jueves, 9 de junio de 2016

Las obsesiones de Christian - Obsesión 4- Mía

Ni siquiera se me había ocurrido viajar con mis anteriores chicas. Ni yo mismo podía creerlo ¿ qué fue lo que me hizo pensar en ello? No lo ´se, ni me importa. Fue un impulso y tal y como lo pensé, lo hice. Iríamos  por la autopista, en el coche, pero imaginé que sería más pesado, así que no, decididamente viajaríamos  en el helicóptero.  Anastasai estaba muy sorprendida, porque hay que reconocer que no es un medio muy común para conquistar a una chica.  Pero ella estaba radiante ante  la idea de viajar de noche a una ciudad,  no muy distante, pero que siempre lo había hecho por carretera.  La misma excitación,  ante la aventura,  que sentía ella, la experimentaba yo.  Era una novedad, y pienso que he perdido el tiempo al rechazar la compañía de una mujer en el Charlie, o quizá sea porque es Anastasia quién me acompaña.


En menos de una hora estábamos en la terraza de mi apartamento. Mi impaciencia iba en aumento, al tiempo que el nerviosismo; ambas cosas iban parejas, y la incertidumbre  por cómo plantear la relación que sin duda deseaba tener con ella, pero no estaba seguro en cuanto a su respuesta.. La señorita Steele no paraba de dar sorpresas. Mi excitación estaba provocada,por lo que acontecería no tardando mucho. Sexualmente soy activo y aunque me controlo bastante, hay ocasiones en que es difícil no sentir impaciencia.  La pequeña Steele era lo que me provocaba: un sentimiento ignorado totalmente hasta ahora.

Y a  en el apartamento,  la veía vulnerable, pero al mismo tiempo decidida y valiente; cada vez me sorprendía más.   Lejos de estar nerviosa miraba todo con curiosidad. Acariciaba el piano, contemplaba  los cuadros y me hacía preguntas.  Yo le daba la información que requería.  No deseaba ocultarla nada que pudiera perturbarla.

Llevaba el documento de confidencialidad en una mano, y en la otra dos copas y una botella de vino para que fuese más llevadera la conversación que íbamos a tener , ya que Anastasia, tenía una mente como una esponja y quería saber todo.  Destapó la pluma que le ofrecí para la firma, y sin vacilar ni un solo instante, estampó su rubrica en el papel. No me lo esperaba; creí que al menos leería lo escrito allí,  por lo que se comprometía a no hablar de la relación que íbamos a tener de un momento a otro.  No sé si sería duradera, o por el contrario saldría despavorida cuando conociese la verdad de lo que iba a proponerla.  Y sin más preámbulos le expliqué en que consistiría nuestros esporádicos encuentros de fines de semana, si es que aceptaba mis reglas.

Ella parpadeaba curiosa; me dio la impresión de que no tenía  ni idea de lo que la estaba  diciendo. Presentí  que era  un mundo desconocido para ella, pero no tenía dudas.  Guardaba silencio mientras le planteaba la situación. Extendí mi mano para llevarla al lugar que sería testigo de nuestros placeres.  Ella no dejaba de mirarme y se veía indecisa, pero al fin aceptó mi mano y tranquila la llevé a mi cuarto del placer.

Todo lo que recuerdo es que reccrría la habitación con los ojos muy abiertos, como queriendo absorber todo lo que estaba viendo por primera vez en su vida.  No hablaba, no decía nada y yo comenzaba a intuir, que mis planes se desmoronaban como una torre de naipes.  Dio unos pasos, contempló más detenidamente algunos objetos, y al final comenzó a preguntarme:

