lunes, 25 de mayo de 2015

La transformación de Grey - Capítulo 5 -


Nervioso y expectante, Christian iba tras Elena cuando ésta le condujo hasta un lugar que por fuera parecía una especie de pub, en el que algunas parejas charlaban animadamente.  Era un local grande, con mesitas  y divanes cómodos .  Un fondo musical con agradables y suaves melodías, luces ambientales. Era un lugar que incitaba a la conversación.  Relajado y muy cómodo. Elena era conocida en el local, y en cuanto entraron les condujeron hasta un rincón en una mesa para dos.

- Pediremos un café - dijo ella- ¿ Qué te parece ?

- Es muy bonito y agradable.  Ni siquiera conocía la existencia de este pub

- Esto no es todo. Por fuera parece más pequeño de lo que en realidad es.  Por aquella puerta - dijo señalando hacia su izquierda-  Entramos a los reservados.  En ellos puedes hacer lo que quieras, que nadie ni se extraña, ni hace preguntas

- Eso me va gustando más - replicó picarón Christian

- Espero que así sea.  Si te agrada, lo pasaremos pero que muy bien

- Estoy impaciente por verlo ¿ A qué esperamos ? -dijo nervioso

- Cálmate.  Necesitamos charlar sobre esto.  Ya has probado lo que es el sexo, y te ha gustado, pero... hay otras muchas cosas que anteceden a eso y que hacen que sea diferente cuando lo practiques.  El sexo será una recompensa si con anterioridad, digamos, que castigamos algo al cuerpo.  Se por tu madre que eres bastante peleón, y que has llegado a las manos con frecuencia con tus compañeros de instituto.  Eso no puede ser de ninguna de las maneras.  Por tanto voy a darte un mecanismo para que liberes la rabia contenida, para que la eches fuera y desterrar la agresividad.  Si lo consigues, te daré una recompensa que ni te imaginas, y si por el contrario no cambias, los castigos serán grandes y sin recompensas.

-No te estoy entendiendo- dijo confundido

- Termina el café y te lo enseñaré enseguida

Traspasaron la enigmática puerta y anduvieron por un pasillo elegantemente decorado, hasta el final del mismo.  Elena abrió la puerta con una especie de tarjeta , a todas luces personal.  No era la primera vez que lo visitaba.  Christian miraba su entorno  sin comprender porqué estaban allí, y que clase de lugar era ese.  No era extraño, pero tampoco habitual.  Elena encendió las luces, y ante ellos se mostró una habitación grande con una cama en el centro lujosamente vestida.  Unas cómodas butacas y un mueble de estilo en color caoba. A la derecha de la cama, había otra puerta, que ella le indicó era un cuarto de baño, y frente a ella otra  que abrió lentamente.  El rostro de Christian estaba expectante y al mismo tiempo, en una fracción de segundo, comprendió de que se trataba.  Un montón de artilugios colgaban de su pared.  Enlazó lo que veía con las palabras sueltas que ella le había ido diciendo.  Nunca imaginó que a Elena pudiera gustarle el sexo duro, y comprendió el motivo por el  que su marido no la complacía en ese tema. 

Giró su cabeza y se la quedó mirando, y al cabo de unos instantes logró articular una palabra

- ¿ Dónde encajo yo aquí ?- la dijo despacio

- Quiero tenerlo contigo, es así de sencillo - le respondió

- Pero yo nunca he hecho nada de esto.  La primera vez fue contigo y no utilizamos nada.  No lo necesitamos, Elena.  Tu me provocas algo que para mi ha sido desconocido hasta hace apenas unos días, y fue extraordinario ¿ Por qué todos estos cachivaches ?  Yo no necesito estimularme, sólo con abrazarte ya estoy excitado

