jueves, 7 de julio de 2016

Las oscuras sombras de Christian- Sombra 1 -En absoluta oscuridad

Y el sol se ocultó ese día y no volvió a salir en varios. En la calle brillaba esplendoroso, pero no así en la vida de Grey.No sólo llovio durante el sábado, también el domingo.  Parecieera que la Naturaleza se aliara conmigo, con mi tristeza y abatimiento.  Aún no podía creer que Anastasia ya formara parte de mi pasado.  No quería un futuro sin ella, con nadie.  Encerrado en mi habitación, contempklaba absorto la maqueta como si fuese ella la que estuviera frente a mi. Pero no era cierto; todo había terminado.  Taylor insiste una y otra vez en que debo alimentarme; nunca he pasado sin comer ni un sólo día, pero ya van dos y los que aún quedan.  No deseo vivir, sin ella nada me importa. No tengo más aliciente que sumergirme en el trabajo y el lunes ha sido igual de monótono que siempre.. Y para colmo de desgracias, Leila sigue perdida. Imagino que ella se sentirá igual que yo: perdidos ambos, con un pasado en común

  Sigo la  rutina diaria, pero como un robot; todo cuadriculado, rutinario:  Las mismas cosas, las mismas horas, los mismos minutos, las mismas caras de siempre, menos una: la de ella.  No he  vuelto a saber nada. No he vuelto a verla.  Recuerdo que en ese día comenzaría su trabajo en  la editorial. Deseo ardientemente, verla, hablar con ella, preguntarle sobre la experiencia de su primer trabajo importante  que deseaba con tanta pasión, y sin embargo no estaremos  juntos para ello.


- Andrea, no me pase llamadas, si no son estrictamente necesarias, por favor
- De acuerdo señor Grey. La señorita Ros, deseaba hablar con usted.  Y el señor Welch también.
-Bien, ponme con ellos ahora, y después no quiero ser interrumpido por nada ni por nadie.
- ¿ Se encuentra bien ? - me pregunta Andrea extrañada por mi actitud
- Si, si.... Sólo que no he dormido muy bien esta noche y tengo la cabeza como flotando
 -¿ Desea tomar un calmante?
- No es necesario.  Gracias Andrea. Sólo haga lo que la he dicho

Y entró en su despacho dispuesto a terminar cuanto antes las comunicaciones que le había manifestado Andrea y quedarse solo, rumiando sus preocupaciones.

"¿ Debo enviarle flores como bienvenida al trabajo ?  ¿ Sería oportuno ? ¿ Le gustaría ?.  Miles de dudas navegan por mi cabeza.  Por un lado deseo hacerlo, por otro quizá la incomodase más. No obstante, las enviaré.."

- Que las tire a la basura si no las quiere.  Me personaré en la floristería y las elegiré yo mismo.  Las más bonitas, las más espectaculares, las mejores para Ana.

En el establecimineto, la florista me enseña rosas de varios colores y me explica el significado de cada color. Tal y como me siento eligiría las rojas, la pasión. Pienso en Ana y elijo la variedad Sonia de color rosa, preciosas.  Solicito una tarjeta para escribir un mensaje. La señorita amablemente me conduce hasta un escritorio destinado a tal fin, y comienzo a escribir:


                                     " Felicidades por tu primer día en el trabajo.  Espero haya ido bien.  Te agradezco el planeador. Has sido muy amable.  Ocupa un lugar preferente en mi escritorio."

                                                                                          Christian

Aún tengo la posibilidad de escuchar su voz, cuando me llame para agradecer las flores.  Pero me engaño a mi mismo.  El día pasó y Anastasia no ha llamado.  Cunde mi desesperación. Salgo a correr; necesito sacar fuera la inquietud que me consume. Y nuevamente dirijo mis pasos hacia su casa. Hoy si hay luz en el salón, pero inmediatamente se apaga y se enciende la de su dormitorio. Permanezco allí esperando ¿ qué ? . Alguna señal de vida, de que ella está bien. Pero la luz se apaga también inmediatamente. Dirijo la vista hasta el salón, pero permanece a oscuras. No se ven luces en ningún rincón de la casa. Anastasia se ha metido en la cama. Y espero, espero, espero...  No sé el tiempo.  Lentamente, decido regresar a casa. Tampoco hoy la veré. Tampoco ceno. Me basta con la comida de mediodía; no tengo apetito.  La señora Jones, me ha preparado mi plato favorito, con la esperanza de que coma, pero no puedo.  Se me ha cerrado el estómago, algo insólito en mi. Me ducho y permanezco bajo el agua un buen rato; quiero que se vayan mis malos augurios con el agua limpiadora.  Que limpie mi alma oscura; ya no tengo luz, se ha ido, ha salido de mi vida. No no ha salido de mi vida, pero yo si de la de ella.  Me meto en la cama con la ausencia total de sueño.  Trato de dormir; lo intento, y al cabo de no sé el tiempo, lo consigo, pero...


