viernes, 3 de junio de 2016

Las obsesiones de Christian - Obsesión 15 - El adiós

Dudo, no quiero irme, porque se que en cuanto lo haga, la perderé irremediablemente.  Miro hacia la ventana. Llueve incesantemente; el sol se ha ocultado.  Es como si la lluvia quisiera acompañarme en mi desolación.  Ana se va.  Nos prometíamos un fin de semana maravilloso, y a cambio la pierdo, la pierdo sin remedio. ¿ Por qué aceptaría su apuesta ? ¿ Por qué ? Y vuelvo a escuchar su débil voz entremezclada con un suave llanto. Me pregunto qué es lo que sentí mientras la azotaba. ¿ Era deleite, venganza, satisfacción, dolor  ? En mi cabeza se repetía monótona una plabra: puta, puta, puta, puta, puta, puta.  Seis veces,seis azotes con furia. En ese momento me convertí en un bestia; en la reencarnación del "hombre malo".  No pude salvar a mi madre, ni tampoco a Anastasia. Su vocecilla me saca de mis pensamientos.

- Vete, por favor.  No prolonguemos más esta agonía.



Trato de untar sus nalgas con el ungüento, pero ella no me lo permite y rechaza el calmante. Yo estoy consternado; no es ésto lo que esperaba ni lo que buscaba.  ¿Por qué la hice caso ? ¿ Por qué no comprendí que era una brabuconada, que lo que pretendia es que yo cediese y la permitiera tocarme?  Soy un imbécil, un estúpido ¿ Cómo he podido hacerla daño ? yo que siempre se lo he repetido millones de veces que nunca lo haría. No encuentro las palabras ante la desesperación que intuyo ante  su abandono.  Me tiendo a su lado y trato de abrazarla; ella me lo permite.  Hundo la cabeza en su cabello y la pido perdón con el mayor sentimiento del que soy capaz.  Pero ella me rechaza y me dice lo que no deseo escuchar

-No soy mujer para tí. Tu necesitas ésto y yo no soy capaz de dártelo. No puedo seguir así.  Te quiero Christian, me he enamorado de ti, y todo lo que te pido es que me dejes acariciarte y demostrarte lo importante que eres para mi. Tu no me necesitas, así que es mejor que lo dejemos. Voy a marcharme .  Ha sido algo imposible; no podemos hacernos daño mutuamente, porque nos destrozaría.  Ahora te ruego que salgas de la habitación. Voy a vestirme

Esta vez obedezco.  Está decidida a irse y lo hará, y yo habré de pagar por lo que nunca debí hacer.  Perdí el control. En mi cabeza bailaron imágenes de mi niñez, de los momentos vividos en ese cuarto, ahora maldito. Si,  lo maldigo porque ha sido testigo del sufrimiento de Ana, y maldigo mi mano que se lo infringió.  Estoy maldito todo yo.  He tenido un ángel a mi lado y le he perdido.

 Y salgo de la habitación, y lentamente, sin ánimo, llego al salón y me siento mirando al exterior sin ver.  En mis pupilas está la imágen de Ana agarrada fuertemente a la mesa para no gritar,  resistiendo.


 Esa imagen me persigue; paso mi mano sobre la frente para ahuyentarla, pero no lo consigo. Veo su silueta, ya arreglada para marcharse. Deja todos mis regalos encima de la mesa y las llaves del coche junto a ellos. Con voz trémula, pero firme, me pide el importe del coche vendido por Taylor. " Te enviaré un cheue ", digo sin mirarla.  No tengo valor para hacerlo, aún a sabiendas que será la última imagen que tenga de ella.  Espera unos instantes y dando media vuelta entra en el ascensor y se va.   Desaparece de mi vida.