- Pero yo si, Christian. Necesito que mi pareja sea brutal y que me castigue y yo castigarle a él.  En este caso serás tu, si así lo quieres.  No te obligo a nada, pero tienes que saber que nuestros contactos serán así, salvajes y siguiendo mis reglas.  Entenderé que no aceptes, no pasa nada, pero...Algún día puedo tener sexo normal, pero al siguiente necesitaré que seas brusco y yo lo seré contigo.  Me pasa como a ti.  Mi vida está frustrada con mi marido y necesito echar fuera eso que siento y que me hace daño emocionalmente.  Tu te sentirás mejor cuando te castigue porque echarás fuera todo lo que te corroe en tu interior, es así de sencillo.  Si quieres lo probamos hoy.  Si te gusta seguiremos adelante, si no cada uno por nuestro lado.  He de advertirte que no podemos venir a diario.  No quiero que nadie se entere ni de lo nuestro, ni de que venimos a este lugar ¿ comprendes ? Por eso tenemos que ser muy cautos.  Aprovecharemos el tiempo que  nos dejen nuestras respectivas obligaciones para estar juntos, y el resto seguiremos con nuestra vida normal.  No nos llamaremos por teléfono, ni nos veremos .  Nuestras vidas seguirán como antes de encontrarnos.  Cuando llegue Septiembre, tu seguirás tus estudios e irás a la universidad. Eres muy inteligente y no permitiré que desperdicies el tiempo

- Pero, entonces ¿ cuándo vamos a vernos? Yo quiero verte Elena, es en lo único  que pienso

- ¿ Crees que yo no ? Pero hazme caso,  será tan relajante y placentero que no necesitarás hacerlo a diario. Yo llevaré la voz cantante.  Te ordenaré y me harás lo que yo te indique y cuando yo quiera, y tu me obedecerás al instante, y mi recompensa, si así lo haces, será que me tengas en la forma que quieras y el tiempo que quieras.  Estaré totalmente para ti, pero antes serás mío y seguirás mis mandatos.  Creo que te he hablado claro.  Si no aceptas, lo comprenderé.  Es algo totalmente desconocido, más para ti,  que hasta hace dos días no habías tenido sexo con nadie.  Te sonará extremo y raro, pero créeme cuando lo pruebes no querrás otra cosa. No tendrás que pensar en nada.  Yo te enseñaré, solo tendrás que estar relajado.

Christian se quedó pensativo por unos instantes mirándola fijamente.  El sólo pensaba que iban hacer el amor sin más complicaciones, como el otro día, pero estaba decidido a tenerla y si para ello tenía que entrar en su juego, entraría. Si no le iba ese rollo, siempre tendría tiempo para dejarlo. Si,  lo probaría.  Quizás Elena tuviera razón. El no había conocido el sexo más que con ella, y fue terriblemente especial, así que si., lo haría

- Muy bien - la dijo - si es así como lo quieres, lo intentaré.  Haremos lo que quieras, pero si no es tan fenomenal como dices, no volverás a verme el pelo, sencillamente lo dejaría. ¿ Estás conforme? Tanto si tu decides no seguir, como si a mi no me convence, ambos tendremos libertad para dejarlo, y el otro no hará reclamaciones nunca.  Será como si nunca hubiéramos  tenido intimidad ¿ estás de acuerdo ? Si es asi adelante

- Totalmente de acuerdo - respondió ella - pero te aseguro que te encantará porque de eso me encargaré yo

-Bien, pues hagamos lo que sea.  El tiempo pasa rápido y yo necesito estar contigo urgentemente.  Con tantas charlas y todo esto, estoy muy excitado

- Está bien, por hoy lo haremos a tu aire, será mi recompensa por haber accedido a ello, y porque además no hay mucho tiempo, pero el próximo día, seré yo quien dirija todo ¿ de acuerdo ?

- De acuerdo...  y ahora ...

Se abalanzo sobre ella besando su boca fuertemente, salvajemente y ella tiraba de su pelo y se pegaba a su cuerpo.  Comenzaron  a desnudarse de tal forma que pareciera les iba la vida en ello.  Nuevamente la pasión se desbocó entre ellos.  Christian ya conocía lo que era el placer y comenzó por recorrer el cuerpo de su amante.  No hubo ni un centímetro de piel, que él no recorriera, y ella gemía  pronunciando su nombre y acariciando el cuerpo de él.  Eran dos cuerpos salvajes, desatados de pasión y lujuria irrefrenables.  El la tomó bruscamente, y ella, lejos de quejarse le animaba a seguir. Era el delirio y el placer nunca sentidos, al menos hasta ese día.