¡ Han vuelto ! De nuevo están aquí. Mi angustia, mis imágenes , mis cincuenta sombras al acecho vuelven para torturarme.  Me despierto jadeando de angustia y cubierto de sudor. Nuevamente los olores, los malos olores a bourbon y a tabaco barato, acuden  a mi olfato. El hombre malo ha vuelto, y me busca, me busca por toda la casa. mami no está, no la veo... 

¡ Dios bendito !. Me despierto y miro a mi alrededor.  Todo permanece inalterable, sólo yo y mis pesadillas, mis sombras más oscuras y terribles se ciernen sobre mi. Necesito a Anastasia, necesito su luz cegadora que me rescate de esta sin razón.

Y así transcurre el martes, y el miércoles, una idea se abre paso en mi cabeza.  Tengo que comunicarme con ella. Con el pretexto que sea.  Mi móvil vibra, y una esperanza se apodera de mi durante el instante que tardo en comprobar la llamada. ¡ Oh decepción , no es Ana; es Elena ! No tengo ganas de hablar con ella.  Sé de antemano lo que va a decirme y no quiero escucharlo. Que me dejen todos como estoy, con mi atisbo de esperanza y de soledad. 

Ella prefiere los correos antes que las llamadas, además está en el trabajo y tan sólo lleva dos días en él.  No deseo que le echen una bronca por mi culpa  La envío un mensaje y espero con impaciencia su respuesta  Deseo saber, y es una excusa, el destino final de las flores.  Si le gustaron o terminaron en la basura. O es posible que ni siquiera me responda.   Pero al cabo de unos instantes, que me parecen eternos, por fin recibo respuesta. Le digo que al día siguiente se inaugura la exposición de su amigo el fotógrafo, y seguramente aún no tiene coche. Que cuente conmigo si le apetece mi compañía. y ella me ha respondido que si.  La luz cegadora ha vuelto a mi vida. Tengo que pensar algo para recuperarla. Ya sé, ella quiere más, pues bien, estoy dispuesto a concedérselo, porque yo también lo necesito. Posiblemente la recupere, pero no debes hacerte ilusiones, Grey,.  Puede que sean falsas esperanzas.  Pero no.  Desoigo mis reflexiones y  nos citamos a una hora. Voy a ver a Anastasia; mañana será el día. Podré verla nuevamente, y la tendré a mi lado, y tomaré su mano, y veré sus ojos, y trataré de que sonría.


Con optimismo, de regreso a casa voy al gimnasio; tengo unas ganas locas de hacer cosas.  He recobrado, de repente el apetito, y Gail, se ha puesto contenta, y Jason sonrie satisfecho.  Hoy todo está bien. Voy a ver a mi luz, voy a verla.  ¿ Tendré paciencia para esperar a mañana? ¡ Oh  Dios ! qué lentas pasan las horas.

Hoy es el día.  Dentro de pocas horas, volaremos de nuevo en el Charlie veremos el anochecer, y volverá a ser maravilloso tenerla tan cerca.  Hablaremos, tenemos que hacerlo; la prometeré nunca más llevarla al cuarto de la tortura, porque ahora si merece ese nombre

Y por fin, a la hora, estoy puntual frente a la editorial, y en un segundo, aparece Anastasia por la puerta. Taylor se baja par abrirle y entra junto a mi. ¡ Cielo santo, qué desmejorada está ! Más delgada, pálida y con su rostro triste. Tan sólo los ojos resaltan, precisamente por su delgadez. Oh, pequeña ! ¿ Qué te he hecho ? No puedo reprimir la furia que me invade al ver su estado.  Parece mentira que en tan corto espacio de tiempo, haya perdido tanto peso.  La miro fijamente y espero una respuesta que con mala gana me da

- ¿ Cuando ha sido la última vez que comiste ?