El silencio del apartamento me abruma. Hasta hacía pocas horas, eran las risas de Anastasia las que resonaban jugueteando por ver si la alcanzaba; ahora sólo se escucha el sonido de la llovia repiqueeando sobre los cristales. Taylor la ha llevado a su casa.  Me encierro en mi cuarto, no quiero ver a nadie. Veo sobre mi almohada un paquete con una nota. Ha debido ser ella la que lo ha dejado ¿ Se le ha olvidado algo ?.  Por unos instantes siento un asomo de alegría: si se lo ha dejado, aún tengo la esperanza de poder llevárselo.  Pero no. Ha sido ella y a propósito. Enciendo una luz baja, para que no me dañe los ojos. Los tengo ardiendo, me duelen , me duelo todo, el corazón la cabeza. Tomo el paquete entre mis manos y en la caja hay una maqueta de un planeador y una nota escrita a prisa con la letra de Anastasia " Esto me recordó un tiempo feliz .  Ana ". La aprieto en mi mano y la beso, y entonces ya no puedo contener el llanto que me asfixia.  La última vez que recuerdo haber llorado, fué cuando me separaron de mi madre. Fue un llanto como este: aterrador, como si una mano de acero me apretara el corazón la garganta y todo mi cuerpo.


Ignoro el tiempo que permanecí llorando, sentado en el suelo a los pies de mi cama. La cabeza me estalla, pero no siento  el dolor de ella, sino el de mi corazón destrozado, hecho mil pedazos.  Unos golpes en la puerta y la voz de Taylor notificándome que la señorita Steele, ya estaba en su domicilio

- Esta bien Taylor. Gracias. Puedes irte. No voy a necesitarte
-¿ Le traigo algo de comer ?
- No, gracias. No quiero nada.. Lo único que deseo es estar solo. Puedes irte.

Me sento  en la cama y abro la caja del planeador. ¿ Lo armo ? No tengo ganas, pero era su último regalo. Si lo armaré y de esta forma me haré la ilusión de que una parte de ella está conmigo.
Tardo mucho en armarlo; no me concentro.  Lo dejo a un lado y vuelvo a cogerlo. Anochecía cuando está terminado.  Ni siquiera me he dado cuenta, de que la noche se acercaba. Esa noche que íbamos a disfrutarla plenamente, felices de estar nuevamente juntos y que ya no será posible.  Me distrae una llamada de teléfono.  No quiero hablar con nadie, pero ¿ y si fuera Anastasia que desea que volvamos?  Nervioso respondo a la llamada. La desilusión más absoluta recorre mi cuerpo.  En este momento no quería escuchar esa voz , que me anunció mi fracaso con ella. Elena me preguntaba que cómo estaba.  No tengo fuerzas ni ganas para responderla, pero lo hago con el ánimo de terminar cuanto antes



- Hola Elena  cómo estás ?
- Christian ¿ qué te ocurre ? Creí que estarías con Anastasia y pensando en ello , te llamo a estas horas, porque supongo que se habrá marchado ya.
- Si Elena, se ha marchado - la respondo con desánimo
- ¿ Te ocurre algo,?
- Tenías razón cuando  dijiste que saldría corriendo. Eso es lo que me ocurre, se ha marchado. Y ahora si me perdonas, no deseo seguir hablando. Me duele terriblemente la cabeza
-¿ Quieres que vaya y hablamos ?
- No por favor, hoy no. Voy a meterme en la cama en cuanto cuelgue de hablar contigo.
- Está bien. Si me necesitas llámame.  Sabes que estoy a tu disposición
- Si, si.  Ya lo sé. Adiós.

Y cuelgo.  No soporto oir su voz; ahora no. Me tumbo en la cama mirando al techo, buscando el sueño que me permita, siquiera,  poderme olvidar de todo.  Pero el sueño, también se ha ido con ella y a cambio han quedado ls horribles pesadillas, de nuevo.   Me despierto sudando y con una sensación de angustia, que se une a la que ya siento. Miro a la ventana y veo que comienza a clarear un nuevo día. Me levanto y con un chándal me dispongo a correr.  Quizá con el ejercicio consiga disipar la tristeza que siento.  Y corro, y me empapo de sudor y de la fina lluvia que está cayendo. No llevo rumbo fijo, ni siquiera lo planeo, pero mis pies me llevan hasta su casa, cerca de donde ella, posiblemente esté durmiendo.  Miro hacia la ventana y no hay luces, ni señales de vida.  No hay nada. Si al menos pudiera verla un instante.  Es temprano, hizo un largo viaje y muchos excesos y emociones. Estará rendida y seguramente duerme. No sé el tiempo que estuve allí, la lluvia calaba mi ropa, pero no me importaba.  No apartaba la mirada de su ventana; las gentes que pasaban me miraban con extrañeza. Decidí regresar a casa con la tristeza por toda compañía.