Aprovecharían el fin de semana que Linc estaría ausente para iniciar a Christian en el juego de Elena. Y fue un aprendiz aventajado porque ella se encargaba de llevarle por el camino que  la convenía.  Sin a penas darse cuenta se encontró inmerso en el mundo de ella, y era quién lo dirigía.  Se veía a escondidas y con mil excusas, pero nadie sospechaba nada.  Eran muy hábiles en eso.
Pasó el verano y otro curso se iniciaba.  Otro nuevo instituto en el que a nadie conocía, y lo prefería.  De ese modo evitaría complicaciones, aunque ahora ya no le importaban tanto lo que pensaran otros chicos de él.  Había crecido en estatura y desarrollado su cuerpo, por lo que aparentaba más edad de la que en realidad tenia. Las facciones de su rostro se habían suavizado algo, y su rabia interior iba calmándose poco a poco.  Elena sabía cómo  hacer para que su furia se apaciguara, no obstante, habían días en que se revelaba contra ella.  No le agradaba seguir el juego como siempre quería.  Necesitaba que alguna vez él fuera quién diera instrucciones, y poco a poco se iba planteando de que debiera ser ella la que le obedeciera, al menos en alguna ocasión, y no todo el tiempo.  Por eso, aquel día lo  expuso

-Quero hacer un trato contigo.  Creo que he sido bastante aplicado en tus enseñanzas, y creo que debo ser yo ahora el que lleve la voz cantante.

- ¿ Cómo te atreves a plantearlo siguiera ?  Expuse mis condiciones desde el principio y tu aceptaste.  No me vengas ahora con esas. Aún no estás preparado.  Deberías ir a una academia

- ¿ Qué clase de academia? Voy al instituto y saco buenas notas. No, no iré. No lo necesito

- Sigues siendo un crio - rompió en carcajadas ella- La "academia"  a la que me refiero no es para estudiar, sino para practicar lo que hacemos.  Hay cosas que debes aprender y perfeccionar, y únicamente entonces, serás quién imponga  las reglas. Hasta que eso no ocurra, seguiré siendo yo tu dueña y señora

Y tal y como ella le indicó, acudió a un lugar que  Elena conocía, y allí practicó durante un tiempo.

Basado en la novela de E.L.James " Cincuenta sombras de Grey "
Texto por: 1996rosafermu

 

La transformación de Grey - Capítulo 3 -


Christian no podía esperar. La susurraba al oído palabras que reflejaban su exuberante estado de ánimo. Ella sonreía constantemente satisfecha porque había conseguido que aquel muchacho de quince años recién cumplidos, hubiera dejado de ser virgen, y fuese ella la que lo consiguió.  Bien es cierto, que su extasis había sido en grado sumo.  Nunca había sentido nada igual cuando hacía el amor con su marido.

El señor Lincoln, era frio , rutinario, iba a poseerla sin tener en cuenta las necesidades que ella pudiera tener.  Que el hecho de ser mujer no significaba que no pudiera tener algunos deseos concretos, y que cuando a veces se lo había pedido, éste había liquidado la situación en menos que canta un gallo, quedándose ella como si nada hubiera pasado entre ellos.

Por eso, al descubrir el deseo de posesión de aquel adolescente, aprovechó la ocasión para guiarle en sus deseos, y así lo haría en lo sucesivo.  Tenía la suerte de que era novato, y al menos hasta que tuviera más experiencia, ella llevaría la voz cantante.

Christian volvió a sus caricias, a sus besos y nuevamente, se entregaron uno al otro.  El placer inundaba sus cuerpos y sus pensamientos.  Nada ni nadie lograría que se rompiera aquel vínculo que acababan de crear.