-¿ Por qué todo esto ?
- Me gusta. Este es el tipo de relación que deseo tener... contigo.  No te obligo a nada.  Si quieres irte, lo entiendo.  Asusta un poco al principio, pero cuando lo conoces compruebas que es placer.
- No creo que así sea . ¿ Por qué yo ?
- No lo sé. No te puedo responder, pero hay algo que me lleva hacia ti. No hay explicación. Me sentí atraído  desde el primer momento en que te conocí, y desde entonces en mi cabeza imaginé las fantasías que podríamos tener en esta habitación, si llegas a aceptar
- Pero yo ...  ni siquiera conocía que ésto existiera. No creo que pueda seguirte. ¿ Tengo que pegarte con ésto ? - me preguntó señalando las varas y los látigos.
- No, seré yo quien lo emplee en ti si cometes alguna infracción.  Será el castigo.  Después llegará el placer
- Te estás riendo de mi. No creo que  agrade a nadie que le peguen con estos artilugios. ¿ Y si no acepto ?
- Pues te llevo de regreso a  casa, y no ha pasado nada, pero la confidencialidad sigue en curso.
- ¿ Por qué no tenemos una relación normal.? Me gustas Christian, pero todo esto me asusta un poco
- Es lo que deseo, pero no quiero que me sigas sin conocerlo a fondo. Investiga y después de hacerlo concretamos el acuerdo.  Saltándome las reglas que yo mismo me he impuesto, y como una excepción, esta noche lo pasaremos bien con el método tradicional. Espero que eso te complacerá más ¿ no ?
- Con el método normal...



Me extrañó que lo dijera con una expresión rara, bajando la cabeza. Sonó una alarma en mi interior: "ya está,  es lesbiana". Pero acababa de decirme que le gustaba, ¿ entonces qué ocurría ? Decidí abordar el tema de una vez.  La impaciencia me estaba jugando malas pasadas: tenía que saber de una vez si íbamos a acostarnos juntos o no.

- ¿ Qué te gusta del sexo ?
- Pues ...
¿ Por qué demonios duda, qué le pasa a esta chica ?
- Si,¿ Qué te gusta hacer o que te hagan cuando haces el amor?
- No lo sé- respondió bastante nerviosa
- Oye, creo que me ocultas algo, y la relación se basa en la confianza. Vamos a tener intimidad y eso requiere que seamos abiertos de mentes, pero también sinceros en nuestras preferencias.
- Si, si, lo entiendo. Pero...  es que yo...  nunca he estado con un hombre
-¿ Queeé ? ¿ Nunca te has acostado con nadie, eres ... ?

Me quedé helado, cuando la vi asentir con la cabeza.  Ni siquiera se atrevía a mirarme. Me dio pena porque para ella no fue fácil confiar a un desconocido, que hacía poco  había visto por primera vez, algo tan íntimo para una mujer. La acaricié para que se tranquilizara, y aunque no era una situación nada común en estos tiempos, reconocí que yo nunca había tenido que desvirgar a ninguna chica, todas eran expertas en el sexo, con lo cual fue una novedad también para mi.  Decidí tomar las riendas de la situación y terminar de una vez con la violencia que ambos sentíamos.

- Pero ... ¿ tú quieres que yo te haga el amor ?

 La pregunté rezando interiormente para que dijera que si.  Algo primitivo hacía que deseara a Anastasia con todas mis fuerzas. Sólo desee a una mujer de esta forma cuando era adolescente y fue a Elena. El resto de las chicas que pasaron por mi vida fueron tranxaciones sexuales entre ellas y yo, muy placenteras ciertamente, pero no me produjeron la excitación e impaciencia que sentía frente a esa chica vulnerable a la par que atrevida que se ofrecía a mi sin saber a ciencia cierta cómo iba a ser el paso que daríamos a continuación.



Se dejó hacer, no sentía vergüenza, al menos yo no lo percibí cuando desnuda la tendí en mi cama. No quitó su vista de mi, observando cada detalle de mi cuerpo.  Era la primera vez que veía a un hombre desnudo y era la primera vez que sentiría su cuerpo invadido por un extraño. La acaricié, la besé y recorrí cada centímetro de su hermosa piel. Sus labios exhalaban ligeros suspiros que yo ahogaba con los míos.


