Leila ha conseguido alterar nuestra vida y ella sigue por ahí.


miércoles, 20 de julio de 2016

Las oscuras sombras de Christian - Sombra 7 - Una chica frente a SIP

Al fin se ha quedado dormida, yo me abrazo a ella y hundo mi cabeza en su espalda, aspirando su perfume, su maravilloso perfume a frutas frescas, a primavera.  Lentamente con la sensación de tener junto a mi el cuerpo de Ana, inconscientemente rodeo su cintura con mi brazo y pongo mi pierna sobre las suyas.  La aprisiono contra mi cuerpo, y dulcemente el sueño me va invadiendo.  Me sumerjo en un sueño dulce, y reparador.

Un grito alterado, desgarrador, sale de la garganta de Anastasia.  La angustia se refleja en él ¿ qué ocurre, que le pasa ?. Enciendo la luz y veo su cara contraida por el miedo, estupor, asombro. La muevo para que despierte.  La llamo insistentemente y la agito con brusquedad, cuando compruebo que la pesadilla no remite.

- Ana, Ana. Despierta, cariño. Despierta.  Es una pesadilla


Para mi desgracia, conozco bien esos terrores nocturnos.  Pero ella ¿ de qué tiene miedo ? ¿ Tiene amenazas de alguien ? Con la imaginación vuelvo al pub y al rostro de su jefe. No él no será; tiene que ser otra cosa lo que la atemorice.  Quizá sea un recuerdo de la noche de nuestra separación. ¿ Fue tan terrible como para producirla pesadillas? ¡ Oh Dios mio, no lo permitas ! Mi Ana no puede tenerlas, nunca le haré daño.  Tras mucho insistir, consigo que despierte. Me mira con los ojos muy abiertos espantados y por fin  me entero qué se lo ha producido.

- ¡ Ella !
- ¿ Quién Ana ? ¿ Qué te asusta tanto? Dímelo Ana ¿ qué has soñado ?
- Estaba allí delante de mi
- Pero ¿ quién Ana ? ¿ A quién te refieres ?
- Esa chica igual que yo. Me esperaba a la salida... en SIP.  Conocía mi nombre.  Parecía un cadáver. Desastrada. Yo no la he visto en mi vida, pero ella sabía mi nombre y dónde trabajaba ¿ quién es Christian?
- ¿ Te dijo algo ?
- Me dijo ¿ qué tienes tú, que no tenga yo ?. La pregunté quién era y me dijo que no era nadie. ¿ Tiene algo que ver contigo Christian ?
- Me temo que si. Se trata de Leila
-¿ Quién es Leila ?
- Una ex. Por quién volví aceleradamente de Georgia. Está enferma, Ana. Necesita que le ayude, pero ha desaparecido y no dan con ella.
- ¿ Pero por qué yo ? Creo que hay algo que no me cuentas, y necesito saberlo
- No te preocupes. Se solucionará todo. Vuelve a dormir, Ésto no va contigo, sino conmigo
- No Christian. Sabe donde trabajo y como me llamo; creo que tengo derecho a saber lo que ocurre.

Tiene razón.  Ha dado con ella y eso me preocupa. Pero... ¿ cómo contarla todo lo que ha antecedido a su aparición ? ¿ Cómo decirla que probablemente sienta celos de ella,, que desea volver conmigo?  Recuerdo a Leila bonita, elegante, atrevida y extraordinaria amante, enamorada de mi y tratando de ser algo más que una compañera de juegos sexuales.  En ningún momento pensé en ella como algo más en mi vida y mi rechazo fue absoluto.  No deseaba ligarme a nada ni a nadie, pero llegaste tú, Ana, y pusiste mi mundo patas arriba.  Entraste en mi mundo y en mi cabeza como elefante en cacharrería, hasta el punto de cuestionarme todo lo que hasta entonces había sido mi vida, disciplinada, con control, amo y señor de mi mundo, de un mundo en el que no permitía entrar a nadie, hasta que te caiste en mi despacho, y en ese preciso instante, ya nada fue lo mismo.