- Por favor, Christian, ya vale.  No puedo más- decía ella entre jadeos
- Elena...  te deseo tanto...
-Lo entiendo.  Yo también te deseo.  Ha sido increíble, pero hemos de terminar...  al menos por hoy.  Por cierto ¿ qué hora es?
- ¡ Dios mío ! son las seis de la tarde - dijo un asombrado y perplejo Christian ¿ Cómo hemos podido estar todo este tiempo ?
-Tienes que vestirte ya. Mi marido llegará en un momento
- ¿ Lo repetiremos otra vez?
- Ya veremos.  Tenemos que hablar, pero ahora... ¡ vamos, muévete de una vez!  Si nos pilla aquí, nos mata

Ambos se vistieron rápidamente y arreglaron la cama totalmente revuelta.   Hecho esto, Elena echó un vistazo a la habitación, mientras Christian terminaba de ponerse las deportivas.  Todo estaba en orden, como si nada hubiera ocurrido

- Hemos de ser muy prudentes - repitió ella- no pueden pillarnos, de lo contrario tendríamos que romper
- Por mi de acuerdo.  Tendremos cuidado

La atrajo hacia si y la beso fuerte en la boca

- Me voy ¿ vuelvo mañana?
- Claro, pero no se si tendremos la suerte de hoy.  No puedo mandar a Ruth todos los días al supermercado.  Pero ya me inventaré algo.  Pero antes de que lo hagamos otra vez, tenemos que hablar
- Pero... ¿ de qué ? - preguntó él algo inquieto
-De muchas cosas que nos harán extremadamente felices.  Lo de hoy ha sido una pequeña muestra, para lo que  tengo pensado. Y ahora vete, por favor. Estoy nerviosa
- Adiós Elena

Salió de la casa mientras ella terminaba de arreglarse. Se maquilló y peinó su cabello.  Cuando su marido llegó, la encontró cocinando , preparando la cena .  En su actitud y en su rostro, nada hacía presumir que había tenido una tarde tormentosa.

Lincoln depositó sin apenas rozarla, un ligero beso en la mejilla.  Abrió el frigorífico y cogió una cerveza dispuesto a bebérsela mientras veía por televisión un partido de rugby.  Ella pensaba " nada que ver con Christian.  Dios mío qué muchacho.  Ha sido increíble. Es un auténtico volcán , y será solito para mi".

Christian, cubrió la distancia desde la casa de Elena, a la suya, corriendo.  No sabía muy bien porqué corría.  Quizá necesitaba quemar adrenalina.  El día se había presentado interesante y no digamos el resto...  hasta llegar a la tarde y su despedida hasta el día siguiente.

- Creo que me he enamorado de ella. ¡ Ha sido fabuloso ! Ni en mil años, hubiera imaginado algo semejante.  Si alguien me hubiera dicho que mi primera vez iba a ser tan excitante, no me lo hubiera creido.  Peter siempre alardeaba de su primera vez, pero luego resultó que ni siquiera se había corrido. ¡ Menudo fantoche !  Esta mujer es...Tiene un cuerpo  que te hace vibrar aunque no quieras. Es perfecta.  Todo en ella es fabuloso, sus piernas, su rostro, sus pechos...  Me ha vuelto loco. Si me dice que me tire de cabeza a un pozo, lo haré sin dudar.  Quiero que sea mi maestra en los placeres del amor, del sexo y de la vida. Y yo la prometo ser un alumno aventajado.  Y ahora he de calmarme, o de lo contrario mi madre me notará algo raro, porque estoy raro.  Puedo decir que soy un hombre, aunque tenga la edad de un crio.  Y se lo debo a ella, a mi ángel, mi amada Elena.

Cuando llegó a casa, no encontró a nadie más que a la señora que ayudaba en las faenas caseras

- Mejor, así cuando llegue mi madre, ya me habré duchado y tranquilizado un poco.  Volvería hacer el amor de nuevo, ahora mismo. Santo cielo ¡ qué mujer !