Ella me devuelve la mirada, y alude a la última comida en Escala. ¡ Por Dios ! pareciera que va a desmayarse.


martes, 5 de julio de 2016

Las obsesiones de Christian - Obsesión 15 - El adiós

Dudo, no quiero irme, porque se que en cuanto lo haga, la perderé irremediablemente.  Miro hacia la ventana. Llueve incesantemente; el sol se ha ocultado.  Es como si la lluvia quisiera acompañarme en mi desolación.  Ana se va.  Nos prometíamos un fin de semana maravilloso, y a cambio la pierdo, la pierdo sin remedio. ¿ Por qué aceptaría su apuesta ? ¿ Por qué ? Y vuelvo a escuchar su débil voz entremezclada con un suave llanto. Me pregunto qué es lo que sentí mientras la azotaba. ¿ Era deleite, venganza, satisfacción, dolor  ? En mi cabeza se repetía monótona una plabra: puta, puta, puta, puta, puta, puta.  Seis veces,seis azotes con furia. En ese momento me convertí en un bestia; en la reencarnación del "hombre malo".  No pude salvar a mi madre, ni tampoco a Anastasia. Su vocecilla me saca de mis pensamientos.

- Vete, por favor.  No prolonguemos más esta agonía.



Trato de untar sus nalgas con el ungüento, pero ella no me lo permite y rechaza el calmante. Yo estoy consternado; no es ésto lo que esperaba ni lo que buscaba.  ¿Por qué la hice caso ? ¿ Por qué no comprendí que era una brabuconada, que lo que pretendia es que yo cediese y la permitiera tocarme?  Soy un imbécil, un estúpido ¿ Cómo he podido hacerla daño ? yo que siempre se lo he repetido millones de veces que nunca lo haría. No encuentro las palabras ante la desesperación que intuyo ante  su abandono.  Me tiendo a su lado y trato de abrazarla; ella me lo permite.  Hundo la cabeza en su cabello y la pido perdón con el mayor sentimiento del que soy capaz.  Pero ella me rechaza y me dice lo que no deseo escuchar

-No soy mujer para tí. Tu necesitas ésto y yo no soy capaz de dártelo. No puedo seguir así.  Te quiero Christian, me he enamorado de ti, y todo lo que te pido es que me dejes acariciarte y demostrarte lo importante que eres para mi. Tu no me necesitas, así que es mejor que lo dejemos. Voy a marcharme .  Ha sido algo imposible; no podemos hacernos daño mutuamente, porque nos destrozaría.  Ahora te ruego que salgas de la habitación. Voy a vestirme

Esta vez obedezco.  Está decidida a irse y lo hará, y yo habré de pagar por lo que nunca debí hacer.  Perdí el control. En mi cabeza bailaron imágenes de mi niñez, de los momentos vividos en ese cuarto, ahora maldito. Si,  lo maldigo porque ha sido testigo del sufrimiento de Ana, y maldigo mi mano que se lo infringió.  Estoy maldito todo yo.  He tenido un ángel a mi lado y le he perdido.

 Y salgo de la habitación, y lentamente, sin ánimo, llego al salón y me siento mirando al exterior sin ver.  En mis pupilas está la imágen de Ana agarrada fuertemente a la mesa para no gritar,  resistiendo.


 Esa imagen me persigue; paso mi mano sobre la frente para ahuyentarla, pero no lo consigo. Veo su silueta, ya arreglada para marcharse. Deja todos mis regalos encima de la mesa y las llaves del coche junto a ellos. Con voz trémula, pero firme, me pide el importe del coche vendido por Taylor. " Te enviaré un cheue ", digo sin mirarla.  No tengo valor para hacerlo, aún a sabiendas que será la última imagen que tenga de ella.  Espera unos instantes y dando media vuelta entra en el ascensor y se va.   Desaparece de mi vida.