 Arqueaba su cuerpo y entornaba los ojos, entre abriendo la boca, y llegado a este punto, enlace mis manos en  las de ella y tomé posesión de su exquisito cuerpo.  Ella clavó sus uñas en mis manos cuando se sintió invadida y un quejido me indicó   que había conseguido el objetivo. La pequeña señorita Steele había dejado atrás su inexperiencia, había dejado atrás su virginidad, y a mi  debía su primera experiencia sexual, y su primer placer de mujer.





viernes, 3 de junio de 2016

Las obsesiones de Christian - Obsesión 15 - El adiós

Dudo, no quiero irme, porque se que en cuanto lo haga, la perderé irremediablemente.  Miro hacia la ventana. Llueve incesantemente; el sol se ha ocultado.  Es como si la lluvia quisiera acompañarme en mi desolación.  Ana se va.  Nos prometíamos un fin de semana maravilloso, y a cambio la pierdo, la pierdo sin remedio. ¿ Por qué aceptaría su apuesta ? ¿ Por qué ? Y vuelvo a escuchar su débil voz entremezclada con un suave llanto. Me pregunto qué es lo que sentí mientras la azotaba. ¿ Era deleite, venganza, satisfacción, dolor  ? En mi cabeza se repetía monótona una plabra: puta, puta, puta, puta, puta, puta.  Seis veces,seis azotes con furia. En ese momento me convertí en un bestia; en la reencarnación del "hombre malo".  No pude salvar a mi madre, ni tampoco a Anastasia. Su vocecilla me saca de mis pensamientos.

- Vete, por favor.  No prolonguemos más esta agonía.



Trato de untar sus nalgas con el ungüento, pero ella no me lo permite y rechaza el calmante. Yo estoy consternado; no es ésto lo que esperaba ni lo que buscaba.  ¿Por qué la hice caso ? ¿ Por qué no comprendí que era una brabuconada, que lo que pretendia es que yo cediese y la permitiera tocarme?  Soy un imbécil, un estúpido ¿ Cómo he podido hacerla daño ? yo que siempre se lo he repetido millones de veces que nunca lo haría. No encuentro las palabras ante la desesperación que intuyo ante  su abandono.  Me tiendo a su lado y trato de abrazarla; ella me lo permite.  Hundo la cabeza en su cabello y la pido perdón con el mayor sentimiento del que soy capaz.  Pero ella me rechaza y me dice lo que no deseo escuchar

-No soy mujer para tí. Tu necesitas ésto y yo no soy capaz de dártelo. No puedo seguir así.  Te quiero Christian, me he enamorado de ti, y todo lo que te pido es que me dejes acariciarte y demostrarte lo importante que eres para mi. Tu no me necesitas, así que es mejor que lo dejemos. Voy a marcharme .  Ha sido algo imposible; no podemos hacernos daño mutuamente, porque nos destrozaría.  Ahora te ruego que salgas de la habitación. Voy a vestirme

Esta vez obedezco.  Está decidida a irse y lo hará, y yo habré de pagar por lo que nunca debí hacer.  Perdí el control. En mi cabeza bailaron imágenes de mi niñez, de los momentos vividos en ese cuarto, ahora maldito. Si,  lo maldigo porque ha sido testigo del sufrimiento de Ana, y maldigo mi mano que se lo infringió.  Estoy maldito todo yo.  He tenido un ángel a mi lado y le he perdido.

 Y salgo de la habitación, y lentamente, sin ánimo, llego al salón y me siento mirando al exterior sin ver.  En mis pupilas está la imágen de Ana agarrada fuertemente a la mesa para no gritar,  resistiendo.