Se dio cuenta que no había comido nada en todo el día, y ella tampoco. Se habían alimentado de amor.  Pero de repente sintió un hambre espantosa, y decidió bajar a la cocina a prepararse algo, u olisquear lo que estaban cocinando.

- Hola - saludo a  Marta que así se llamaba la buena mujer- ¿ Podría comer algo de lo que estás preparando ? huele de maravilla
- Claro que si.  Para eso lo estoy haciendo. Ala, siéntate que ya mismo te lo sirvo
- Es que hoy he trabajado muchísimo y me siento hambriento
- ¡ Cómo no..., a tu edad !
-¿ Qué tiene que ver mi edad para tener hambre?
- Mucho... te estás criando.  Te estás haciendo mayor y tu organismo necesita que comas para que seas un muchachote fuerte
-Ya soy mayor, Marta - replicó Christian todo ofendido

Dee repente, su cabeza se llenó de las imágenes de lo vivido en casa de los Lincoln y sonrió levemente

- ¡ Ay Marta, si tu supieras! Me ves como un niño y sin embargo hoy he sido un hombre apenas sin pensarlo.  Y me lo han servido en bandeja..

Marta como si leyera en lo que estaba pensando, continuó:

- Vas a ser un joven muy guapo, bueno ya lo eres.  Seguro que las chicas de tu instituto andaran detrás de ti, y quizá las no tan chicas.

Alarmado preguntó a la mujer

- ¿ Por qué dices eso ?  No creo que ninguna mujer,  mayor que yo, se fije en mi
- Qué inocente eres, Christian.  ¡ Hay cada lagarta por ahí suelta, que ya lo creo que darían algo por que tú les dieras aunque solo fuera una mirada !
- ¡ Vamos Marta !. Me conoces desde pequeño y eso te hace hablar de esa forma
- Si, si...  Yo se porqué lo digo.  Hay algunas miradas que taladran
- ¿De qué estáis hablando?- la voz de Grace se oyó en ese momento- ¿ Qué le estás contando a mi hijo, Marta?
-¡ Hola mamá !

Grace se quedó maravillada, del chico que tenía frente a ella. Sonriente y relajado.  Había abandonado ese rictus amargo que marcaba su entrecejo, y ahora sus hermosos ojos grises, destacaban con un brillo inusitado.  No quiso hacer ningún comentario para no sembrar dudas en él.  Pero notó a su hijo muy diferente.  ¿ Será por el trabajo ?, se preguntaba, e interiormente bendijo el momento en que su amiga le pidió que la ayudase.

Impaciente como nunca, comenzó su jornada descargando cascotes al día siguiente. Miraba impaciente una y otra vez al lugar por donde siempre aparecía Elena. Pero ella no apareció.

- Es muy temprano. Quizás esté durmiendo todavía- se dijo

Pero la mujer de sus sueños no se dejó ver.  De mala gana, hizo un alto en el camino para comer el sandwich que le habían preparado en casa.  Ni siquiera el consabido zumo de limón estaba presente ese día.  Se acercó hasta la cocina y solicitó a Ruth que le diera algo de agua, para calmar la sed.  La mujer solícita le ofreció el vaso de zumo y le puso una jarra de agua con hielo  para más tarde.  Sabía que no debía preguntar por ella, pero no pudo contenerse y, aunque disimuladamente, averiguó el porqué Elena aún no había hecho acto de presencia.

- Se levantaron esta mañana y se fue con su marido. Tenía que ir a la peluquería, así que decidió pasar el día en la ciudad y comer con el señor.
- Se me hacía raro no verla por aquí- fue todo lo que se le ocurrió decir.