                              FIN DE LA PRIMERA PARTE: Las obsesiones de Christian


Autoría : 1996rosafermu.  Relato basado en la trilogía Cincuenta sombras de Grey, de E.L. James
Editado: Mayo de 2016
Fotografías: Archivo de 1996rosafermu

Las obsesiones de Christian - Obsesión 2 - Heathman

Habian llegado al hotel, después de cenar y presenciar una función de ópera. Christian estaba cansado, en cambio Elliot, estaba decidido a pasárselo bien. en la zona de ocio de Portland. Había infinidad de preciosas chicas pululando por la calle, y él estaba decidido a no desperdiciar la ocasión. Hacía poco que había dejado una relación de meses con una atractiva arquitecta, pero él no deseaba comprometerse, y decidió cortar de inmediato, a pesar de que en la cama era una fuera de serie.

-¿ Seguro que no quieres venir? Mira que todo está lleno de jovencitas deseosas de correrse una juerga
- De verdad Elliot, ve tu. Yo voy a ducharme, trabajar un rato y me meteré en la cama pronto. Diviértete, hermano. - Pensaba sonriendo - He zanjado la cuestión con mi hermano.  No me apetece salir, además debo ultimar un asunto urgente .

Se sirvió una copa y se tumbó en el sofá para ver si la televisión;  era lo más atrayente que se le ocurría hacer  para matar unas horas.  Pero no fue así.  La apagó, encendió su portátil y se dispuso a repasar los documentos que tenía frente a si.  Estaba a punto de dejarlo, cuando su teléfono repiqueteó.  Lo dejó sonar tres veces; no pensaba responder, pero el nombre reflejado en la pantalla, hizo que conectara de inmediato.  Era ella, de nuevo ella.  Al fin tenía noticias suyas.

-¿Si ?

-Buenas noches señor Grey. No sé porqué me ha enviado ese regalo. Es excesivo así que voy a devolverlo.  Se lo agradezco,  de verdad, pero no era necesario que se molestara.  No entiendo el motivo , ni sé porqué lo ha hecho.  La última vez que nos vimos dijo que no quería volver a verme.  Que me fuera
- No fue así exactamente, Anastasia.  .  Mi deber era  advertirla de que soy un hombre complicado y que para una chica tan vulnerable como usted iba a ser un disparate.   Y  creí tenia que disculparme por la salida tan precipitada de la cafetería. Además no deseo tener ningún compromiso con nadie
-¿ Quién ha hablado de compromiso ? Creo que yo no. La verdad no se de dónde saca esa historia. No tengo ningún interés en volver a verle.  Es usted rarito, la verdad. Es la primera vez que me ocurre con alguien.  Siempre he tenido que ser yo la que rechazara a algún chico. Claro,  que usted no es cualquier chico. Adiós

-¡ Me ha dejado  con la palabra en la boca!.
 ¡ Habráse visto esa mocosa ! Se va a enterar- -. Pulsó el número de ella, y en respuesta, una voz insegura le contestó

-Anastasia ¿ qué te ocurre, te encuentras bien ? - La comunicación se interrumpió y como fondo escuchó una arcada descomunal y a continuación las cataratas del Niágara saliendo de una boca.

- ¿ Eres tu Anastasia ? ¿ Qué te pasa ? Iré a buscarte para llevarte a casa
- No hace falta, se me pasará enseguida.
-Quédate donde estás. Tardo cinco minutos - Escuchó una sonora carcajada de una algo incoherente señorita Steele
- No creo que llegues a tiempo. Mi estómago... - y no pudo continuar, las náuseas volvían una y otra vez. Pareciera que el estómago se le había dado la vuelta.

Y fueron cinco escasos minutos, los que Grey tardo en localizar a la muchacha que Dios sabe donde estaría, y quizá correría algún peligro en su estado.  Mientras conducía a bastante velocidad,, comprobaba por GPS su localización , y murmuraba exasperado entre dientes

- Está visto que no hay forma de librarme de ella

Llegó al lugar en donde posiblemente estuviera y la buscaba entre los grupos de jóvenes que celebraban su fin de curso.  Todos estaban más o menos bebidos, lo que le alarmó aún más.  Tardó en localizarla, pero al fin dio con ella.  Estaba a punto de caer redonda al suelo, pero sus brazos pudieron sujetarla antes de que perdiera el conocimiento.