 Esa imagen me persigue; paso mi mano sobre la frente para ahuyentarla, pero no lo consigo. Veo su silueta, ya arreglada para marcharse. Deja todos mis regalos encima de la mesa y las llaves del coche junto a ellos. Con voz trémula, pero firme, me pide el importe del coche vendido por Taylor. " Te enviaré un cheue ", digo sin mirarla.  No tengo valor para hacerlo, aún a sabiendas que será la última imagen que tenga de ella.  Espera unos instantes y dando media vuelta entra en el ascensor y se va.   Desaparece de mi vida.




El silencio del apartamento me abruma. Hasta hacía pocas horas, eran las risas de Anastasia las que resonaban jugueteando por ver si la alcanzaba; ahora sólo se escucha el sonido de la llovia repiqueeando sobre los cristales. Taylor la ha llevado a su casa.  Me encierro en mi cuarto, no quiero ver a nadie. Veo sobre mi almohada un paquete con una nota. Ha debido ser ella la que lo ha dejado ¿ Se le ha olvidado algo ?.  Por unos instantes siento un asomo de alegría: si se lo ha dejado, aún tengo la esperanza de poder llevárselo.  Pero no. Ha sido ella y a propósito. Enciendo una luz baja, para que no me dañe los ojos. Los tengo ardiendo, me duelen , me duelo todo, el corazón la cabeza. Tomo el paquete entre mis manos y en la caja hay una maqueta de un planeador y una nota escrita a prisa con la letra de Anastasia " Esto me recordó un tiempo feliz .  Ana ". La aprieto en mi mano y la beso, y entonces ya no puedo contener el llanto que me asfixia.  La última vez que recuerdo haber llorado, fué cuando me separaron de mi madre. Fue un llanto como este: aterrador, como si una mano de acero me apretara el corazón la garganta y todo mi cuerpo.


Ignoro el tiempo que permanecí llorando, sentado en el suelo a los pies de mi cama. La cabeza me estalla, pero no siento  el dolor de ella, sino el de mi corazón destrozado, hecho mil pedazos.  Unos golpes en la puerta y la voz de Taylor notificándome que la señorita Steele, ya estaba en su domicilio

- Esta bien Taylor. Gracias. Puedes irte. No voy a necesitarte
-¿ Le traigo algo de comer ?
- No, gracias. No quiero nada.. Lo único que deseo es estar solo. Puedes irte.

Me sento  en la cama y abro la caja del planeador. ¿ Lo armo ? No tengo ganas, pero era su último regalo. Si lo armaré y de esta forma me haré la ilusión de que una parte de ella está conmigo.
Tardo mucho en armarlo; no me concentro.  Lo dejo a un lado y vuelvo a cogerlo. Anochecía cuando está terminado.  Ni siquiera me he dado cuenta, de que la noche se acercaba. Esa noche que íbamos a disfrutarla plenamente, felices de estar nuevamente juntos y que ya no será posible.  Me distrae una llamada de teléfono.  No quiero hablar con nadie, pero ¿ y si fuera Anastasia que desea que volvamos?  Nervioso respondo a la llamada. La desilusión más absoluta recorre mi cuerpo.  En este momento no quería escuchar esa voz , que me anunció mi fracaso con ella. Elena me preguntaba que cómo estaba.  No tengo fuerzas ni ganas para responderla, pero lo hago con el ánimo de terminar cuanto antes



- Hola Elena  cómo estás ?
- Christian ¿ qué te ocurre ? Creí que estarías con Anastasia y pensando en ello , te llamo a estas horas, porque supongo que se habrá marchado ya.
- Si Elena, se ha marchado - la respondo con desánimo
- ¿ Te ocurre algo,?
- Tenías razón cuando  dijiste que saldría corriendo. Eso es lo que me ocurre, se ha marchado. Y ahora si me perdonas, no deseo seguir hablando. Me duele terriblemente la cabeza
-¿ Quieres que vaya y hablamos ?
- No por favor, hoy no. Voy a meterme en la cama en cuanto cuelgue de hablar contigo.
- Está bien. Si me necesitas llámame.  Sabes que estoy a tu disposición
- Si, si.  Ya lo sé. Adiós.