Pero en su interior, sintió como un latigazo al comprender que ella tenía su vida, que estaba casada y se debía a su marido y no a él.  Una rabia incontenible le hacía que cargara los escombros con más furia que de costumbre.  No soportaba imaginar a Elena en brazos de él.  Unos celos irracionales se apoderaban del chico.  Todo rastro de humor se había esfumado y la alegría del día anterior, simplemente había desaparecido

- Si se cree que me va a tener como un juguete, está muy equivocada.  No volveré a verla, eso es.  Pondré cualquier excusa y no apareceré más por aquí-  mascullaba malhumorado

Pero la idea de no volver a estar más con ella, le volvía loco.  No entendía el por qué  de esa repentina pasión por Elena. Era imposible se hubiera enamorado, pero...

 - Ha sido el sexo increíble que experimenté ayer.  Fue la primera vez en mi vida, y... ¿ será siempre igual, o es porque es ella ?.   Dijo que antes de nada teníamos que hablar. ¿ De qué, por qué ?  Nunca entenderé a las mujeres. Podemos estar juntos o no, punto. Se resume todo a eso, y lo entiendo.  No quiero ni pensar si su marido llega a enterarse que estuvimos en su cama revolcándonos como dos salvajes.  No estuvo bien, no señor.  Es posible que, pasado el calentón, a ella le remordiera la conciencia, y por eso ha querido estar con él.  Bueno, tiene su lógica.  Me pensaré si quiero volver mañana.



 Texto:  Basado en la novela de E.L. James, Cincuenta sombras de Grey
Fuente:  1996rosafermu

 

domingo, 24 de mayo de 2015

La transformación de Grey - Capítulo 2 -


 A Grace  la extrañó que llegase tan contento y sonriendo, cosa que ocurría muy de tarde en tarde.  No se lo explicaba, después de haber tenido una jornada agotadora y de no haber parado más que para  almorzar

- Cuéntame hijo, ¿ qué tal te ha ido? Vendrás cansadísimo ¿ no?
- Si lo estoy, pero lo cierto es que se me ha dado bien.  Me ha dicho la señora, que vuelva mañana.  Creo que tendré para bastantes días.  Ese contenedor es un pozo sin fin. Voy a darme una ducha y ahora bajo para cenar
- Muy bien, cariño.  Me alegro mucho de que estés tan... tan... ¿ puedo decir contento?
- Si lo puedes decir con todas las letras.  Quizá  lo que necesitaba  era un trabajo y no tanto instituto
- Christian... sabes que tienes que estudiar.  No tienes más remedio. Anda  ve a  ducharte..   Estarás muerto de hambre
- Voy. Ahora bajo

¡ Dios mio ! ¿ por qué no será siempre así ? - suspiró Grace mirando al techo como si de allí pudiera bajar la respuesta.

Se metió en la ducha sonriendo

- ¡ Qué cándida es mi madre ! - se repetía, mientras se enjabonaba el cuerpo sudoroso y sucio por el polvillo de los escombros.- La quiero muchísimo.  Ella siempre está a mi lado.  Creo que sería hora de llamarla mamá, como hacen Elliot y Mia. ¿ Debo proponérselo, o hacer como que me ha salido espontáneamente?

Cenaron los dos solos Carrick aún no había regresado de su viaje, y lo haría en breves días.  Y con él también regresarían sus hijos.  Estará la familia al completo

- Mamá ¿ me pasas la mayonesa ?- dijo Christian, dejando caer la frase
- ¿ Cómo has dicho ? Perdona estaba distraída

Sabía muy bien que no era distracción, sino la extrañeza de oírle pronunciar la palabra mamá, tanto tiempo deseada, y por fin pronunciada

- Mamá ¿ estás bien ?

Grace emocionada, apretó la mano de Christian, es todo lo que podía rozarle.  Esperaba que el segundo dique a romper, vendría por si solo y en algún momento le podría abrazar.  El primer paso ya lo había dado y esa bendita palabra, había sido igual que un coro celestial para ella.

No hablaron más del tema, pasaron de puntillas por él, como si hubiera sido la cosa más natural del mundo aunque no lo hubiera sido.  Sentados en el salón no charlaban, inmersos cada uno en sus pensamientos.  Al cabo de un rato, Christian comenzó a sentir que sus músculos pedían descanso, y dando un beso a su madre en la mejilla, se despidió de ella hasta el día siguiente.