El silencio del apartamento me abruma. Hasta hacía pocas horas, eran las risas de Anastasia las que resonaban jugueteando por ver si la alcanzaba; ahora sólo se escucha el sonido de la llovia repiqueeando sobre los cristales. Taylor la ha llevado a su casa.  Me encierro en mi cuarto, no quiero ver a nadie. Veo sobre mi almohada un paquete con una nota. Ha debido ser ella la que lo ha dejado ¿ Se le ha olvidado algo ?.  Por unos instantes siento un asomo de alegría: si se lo ha dejado, aún tengo la esperanza de poder llevárselo.  Pero no. Ha sido ella y a propósito. Enciendo una luz baja, para que no me dañe los ojos. Los tengo ardiendo, me duelen , me duelo todo, el corazón la cabeza. Tomo el paquete entre mis manos y en la caja hay una maqueta de un planeador y una nota escrita a prisa con la letra de Anastasia " Esto me recordó un tiempo feliz .  Ana ". La aprieto en mi mano y la beso, y entonces ya no puedo contener el llanto que me asfixia.  La última vez que recuerdo haber llorado, fué cuando me separaron de mi madre. Fue un llanto como este: aterrador, como si una mano de acero me apretara el corazón la garganta y todo mi cuerpo.


Ignoro el tiempo que permanecí llorando, sentado en el suelo a los pies de mi cama. La cabeza me estalla, pero no siento  el dolor de ella, sino el de mi corazón destrozado, hecho mil pedazos.  Unos golpes en la puerta y la voz de Taylor notificándome que la señorita Steele, ya estaba en su domicilio

- Esta bien Taylor. Gracias. Puedes irte. No voy a necesitarte
-¿ Le traigo algo de comer ?
- No, gracias. No quiero nada.. Lo único que deseo es estar solo. Puedes irte.

Me sento  en la cama y abro la caja del planeador. ¿ Lo armo ? No tengo ganas, pero era su último regalo. Si lo armaré y de esta forma me haré la ilusión de que una parte de ella está conmigo.
Tardo mucho en armarlo; no me concentro.  Lo dejo a un lado y vuelvo a cogerlo. Anochecía cuando está terminado.  Ni siquiera me he dado cuenta, de que la noche se acercaba. Esa noche que íbamos a disfrutarla plenamente, felices de estar nuevamente juntos y que ya no será posible.  Me distrae una llamada de teléfono.  No quiero hablar con nadie, pero ¿ y si fuera Anastasia que desea que volvamos?  Nervioso respondo a la llamada. La desilusión más absoluta recorre mi cuerpo.  En este momento no quería escuchar esa voz , que me anunció mi fracaso con ella. Elena me preguntaba que cómo estaba.  No tengo fuerzas ni ganas para responderla, pero lo hago con el ánimo de terminar cuanto antes



- Hola Elena  cómo estás ?
- Christian ¿ qué te ocurre ? Creí que estarías con Anastasia y pensando en ello , te llamo a estas horas, porque supongo que se habrá marchado ya.
- Si Elena, se ha marchado - la respondo con desánimo
- ¿ Te ocurre algo,?
- Tenías razón cuando  dijiste que saldría corriendo. Eso es lo que me ocurre, se ha marchado. Y ahora si me perdonas, no deseo seguir hablando. Me duele terriblemente la cabeza
-¿ Quieres que vaya y hablamos ?
- No por favor, hoy no. Voy a meterme en la cama en cuanto cuelgue de hablar contigo.
- Está bien. Si me necesitas llámame.  Sabes que estoy a tu disposición
- Si, si.  Ya lo sé. Adiós.

Y cuelgo.  No soporto oir su voz; ahora no. Me tumbo en la cama mirando al techo, buscando el sueño que me permita, siquiera,  poderme olvidar de todo.  Pero el sueño, también se ha ido con ella y a cambio han quedado ls horribles pesadillas, de nuevo.   Me despierto sudando y con una sensación de angustia, que se une a la que ya siento. Miro a la ventana y veo que comienza a clarear un nuevo día. Me levanto y con un chándal me dispongo a correr.  Quizá con el ejercicio consiga disipar la tristeza que siento.  Y corro, y me empapo de sudor y de la fina lluvia que está cayendo. No llevo rumbo fijo, ni siquiera lo planeo, pero mis pies me llevan hasta su casa, cerca de donde ella, posiblemente esté durmiendo.  Miro hacia la ventana y no hay luces, ni señales de vida.  No hay nada. Si al menos pudiera verla un instante.  Es temprano, hizo un largo viaje y muchos excesos y emociones. Estará rendida y seguramente duerme. No sé el tiempo que estuve allí, la lluvia calaba mi ropa, pero no me importaba.  No apartaba la mirada de su ventana; las gentes que pasaban me miraban con extrañeza. Decidí regresar a casa con la tristeza por toda compañía.