Y cuelgo.  No soporto oir su voz; ahora no. Me tumbo en la cama mirando al techo, buscando el sueño que me permita, siquiera,  poderme olvidar de todo.  Pero el sueño, también se ha ido con ella y a cambio han quedado ls horribles pesadillas, de nuevo.   Me despierto sudando y con una sensación de angustia, que se une a la que ya siento. Miro a la ventana y veo que comienza a clarear un nuevo día. Me levanto y con un chándal me dispongo a correr.  Quizá con el ejercicio consiga disipar la tristeza que siento.  Y corro, y me empapo de sudor y de la fina lluvia que está cayendo. No llevo rumbo fijo, ni siquiera lo planeo, pero mis pies me llevan hasta su casa, cerca de donde ella, posiblemente esté durmiendo.  Miro hacia la ventana y no hay luces, ni señales de vida.  No hay nada. Si al menos pudiera verla un instante.  Es temprano, hizo un largo viaje y muchos excesos y emociones. Estará rendida y seguramente duerme. No sé el tiempo que estuve allí, la lluvia calaba mi ropa, pero no me importaba.  No apartaba la mirada de su ventana; las gentes que pasaban me miraban con extrañeza. Decidí regresar a casa con la tristeza por toda compañía.






                              FIN DE LA PRIMERA PARTE: Las obsesiones de Christian


Autoría : 1996rosafermu.  Relato basado en la trilogía Cincuenta sombras de Grey, de E.L. James
Editado: Mayo de 2016
Fotografías: Archivo de 1996rosafermu

Las obsesiones de Christian - Obsesión 2 - Heathman

Habian llegado al hotel, después de cenar y presenciar una función de ópera. Christian estaba cansado, en cambio Elliot, estaba decidido a pasárselo bien. en la zona de ocio de Portland. Había infinidad de preciosas chicas pululando por la calle, y él estaba decidido a no desperdiciar la ocasión. Hacía poco que había dejado una relación de meses con una atractiva arquitecta, pero él no deseaba comprometerse, y decidió cortar de inmediato, a pesar de que en la cama era una fuera de serie.

-¿ Seguro que no quieres venir? Mira que todo está lleno de jovencitas deseosas de correrse una juerga
- De verdad Elliot, ve tu. Yo voy a ducharme, trabajar un rato y me meteré en la cama pronto. Diviértete, hermano. - Pensaba sonriendo - He zanjado la cuestión con mi hermano.  No me apetece salir, además debo ultimar un asunto urgente .

Se sirvió una copa y se tumbó en el sofá para ver si la televisión;  era lo más atrayente que se le ocurría hacer  para matar unas horas.  Pero no fue así.  La apagó, encendió su portátil y se dispuso a repasar los documentos que tenía frente a si.  Estaba a punto de dejarlo, cuando su teléfono repiqueteó.  Lo dejó sonar tres veces; no pensaba responder, pero el nombre reflejado en la pantalla, hizo que conectara de inmediato.  Era ella, de nuevo ella.  Al fin tenía noticias suyas.

-¿Si ?

-Buenas noches señor Grey. No sé porqué me ha enviado ese regalo. Es excesivo así que voy a devolverlo.  Se lo agradezco,  de verdad, pero no era necesario que se molestara.  No entiendo el motivo , ni sé porqué lo ha hecho.  La última vez que nos vimos dijo que no quería volver a verme.  Que me fuera
- No fue así exactamente, Anastasia.  .  Mi deber era  advertirla de que soy un hombre complicado y que para una chica tan vulnerable como usted iba a ser un disparate.   Y  creí tenia que disculparme por la salida tan precipitada de la cafetería. Además no deseo tener ningún compromiso con nadie
-¿ Quién ha hablado de compromiso ? Creo que yo no. La verdad no se de dónde saca esa historia. No tengo ningún interés en volver a verle.  Es usted rarito, la verdad. Es la primera vez que me ocurre con alguien.  Siempre he tenido que ser yo la que rechazara a algún chico. Claro,  que usted no es cualquier chico. Adiós