No sabría decir si fue el cansancio, o lo inesperado de su encuentro con Elena, pero el caso es que durmió a trompicones, entremezclado con sueños inconexos.  Se despertó con las primeras luces del día.  No sabía por qué lo hacía, pero se esmeró más en su aseo personal.  No faltó el desodorante, siempre arrinconado   sin usar.   Pasó su mano por la mejilla y comprobó que la pelusa comenzaba a convertirse en una prematura barba.

- Bah... todavía paso sin afeitarme -.  Echo en su mano un poco de perfume y se frotó el pelo con ello. Dio un último vistazo en el espejo y pasó a su habitación. Se vistió, y bajó las escaleras que le separaba del resto de la casa.  Grace ya estaba preparando el desayuno.  Su turno comenzaba a las ocho de la mañana, y tenía el tiempo justo de tomarse un café con él, como así hizo.

Por el camino, iba nervioso y no se explicaba el motivo de esa excitación.

- Seguramente  hoy no la veré. " No  seas bobo Christian ¿ qué estás forjándo en tu cabeza, acaso crees que se va a repetir lo de ayer? Eres un gili niñato. Está casada.  Vuelve a la tierra. Eres un crio para ella.  Despierta chaval"
 
Durante el trayecto, iba haciéndose esas reflexiones, y por muchas vueltas que daba no encontraba el motivo del que pensase de esa forma tan absurda, tan sólo por un buen bofetón y una cita para trabajar al día siguiente.

- Basta ya Christian. Basta ya.- se dijo malhumorado, y lentamente llegó hasta la casa

Llamó a la puerta como hiciera el día anterior, y volvió a recibirle Ruth.  Le preguntó si quería desayunar y ante su negativa, se excusó con que debía comenzar el trabajo rápidamente.

A media mañana apareció Elena como si tal cosa. Acababa de levantarse y todavía llevaba puesta la bata.  Sostenía entre sus manos, una taza de café recién hecho, y como de costumbre sonrió al chico que no paró de trabajar, ni cuando ella comenzó una ligera conversación.

- En el frigorífico tienes una jarra de zumo, que Ruth ha dejado hecho antes de irse
-¿ Se va ? - preguntó extrañado Christian
- Si tiene que hacer unas compras en el centro comercial para que las traigan mañana, y ya no regresará.  Irá a su casa después- comentó ella
- ¿ Asunto de qué me está contando este rollo, a mi qué me importa ? - dijo para sí Christian
- Voy a ducharme - es todo lo que ella dijo

Al cabo de media hora, estaba nuevamente ante él. Christian no podía abrir más los ojos de asombro. Allí estaba otra vez a medio vestir, sólo con una combinación de fina tela que se ceñía a su cuerpo como otra piel, y dejaba entrever las armoniosas formas de la mujer.  Al verla, no pudo por menos que detenerse un momento en el camino al contenedor. Era una visión espectacular la que tenía ante sus ojos, pero era consciente que la estaba mirando fijamente, y es muy posible que volviera a enfadarse como el día anterior

-Christian - dijo de pronto - ¿ cuántos años tienes ?
- Acabo de cumplir,  hace unos días quince, señora.
- ¿ Por qué me llamas señora? ¿ Te parezco muy mayor ?
- No..., y si me lo permite...  me parece un ángel
- ¿ Nunca has estado con una chica? ...  bueno.-.. ya sabes.  Besándote y eso... o algo más

Christian tragó saliva, sin saber qué decir.  No entendía muy bien el jueguecito que se traía.  ¿ A qué venían esas preguntas, a ella qué la importaba lo que hacía con las chicas?  Cortó en seco sus reflexiones, cuando comprobó que ella avanzaba sonriente hasta donde él estaba

- Ven conmigo.  Hace mucho calor aquí fuera.  Descansa durante un rato, y asi luego rendirás más y mejor- dijo una insinuante Elena
- No gracias, estoy bien.  No hace falta que se moleste por mi
-Puedo asegurarte que no es ninguna molestia, muy al contrario todo un placer

Dijo las últimas palabras  como arrastrando las letras, al tiempo que le tendía una mano.