                        FIN DE LA PRIMERA PARTE


Autora de estos relatos 1996rosafermu, basados en la trilogía de E.L. James "Cincuenta sombras de Grey ".  Vistos desde la perspectiva de Christian Grey, tal como él lo sintió y vivió

 Reservados derechos de autor


Fotografias:  Archivo de 1996rosafermu

Edición:     Junio de 2016

sábado, 2 de julio de 2016

Las obsesiones de Christian - Obsesión 14 - El castigo

Anastasia ya ha tomado su vuelo rumbo a Seattle.   Aún faltan horas para poderla estrechar contra mi pecho.  El problema sigue sin resolverse y estoy muy preocupado. El tema de Leila, me descoloca totalmente ¿ Por qué ha venido a mi casa? ¿ Qué es lo que busca ? ¿ Por qué no me ha llamado si necesitaba algo ? Nos separamos porque ella había encontrado a un hombre que se quería casar con ella. Sé que ella estaba enamorada de mi, pero yo no. Como sumisa era excelente: alegre, juguetona divertida.  Y como amante era extraordinaria, pero hasta ahí .  No quería compromisos con nadie, ni con ella ni con ninguna otra. Se marchó una tarde después de una sesión, en la que me dio un ultimatum: o un compromiso en toda regla, o se iba. Y se marchó. Creo que fue Taylor quien me comentó que se había casado.  Me alegré por ella, por que tuviera una vida más normal que nuestra relación. ¿ Normal ? Nuestra vida es normal; sólo que hay una minoría que la practica. Grey, ¿ es que ahora no lo consideras normal? ¿ Por qué, por Anastasia ? Con ella todo es distinto, hasta el sexo es diferente. ¡ Qué lentas pasan las horas ! .  Me  llaman de la oficina: tengo  que hacer acto de presencia para algo urgente..



- ¿ Tiene que ser hoy, Ros?
- Si Christian, tiene ue ser hoy.  ¿Desde cuándo pones pegas por algo?  Te noto muy extraño desde que has vuelto
- Está bien.  En media hora estoy allí, pero tengo que volver a casa, en cuanto se solucione

¡ Qué oportuna ! Hoy, precisamente cuando llega ella.  No voy a poder ir a recogerla.  He estado durante todo el día esperando su llegada, y cuando tengo que salir para el aeropuerto, me reclaman de la oficina. Le diré a Taylor que vaya, y la traiga aquí. Necesito estar con ella. Después de que llegue, él y Gail, pueden tomarse la noche libre. Quiero estar a solas con Ana..

- Taylor, tendrás que ir a recoger a la señorita Steele. Tengo que volver a la oficina. La traes aquí, y después podéis tomaros la noche libre. No os voy a necesitar a ninguno de los dos.

Voy gruñendo durante todo el camino. Entre unos y otros, se han propuesto amargarme la vida .  He puesto a varios detectives para  que la busquen, pero ella se escabulle como un pez. Necesita que la ayuden y ella no se deja, no quiere, ¿ Por qué, qué mosca le ha picado? ¿ Querrá volver conmigo ? ¡ Ah no !.  Si con  eso lo que pretende es  llamar mi atención, le ha salido el tiro por la culata. No me interesó entonces, y ahora mucho menos que tengo a Anastasia. ¡ Cuándo llegarás !

El avión acababa de tomar tierra, cuando Christian llegaba nuevamente a Escala.  Por fin estaría  para cuando ella entrase en el apartamento. Y salió a su encuentro, cuando el ascensor se detuvo en el piso. La abrazó con desesperación, tanta, que ella se dio cuenta de que estaba angustiado.