-¡ Me ha dejado  con la palabra en la boca!.
 ¡ Habráse visto esa mocosa ! Se va a enterar- -. Pulsó el número de ella, y en respuesta, una voz insegura le contestó

-Anastasia ¿ qué te ocurre, te encuentras bien ? - La comunicación se interrumpió y como fondo escuchó una arcada descomunal y a continuación las cataratas del Niágara saliendo de una boca.

- ¿ Eres tu Anastasia ? ¿ Qué te pasa ? Iré a buscarte para llevarte a casa
- No hace falta, se me pasará enseguida.
-Quédate donde estás. Tardo cinco minutos - Escuchó una sonora carcajada de una algo incoherente señorita Steele
- No creo que llegues a tiempo. Mi estómago... - y no pudo continuar, las náuseas volvían una y otra vez. Pareciera que el estómago se le había dado la vuelta.

Y fueron cinco escasos minutos, los que Grey tardo en localizar a la muchacha que Dios sabe donde estaría, y quizá correría algún peligro en su estado.  Mientras conducía a bastante velocidad,, comprobaba por GPS su localización , y murmuraba exasperado entre dientes

- Está visto que no hay forma de librarme de ella

Llegó al lugar en donde posiblemente estuviera y la buscaba entre los grupos de jóvenes que celebraban su fin de curso.  Todos estaban más o menos bebidos, lo que le alarmó aún más.  Tardó en localizarla, pero al fin dio con ella.  Estaba a punto de caer redonda al suelo, pero sus brazos pudieron sujetarla antes de que perdiera el conocimiento.

- ¡ Señor !. Tiene  la ropa algo sucia y apesta a alcohol. Su rostro está pálido y de sus labios brotan palabras incoherentes que no logro entender.

  Después de limpiar con su pañuelo la boca de los restos del último vómito, la cogió en brazos y la llevó hasta el coche. La llevó hasta su casa, pero no había nadie; "seguro que su compañera de piso también estaba de juerga".   Volvió al coche, y se decidió por llevarla a su hotel.


- Uf...,  ¿ cuánto   alcohol habrá  ingerido?. ¡ Pero si yo también huelo  a vómito !. -  Porque al transportarla en sus brazos, se había impregnado su ropa-.   La tumbaré en la cama.  ¡ Menos mal !, finalmente se ha dormido .

 Se paró un momento delante de ella y contemplo su pálído rostro. Aún le pareció más bonita que la última vez que estuvieron juntos, aunque la situación no era muy reconfortante. Se rascó la nuca, indeciso ¿ qué hacer con esta chica?   Al fin se decidió y comenzó por quitarle las deportivas, los calcetines y los pantalones.  La incorporó suavemente en la cama para no despertarla y también le sacó la camiseta.  Estaba ante él en ropa interior, y sin embargo no le producía ningún pensamiento obsceno, muy al contrario, acarició su mejilla suavemente, sin a penas rozarla, y sonrió

- ¿ Qué voy a hacer contigo, pequeña Anastasia ?  La taparé, no quiero que además de la borrachera, termine enfriándose. Apagaré esta luz para que no la moleste. Recogeré toda la ropa y la enviaré a la lavandería, y también la mía,  que apesta.

. A continuación se metió en el baño para tomar una ducha.  Él también olía mal , pero no le importó. Quizá el destino jugó una baza a su favor, puesto que no pensaba volverla a ver, y allí estaba durmiendo plácidamente en su cama.

-Estás a salvo, Steele.  Duerme tranquila.