- ¡ Señor !. Tiene  la ropa algo sucia y apesta a alcohol. Su rostro está pálido y de sus labios brotan palabras incoherentes que no logro entender.

  Después de limpiar con su pañuelo la boca de los restos del último vómito, la cogió en brazos y la llevó hasta el coche. La llevó hasta su casa, pero no había nadie; "seguro que su compañera de piso también estaba de juerga".   Volvió al coche, y se decidió por llevarla a su hotel.


- Uf...,  ¿ cuánto   alcohol habrá  ingerido?. ¡ Pero si yo también huelo  a vómito !. -  Porque al transportarla en sus brazos, se había impregnado su ropa-.   La tumbaré en la cama.  ¡ Menos mal !, finalmente se ha dormido .

 Se paró un momento delante de ella y contemplo su pálído rostro. Aún le pareció más bonita que la última vez que estuvieron juntos, aunque la situación no era muy reconfortante. Se rascó la nuca, indeciso ¿ qué hacer con esta chica?   Al fin se decidió y comenzó por quitarle las deportivas, los calcetines y los pantalones.  La incorporó suavemente en la cama para no despertarla y también le sacó la camiseta.  Estaba ante él en ropa interior, y sin embargo no le producía ningún pensamiento obsceno, muy al contrario, acarició su mejilla suavemente, sin a penas rozarla, y sonrió

- ¿ Qué voy a hacer contigo, pequeña Anastasia ?  La taparé, no quiero que además de la borrachera, termine enfriándose. Apagaré esta luz para que no la moleste. Recogeré toda la ropa y la enviaré a la lavandería, y también la mía,  que apesta.

. A continuación se metió en el baño para tomar una ducha.  Él también olía mal , pero no le importó. Quizá el destino jugó una baza a su favor, puesto que no pensaba volverla a ver, y allí estaba durmiendo plácidamente en su cama.

-Estás a salvo, Steele.  Duerme tranquila.


miércoles, 1 de junio de 2016

Las obsesiones de Christian - Obsesion 1 - Anastasia Rose Steele

La había dejado marchar. Era una inocente criatura, tímida e insegura; no podía hacer de ella lo que en un principio habia deseado.  Desde que la vio por primera vez en su despacho, algo dentro de él hacía que el rostro de ella no se le borrara ni un momento de su imaginación. ¿ Qué es lo que le pasaba ? Era una chica preciosa, es cierto, pero él tenía mujeres  a su disposición siempre que lo deseara, pero Anastasia, era diferente. La timidez de ella, le provocaba.  Desearía "domarla", hacerla más segura de si misma. Tenía toda la información requerida sobre su biografía y en ella no había nada especial: era una criatura simple, diáfana, limpia. Y tal vez por eso, su interés se acrecentaba más.

Pero al mismo tiempo, ella se le brindó para que la besara ¿ por qué?  Su conocimiento de las mujeres le había dado la experiencia de saber cuales eran sus reacciones, máxime en chicas como Anastasia.

Cuando llegó al hotel, no estaba de tan buen humor. Regresarían a Seattle inmediatamente; lo que le había llevado hasta Portland se había realizado y había terminado en un tremendo desastre.  Había roto el único vínculo que podría haber hecho que se vieran nuevamente, pero la despedida de él lo hacía imposible

- Mejor será que me olvide de una vez.  Es una chica como hay muchas.  Lo único especial es que cada vez que me mira se sonroja y tiene que bajar la mirada. ¿ De dónde ha salido esta chica, quizá de algún convento de clausura ? Venga Grey, olvídate ya de una vez de la Steele.

Esta vez no regresarían a Seattle en el helicóptero.  Irían por carretera, de esta forma podría poner en orden sus pensamientos y comenzar a olvidarse de aquella chica, que a pesar de ser tan simple, había causado profunda impresión en él. O quizá por eso mismo.