-¿ Qué ocurre, Christian ? ¿ Aún sigues con el problema ?
- Si, Anastasia, pero no te preocupes.  Esta noche es para nosotros.  ¡Te he echado tanto de menos!.
- Yo también.  Durante todo el vuelo he pensado en ti, y en qué sería lo que te trajo con tanta urgencia  hasta Seattle. Tenía la esperanza de que se hubiera solucionado, pero ya veo que no.  Te noto muy preocupado.  Quizá fuera mejor que marchara a mi casa
- No, no, no.. ¿ Sabes lo que he deseado que llegara este momento ?  Te necesito Anastasia; tu eres un bálsamo para mi. Contigo se me olvidan todas las preocupaciones


- ¿ Quieres hablar de ello ?  Te aseguro que soy buena oyente
- No, no deseo hablar. Sólo estar contigo.

La conduzco a mi habitación y después al cuarto de baño.  Deseo ducharme con ella, sentir su piel sobre mi piel, bajo el agua.  Que nos cubra a los dos, que nos limpie a los dos.  Es una tentación demasiado fuerte para resistirse, después de la zozobra del problema y de su ausencia. Ha sido apenas un día, pero la necesito, tanto, tanto, que no puedo esperar a salir de la ducha.  La deseo aquí y ahora.  Y la penetro tan  brutalmente, que hago suelte in gritito, más por sosrpresa que por daño que la pueda infringir. Nunca deseo hacerla daño.  Ella me corresponde, se apoya en la pared y se rinde totalmente a mi; también me desea. Y me deja acariciarla. La beso en el cuello, con suaves besos apenas imperceptibles. Y muerdo el lóbuno de su oreja, Y mis manos recorren su cuerpo suavemente, deteniéndose y apretando sus exquisitos pechos. Y bajo las manos,  y acaricio su vientre y exploro su interior.  Ella echa la cabeza hacia atrás y cierra los ojos en un éxtasis exquisito. Eres totalmente mia,   la susurro muy bajito al oído, cuando terminamos, y aún dentro de la bañera

- Quiero llevarte a mi cuarto del placer.  Y ella, sin aliento me responde que acepta, con la cabeza. La tapo con una toalla y la pongo una bata. La cojo en brazos y subo con ella las escaleras. Dejo que se recupere mientras la contemplo con éxtasis. Mi Anastasia, mi pequeña bruja hechicera. Una vez recuperada, no permito que se duerma, que es lo que pretende.  La levanto y la indico cómo debe actuar cada vez que vengamos a esta habitación. Ella dice que si con la cabeza, medio dormida. La grito " Anastasia, despierta " y ella lo hace sobresaltada.

Quiero atarla a la cruz y lo hago. Me extasio en la contemplación de su cuerpo esbelto y vuelvo a acariciarla, centímetro a centímetro. Ella se excita al mismo tiempo que yo, y la empujo hasta la pared y cojo sus piernas y la deposito en mis caderas, y nuevamente la hago mía.  La  desato y la dejo  descansar sobre mi regazo mientras la beso y contemplo su rostro hermoso que me pertenece. Pero quiero más y voy a tenerlo. La echo sobre la cama, cubriendo sus ojos con un antifaz. Deposito unos dimunitos auriculares en sus oidos para que escuche una música mientras tomo posesión de su cuerpo.  Es algo que siempre he querido hacer y por fin hoy, lo consigo.



Estoy perturbado. Quizá haya influido en mi ánimo la búsqueda de Leila, y la posesión repetida de Anastasia.  Mi cabeza es un caos que no hace más que pensar, y pensar. Necesito aliviar mi tensión. Tengo que dejar descansar a mi pequeña Ana; esta exhausta.  Decido ir al piano, mi compañero de noches insomnes.  Él me permite pensar y me alivia de tensiones. Interpreto una pieza de Chopin con el piano en sordina para no molestarla, pero ella aparece ante mi.  Se sienta a mi lado y reclina su cabecita en mi hombro.  me solicita alguna que otra pieza y yo complaciendola las toco.  Me hace preguntas insulsan como el título de la pieza.  Creo que lo que desea es tener una conversación, referente a ¿ qué ?







- Christian, aún no he firmado el contrato
-¿ Y ?
- Hemos estado en el cuarto
-No te preocupes por eso. Creo que hemos hecho tantas cosas que ha quedado viejo antes de nacer
- ¿ Con las normas será igual ?
-No, Ana. Las normas permanecen intactas
-Pero ¿ por qué ? No lo entiendo Christian
- Porque eres rebelde, y tengo barreras que son infranqueables y sin las normas, estoy seguro que las saltarías todas
- Pero ¿ por qué ? ¿ Qué es lo que no me está permitido hacer?