- Christian... - me dice con voz imperiosa, y debo contarle todo o no parará hasta averiguarlo
- Verás Ana.  Mientras yo estaba en Georgia, se presentó en mi apartamento y le dio un susto de muerte a Gail
- ¿ Gail? ¿ Quién es Gail, otra de tus sumisas?
-¡ No !  Es la señora Jones
- Bien.  No conocía su nombre. Perdona, continúa, no volveré a intderrumpirte
- Según me contó por teléfono, se dirigió a mi habitación y en el cuarto de baño, buscó mi navaja de afeitar e intentó cortarse las venas
- ¡ Qué horror ! ¿ Por qué hizo tamaño disparate?


- Porque quería más... y yo no. Ante mi negativa a tener otro tipo de relación que no fuera Amo y Sumisa, me abandonó. En un principio sentí que lo hiciera; lo pasábamos bien juntos,..   Ya sabes a lo que me refiero
-Si, si. Ya lo sé y no me interesa.  Sigue
- Supe después que había encontrado a un hombre del que se había enamorado o encaprichado, no lo se muy bien.  El caso es que se casó. Desapareció de mi vida
- ¿ Cuanto hace de esto ?
- No estoy seguro, bastante...  Creo que cerca de tres años.  La señora Jones, al ver lo que había hecho, la llevó al hospital.  Allí la ingresaron en el pabellón de Psiquiatría, pero parece ser que pidió el alta voluntaria y desde entonces anda por ahí.  No está bien, Anastasia, y yo me siento responsable.  Deseo prestarle ayuda; necesita un tratamiento urgente.  Pero ella se escurre como una anguila. Cuando me llamó la señora Jones a Savannah, ordené inmediatamente que los detectives que tengo a mi servicio la buscasen sin descanso hasta encontrarla, pero ella siempre va por delante de nosotros, y aún no sabemos dónde está.

A mi pregunta de por qué no me lo dijo ayer, ella me dice que todo surgió de modo extraño, y se refiere a mi encuentro con Jack Hyde. Sencillamente, se le olvidó.  Es temprano aún e intento, tras calmarla, que volvamos a conciliar el sueño.  Que ella vuelva a dormirse y que me vea despreocupado, algo que estoy muy lejos de estar.. Nos acomodamos en  la cama y nuevamente tratamos de conciliar el sueño. Le hago la cucharita, la abrazo contra mi,  sujetando sus brazos con el mio y sus piernas con las mias.  No quiero perderla; el relato de todo lo  acontecido con Leila, me ha perturbado aún mas, pero debo ocultarlo para la tranquilidad de Ana, que ahora ha recuperado el sueño y duerme tranquila a mi lado.  Percibo su respiración lenta, pausada y tranquila, pero yo no me puedo dormir.  Bien es cierto que me cuesta mucho tener un sueño de más de cuatro horas, sólo consigo alcanzar las seis, cuando estoy con Ana y siento el contacto de su cuerpo con el mio.  Pero mucho me temo que debo dar por terminado mi descanso por esta noche.


A cuestas con mis preocupaciones, cierro los ojos y rememoro la escena posible que se produjo con Gail y con Anastasia; ambas me duelen. Leila era una chica estupenda y siento el desequilibrio que está sufriendo y más aún que sea por mi causa. Acaso ¿ ha abandonado a su marido?. ¿ Por qué insiste conmigo ? ¿ Cómo supo de la existencia de Ana ?  Y a mi memoria viene el día de su graduación y la foto para el periódico.  Seguro que ha sido así.

Ana se remueve en la cama y se pone frente a mi. Yo, con los ojos cerrados, finjo dormir. Intuyo que ella me está mirando, y siento como levanta una de sus manos levemente y la pasea a penas sin rozarme por el pecho.  Trato de no tensarme para que no se de cuenta de que estoy despierto e intuyo lo que va a hacer, pero con la yema del dedo, apenas perceptible, pasea la zona libre, y yo respiro aliviado.  ¿ Hubiera resistido si ella hubiera entrado en la zona prohibida ?  Me satisfizo que me acariciara levemente.  En ese momento abro los ojos; ya es suficiente, no tentemos a la suerte.  La miro y sonrío, fingiendo que acabo de despertarme.  Le doy los buenos días y la pregunto lo que estaba haciendo.  Ella me miente y me dice que me miraba. Me levanto y me siento a horcajadas sobre ella. Y de nuevo la excitación se instala entre nosotros

- ¿ Qué prefieres sexo o desayuno ? - Con una sonrisa desperezándose me responde
- ¿ Tú qué crees ?

La beso, la acaricio y a modo de buenos días hacemos el amor nuevamente.