- Taylor, pon música. por favor
-¿Qué desea escuchar ?
- No se´... cualquier música suave y relajante. ¿ Qué música le gustaría a Ana ? Al diablo Ana, ya estoy de nuevo con lo mismo.  Seguro que a ella le gustaría Britney. Es muy joven; la gustará algo juvenil, chillón, vulgar, en definitiva.. ¿ Por qué pienso que es vulgar ? No la conozco; no debo juzgarla por su simple apariencia. presiento que es algo más que una chica que viste ropa barata de grandes almacenes y va con vaqueros y cola de caballo. La imagino con vestidos elegantes , peinada por Franco después de unos buenos masajes en Esclava...  estaría preciosa, porque es preciosa. Sus ojos son los que más me han llamado la atención: impresionantes.  Señorita Steele, creo que hemos perdido una ocasión de conocernos mejor. Pensándolo bien ¿ por qué no la he besado ? Tiene una boca bonita, con labios carnosos y bien dibujados, que pedía a gritos que los apretara contra los míos. He sido un imbécil redomado. Con tantos remilgos he perdido una buena ocasión.  Todavía queda algo de conciencia en mi, y ella no es una chica sumisa, que es lo que busco.  Es demasiado joven. ¡ Basta ya ! Se acabó Anastasia Steele.

Y no volvió a pensar en ella en los día siguientes, hasta que aquella mañana tropezó con su expediente, mientras buscaba otro de una nueva y posible sumisa.  Se la había recomendado Elena, pero ésta vez se había cuidado mucho de que no fuera un fracaso como la chica de Arkansas.  Decidió hacerla una entrevista antes de llegar a nada. Si le agradaba sería su próxima sumisa.  Dejó la carpeta encima de la mesa,   deseó revisar nuevamente  la de la señorita Steele.  Así lo hizo, y tomó algunas notas del informe: su número de móvil, la dirección donde vivía, y por alguna razón sus medidas corporales.  Sonreia miestras hacía las anotaciones. ¡ Vaya ! de nuevo la enigmática señortia Steele se instala en mi memoria, pero esta vez va a salir rápidamente.  Hay otra chica en puertas.

Había quedado con ella en el restaurante en el que solía ir con Elena; era un terreno neutral.  Si no le gustaba, no sabría siquiera donde vivía; cuanto más anónimo sea todo, mejor para ambos.  No quería ni pensar si alguna vez se supiera las aficiones sexuales que tenía.  El crédito alcanzado por sus negocios, se desvanecería en un momento, pero lo que más le preocupaba, era la incursión que harían todos en su vida privada, alcanzando probablemente a sus padres y hermanos.  Algo que debía preservar a como diera lugar.

Y se entrevistó con Corina, que así se llamaba la nueva aspirante. Era muy bella, de conversación inteligente y amena, con saber estar, algo importante para Christian, puesto que tenía algunas reuniones en las que precisaba ir acompañada por una "amiga", pero su acompañante debía saberse comportar en ese ambiente selecto en el que se desenvolvía.  A simple vista le agradó. La dió un nombre falso para que no le identificara, y planteó los acuerdos de su contrato de confidencialidad. Ella estuvo de acuerdo, y además era practicante de las mismas prácticas que Grey, por tanto no había ningún escollo que salvar. De su bolsillo interior de la chaqueta, sacó unos folios en los que especificaba todas las reglas del juego, y ella sin siquiera repasarlo, lo firmo sin dudar.

- ¿ No vas a leerlo?
 No me hace falta.  Elena me hizo algunas indicaciones y estoy conforme con todo, así que de acuerdo. Cuando quieras me avisas; te dejo mi tarjeta en ella va mi teléfono privado.
-¿ Y si fuera esta noche mismo ?
- Por mi no hay inconveniente. Tengo libre todo el fin de semana.
- Está bien.

Llamó al camarero, abono la cuenta y ambos salieron del establecimiento rumbo a Escala. Sería un fin de semana divertido, muy a lo Grey. De una vez y para siempre sus obsesiones por la chica, se evaporarían. Y dijo mentalmente:

- Bye, señorita Steele.



Autora:  1996rosafermu ( Basado en la trilogía Cincuenta sombras de Grey de E.L. James )