Alarga su mano para acariciarme, y yo retiro la cara impaciente.  Estamos rozando un terreno peligroso.  Quiere tocarme y eso no va a poder ser. Al tener el impulso de rechazo, ella se queda con la mano suspendida en el aire y un rictus de tristeza en el rostro.  La miro consternado " no Anastasia, no sufras, te acostumbrarás.  Es algo que no puedo evitar que sale desde lo más profundo de mi alma oscura ".  Ella baja la vista como buscando palabras que argumenten una conversación y de esta forma romper la tensión que se ha creado entre nosotros.

- Hablar ¿ si me está permitido ?
- Hablar ¿ de qué ?
- Deseo conocerte mejor. Hacerte miles de preguntas, y tú nunca me lo permites
- ¿Hablar como una pareja normal ?
-Exacto ¿ Eso si podemos hacerlo ?
-Déjalo ya Anastasia.  No somos una pareja normal



Se queda un momento callada, no sé si asimilando lo que la he dicho, o rebuscando en su interior algo para continuar.  De repente esboza una sonrisa, esa sonrisa que me vuelve loco, y me plantea un reto, un juego: quiere que corra tras ella y si la alcanzo, como premio obtendría una visita nuevamente al cuarto del placer.  Ante esa idea acepto sin dudar.  Ella al igual que una criatura, corre dando grititos y riendo.  Va desde la cocina al salón, alrededor de la mesa y vuelve a la cocina. Me regatea, de manera que me es difícil atraparla, y yo comienzo a impacientarme; no acabo de entender lo que persigue con este juego absurdo.  ¿ Está huyendo de mi ? ¿ Es una indirecta del vaticinio de Elena ? Pues no voy a permitírselo.  Le advierto que puede resbalar y caerse y ella se rie, y por momentos noto que me voy enfadando. Ella debe darse cuenta, que el juego ya no me resulta tan divertido, y para, acercándose a mi. Se para delante y mirándome a los ojos me suelta la pregunta del millón

- ¿ Por qué no puedo tocarte ?
- Ya te lo he dicho muchas veces: no puedes y ya. Estoy muy jodido Anastasia.  Tengo más sombras que luces... Por lo menos cincuenta sombras más
- Si supieras que para mi  ir a tu cuarto del placer es igual que a ti se te tocara ¿ me llevarías ?

Esa pregunta me deja sin saber que decir.  Descubro que va por complacerme, no porque ella necesite el placer que la proporciono allí. ¿ Qué debo decirle , la verdad ? La perdería irremddiablemente, y no quiero perderla.  Me la quedo mirando y la respondo lo mejor que puedo para no descubrir el fondo de la cuestión.

- No no te llevaría, pero eso no significa que no lo necesite
-Explícame lo terrible que es para tí que yo te toque.  Quiero saberlo, quiero conocer el por qué no puedo hacerlo.  Tal vez lo comprenda, y de esa forma no vuelva a insistir.


La miro fijamente como absorbiendo la magnitud del alcance de lo que acaba de pedirme y en un arrebato de desesperación, de angustia, o de violencia, no lo sé muy bien, la cojo por la muñeca fuertemente y casi a rastras la subo al cuarto del placer.

Ella me mira muy seria como pensando en el ofrecimiento que acaba de hacerme, alarmada y asustada ante la expresión de mi rostro.  Creo que se ha arrepentido, pero sigue adelante, y yo también.  Comienzo por trenzarla el cabello  y desnudarla.  Hago que se incline sobre la mesa y me aseguro de que desea seguir adelante.  Me dice que si y yo la recuerdo las palabras de seguridad.  Ella, casi sin aliento, totalmente asustada, dice que si con la cabeza.


-Te voy a azotar seis veces, Anastasia, y tú contarás con migo ¿ Estás seguras que quieres hacerlo?

Dice que si con un hilo de voz, acompañado por el gesto afirtativo de la cabeza.
Bien, agárrate a los bordes y no te muevas.

Me dirijo al colgador de los látigos y tomo un cinturón ancho de cuero.  Vuelvio hacia donde está ella y repito la pregunta

- ¿ Estás segura  que quieres saberlo ?
- Si, maldita sea. Hazlo de una vez.