- Vamos no seas crio. Yo te veo ya muy mayor.

Fue acercándose a él y su brazo extendido subió hasta su cabeza, aproximando su cuerpo al del muchacho, que perplejo no alcanzaba a comprender el juego de ella.

No le tocaba, sólo su nuca, pero aproximó sus labios a los de Christian, que sin poderlo evitar respondió abrazándola fuertemente y juntando su cuerpo al de ella.  Fue un beso intenso.  Nunca le habían besado, ni él tampoco lo había hecho de,  esa forma, y con esa mujer tan bella.  No importaba nada , sólo la excitación que sentía.  Al cabo de unos instantes, ella se separó de él. Sudaba como nunca lo había hecho, y ella reia.  Y cuanto más reia, él más se excitaba.  Al fin, Elena le agarró de la mano y le condujo hasta el dormitorio.

Al entrar , comprobó que era el de matrimonio, y por un momento, pensó que no estaba bien lo que iban hacer, que se veía bien a las claras, cual era el objetivo de ella

- Pero... es tu cama y. . .
- Si es mi cama de matrimonio, pero ahora él no está, así que vamos a disfrutarla nosotros. ¿ Te has acostado con alguien?
- No. Ya te lo he dicho
- Muy bien.  ¡ Un regalito !
-¿ Qué quieres decir con un regalito?
- Ya lo sabrás. Acércate

Cristian hizo lo que le pedía y fue hasta donde estaba ella, que lentamente comenzó a despojarse de su ropa. e  hizo lo mismo con Christian  Estaba como paralizado.  No sabía muy bien lo que estaba ocurriendo, pero fuera lo que fuese, le gustaba.  Sentía algo en su cuerpo nunca antes vivido.      Dejó de pensar si estaba bien o mal y  dio  paso a sus instintos.  Sus manos acariciaban la suave piel de la mujer recorriendo su cuerpo.   También ella se deleitaba  rozando suavemente   sus brazos,  con cuidado de no tocar ni su pecho ni su espalda.  Al fin,  juntos se tumbaron en la cama.

Elena besaba a Christian y él respondía de inmediato. Paseó insistentemente  sus manos por el cuerpo desnudo de ella  y recibía las caricias de la mujer, pero no en todo él ¿ Cómo ella sabía dónde no podía tocarle? .

Christian estaba totalmente desatado.  Su juvenil cuerpo respondía a las caricias que ella  le dedicaba. Elena, igualmente, sentía  la misma excitación.  Ni una sola vez mencionó querer tocarle en el pecho ni en la espalda.  Se limitaba a acariciar su cabeza y sus muslos tensos, musculosos.  Llegó a un punto, que a pesar de su inexperiencia, supo lo que su cuerpo reclamaba y obtuvo sin ningún impedimento por parte de ella.  En un principio se mostró algo torpe, pero siguiendo algunas instrucciones de Elena llegó a un clímax placentero como nunca había sentido, y por la respiración agitada de ella, se daba cuenta de que también había disfrutado de su placer.

Agotados por el intenso orgasmo, Christian  se dejó caer sobre  el pecho de Elena, que era acariciado por sus manos.  Era la primera vez que estaba con una mujer. Hasta entonces , sólo habían sido ligeras caricias con las chicas del instituto, pero lo ocurrido entre ellos había sido el éxtasis en su máxima potencia.  Tardaron un rato en acompasar sus respiraciones.  El se incorporó  y vio que Elena sonreía feliz y extasiada, y nuevamente unieron sus labios en un apasionado beso.

No deseaba que aquello terminase nunca.  Deseaba a aquella mujer.  Necesitaba volver a tenerla una y otra vez.  Ella reía a carcajadas y con ello expresaba que estaba dispuesta a repetir la experiencia, una vez se hubieran calmado.






Basado en la novela de E.L.James
Fuente: 1996rosafermu