No se si es rabia, dolor o fueria, pero aunque no la veo al rostro,creo que esta a puto de llorar.  Levanto el cinturón y lo descargo sobre sus nalgas con toda la fuerza del mundo, dejando la marca en su blanca piel. Y entonces desede un rincón recóndito de mi mente, llega hasta mi boca la palabra " puta ", y así hasta seis veces, acompañada del coro de la voz quebrada de Anastasia. Esa despreciable palabra, no iba dirigida a Ana, sino que fueron las palabras del bestia que azotaba a mi madre repitiéndola una y otra vez, hasta completar seis. Fué un destello de mi pasado, del dolor de mi infancia, de la impotencia de no haber podido defender a la mujer que me dió el ser.

Tiro al suelo el cinturón y voy al lado de Anastasia.  Quiero abrazarla, llenarla de besos, por lo valiente que ha sido.  No ha exhalado ni un quejido; miro sus cuerpo y compruebo que sus nalgas está a punto de santársele la sangre.  Su piel blanca ahora es roja con las rayas del cinturo grabado en ella.  Lejos de refugiarse en mi pecho, me da un empujón y se separa de mi. Está llorando desconsolada, y se cubre el pecho con los brazos




- ¿ Es esto lo que quieres? ¿es tu forma de disfrutar viendome en estas condiciones ? Acabo de reafirmarme: no soy mujer para ti. Nunca podré darte lo que necesitas. Te recomiendo que aclares tus ideas, tus malditas ideas sobre lo que es una relación entre un hombre y una mujer. Yo las tengo muy claras y no es esto lo que deseo.

Y girándose, me da la espalda y compruebo con dolor las marcas,  y la veo salir llorando. No termino de entender su actitud; fue ella misma la que me lo pidió ¿ por qué esa reacción tan brusca ? ¿ Acaso lo dijo por decir ? Debo ir en su busca y untar con crema su culo herido, darla un calmante y tratar de que su llanto cese.  Recojo el unguento y el calmante de mi baño, y vuelvo a subir a la que es su habitación, ya que en la mia no estaba, ni en la cocina, ni en el salón.  Está cubierta con la sábana, pero su llanto no ha cesado. Anastasia, exclamo, pero ella no se mueve ni cesa de llorar.  Suavemente pongo mi mano sobre su hombro, y sin girarse me diec:

- Yo te quiero, Christian, pero no soporto la idea de que disfrutes haciéndome daño. No soy lo que necesitas.
- No lo vuelvas a repetir más. Eres todo cuanto necesito, no quiero, no deseo otra cosa más que a ti. Como eres
- No Christian, no resultaría.  Tarde o temprano llegaría el final, y ha de ser ahora, cuanto antes. No sirve de nada seguir con esta especie de comedia que vivimos a sabiendas de que no puede ser.
- No debes quererme, Ana.  No lo merezo. Tengo un alma oscura y arrastro a la oscuridad todo cuanto está a mi alrededor. Yo te necesito, no te vayas, por favor.  Me lo prometiste, me dijiste que nunca me dejarías. Te prometo que nunca más...
- Calla Christian, ni siquiera lo digas, porque puedes estar seguro, que jamás volverás a hacerme esto. Sal, por favor tengo que vestirme.

Dudo, no quiero irme, porque se que en cuanto lo haga, la perderé irremediablemente.  Miro hacia la ventana. Llueve incesantemente; el sol se ha ocultado.  Es como si la lluvia quisiera acompañarme en mi desolación.  Ana se va.  Nos prometíamos un fin de semana maravilloso, y a cambio la pierdo, la pierdo sin remedio. ¿ Por qué aceptaría su apuesta ? ¿ Por qué ? Y vuelvo a escuchar su débil voz entremezclada con un suave llanto

- Vete, por favor.  No prolonguemos más esta agonía.

Esta vez obedezco.  Está decidia a irse y lo hará, y yo habré de pagar por lo que nunca debí hacer.  Perdí el control, en mi cabeza bailaron imágenes de mi niñez, de los momentos vividos en ese cuarto, ahora maldito. Si,  lo maldigo porque ha sido testigo del sufrimiento de Ana, y maldigo mi mano que se lo infringió.  Estoy maldito ttodo yo.  He tenido un ángel a mi lado y le he perdido.